Por la calle

Es todo muy extraño, por Txomin Pérez

Cerrando el curso y revisión hecha. Con la sensación de que todo cambió en marzo y luego se hizo… lo que se pudo. Me siento incapaz de revisar más allá, no encuentro nada con lo que comparar, y tengo una mezcla muy extraña de satisfacción por lo realizado y una duda enorme de si acertamos con lo que hicimos, o si pudimos hacer más. Será que son así de complejos estos tiempos.

Con agosto de por medio, septiembre en el horizonte y un nuevo curso que pinta igual de raro. Con el Papa Francisco recordándome insistentemente en la cabeza, que «la pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así» (Evangelii Gaudium, 33), e invitándonos a «ser audaces y creativos». Porque nos toca ya. Lo de la «creatividad pastoral» toca ya.

En este curso extraño hemos visto que tenemos engrasado el mecanismo de dar de comer al hambriento, dar posada al peregrino y consolar al triste. La Iglesia ha estado y sigue estando. Pero tengo mis dudas de que hayamos sabido responder del todo a la vida de las comunidades, al acompañamiento de millones de niños, jóvenes, adultos y mayores, a su formación, a su vivencia de la fe… a que sigan sintiendo a la Iglesia cerca. Toca echar el resto —sacerdotes, religiosos y laicos— y ponernos a inventar, a imaginar, a ser audaces. Porque, amigos y amigas… el «siempre se ha hecho así», definitivamente… ha dejado de valer.

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