¡Es Semana Santa!

Con sus peculiaridades, personales, geográficas y sobre todo religiosas, la Semana Santa constituye un  legado y una realidad sobre todo cristiana.

En el sur –con sus propios matices- es una explosión de júbilo y de emoción  contenida. Sobre los costaleros va Aquel que, fue abierto en su costado, o María que permaneció firme en la cruz para ser la Madre de todos los hombres. Andalucía, en impresionantes y majestuosos tronos barrocos, avanza la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo. Aunque algunos lo intenten mediatiza por un único elemento cultural o artístico, el sur de España, manifiesta a las claras entre saetas, penitentes, aroma a incienso, arte, emoción  devoción una gran verdad: Cristo murió por nosotros.

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Hacia el norte –en dimensión más interna- posee igualmente sus propias connotaciones. Sin tanta expresividad, pero con una vivencia sobria y más austera (ni mejor ni peor que la del sur) las convicciones vienen a ser las mismas. Hasta el clima, siempre más inseguro y variable, nos hace recordar con especial énfasis el mundo de las tinieblas de Viernes Santo. Aunque la imaginería no sea tan expresiva como la del sur, el norte –hasta por encontrarse más arriba- invita a tocar con el dedo humano lo mucho de divino que esconden estos días. Estos días de pasión, en corte renacentista –elegante y con líneas equilibradas- se mantiene vivo el fervor popular al centro de nuestra fe: Cristo.

Mirando hacia el Este, en dirección hacia el Oriente desde donde nos llegó la luz de la fe,  el mar –en muchos casos- es testigo de auténticas mareas humanas que desean, al contemplar un cortejo procesional, una brisa divina, un aliento de lo eterno, una sensación que invite a seguir adelante con fe y con esperanza. En muchas de las ciudades no se concibe la Semana Santa sin el nombre del genial Salzillo. Su gubia dio forma a las tallas que, bajo la luz del sol cálido de estas tierras Levantinas, alcanzan su máximo esplendor, en la mañana de Viernes Santo. En ese costado más oriental de España, hoy como ayer, siguen mirando a ese rostro nazareno que –como el mar mismo- sigue derramando lágrimas divinas que son gotas de agua por esta humanidad necesitada como siempre de salvación y rescate divino. Portentosa y barroca imaginería hacen vibrar, de arriba abajo, a todo penitente y espectador del mediterráneo.

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Marchando hacia el Oeste, donde el sol se apaga en cada atardecer, se encienden igualmente las luces de los evangelios vivientes que son las Hermandades penitenciales. Orden, sobriedad, y calidad artística en sus tallas son el común denominador con el añadido de ser muchos de estos desfiles declarados de interés internacional. Gregorio Fernández, Juan de Juni o Francisco del Rincón, en su inmenso patrimonio artístico, siguen proyectando a los ojos que contemplan y a las personas que buscan..un hálito de misterio y de llamada a elevar el alma en estos días santos. La Semana Santa, en Castilla León, además de expresión y vivencia popular, es un hervidero de museos que contienen la luz de la fe esculpida en tallas, que siendo de madera, siguen hablando en un lenguaje humano para alcanzar lo divino.

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Semana Santa en España. Lejos de ser, una semana de vacaciones, es una semana de devociones para bajar a lo más hondo de nosotros mismos y, hacia fuera, expresas, vivir y emocionarnos con la pasión, muerte y resurrección de un hombre (hombre y Dios) que dejó abundante huella a su paso por nuestro mundo: Jesucristo.

¡FELIZ SEMANA SANTA! ¡QUE SEA SANTA…NO SÓLO HUMANA!

Javier Leoz

Delegado de Religiosidad Popular (Pamplona-Navarra)

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