Carta del Obispo Iglesia en España

Es Navidad, por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández

Quizá entre tantas luces y entre tantos actos de estos días, pueda olvidarse por qué estamos de fiesta. Los niños en el cole lo han oído, en sus casas han montado el Belén, los mayores más todavía, quizá hasta olvidarlo. Hay quienes quisieran disimularlo de tal manera que llegan hasta el ridículo. Pero, para todos, es NAVIDAD.

La fiesta de Navidad se refiere al nacimiento en la carne del Hijo eterno de Dios. El es Dios como su Padre, es la segunda persona de la Trinidad. Y en Navidad celebramos que se ha hecho hombre como nosotros, ciudadano de este mundo. Ha entrado en la historia humana para ser el centro y culmen del universo. Es Dios verdadero y hombre verdadero, en una sola persona. El viene con una misión muy bien señalado por su Padre-Dios. Viene para dar la vida por nosotros, y rescatarnos así del pecado y del infierno a donde nos conduce el pecado y el apartamiento de Dios. Encontrarle en nuestra vida es encontrar un tesoro. Lo más importante que puede sucedernos es descubrirlo hasta llegar a ser amigos íntimos. El es amigo que nunca falla.

 

Navidad es fruto del vientre de una virgen, María. Es madre y virgen, aunque parezca mentira. Su cuerpo y su alma han sido totalmente para Jesús, su Hijo. Ella no ha concebido a Jesús por el camino ordinario, instituido por Dios, por el que todos venimos a este mundo, el abrazo amoroso de nuestros padres. Es decir, Jesús no es fruto de la unión esponsal y sexual de María con José, sino que es fruto de una intervención milagrosa de Dios, por obra del Espíritu Santo. El Evangelio y la tradición nos dicen que María concibió y parió a su hijo, permaneciendo virgen para siempre.

 

Y este Hijo de Dios al nacer como hombre se ha unido de alguna manera con cada hombre, ha establecido una nueva y profunda solidaridad con cada persona que viene a este mundo. Navidad es, por tanto, fiesta de hermanamiento, de acercamiento a todos los que me rodean, de pensar en quienes no tienen ni siquiera lo necesario para vivir. No podemos besar a este Niño adorable y olvidarnos de quienes lo están pasando mal. Este Niño ha venido para romper barreras y para establecer puentes. Celebrar la Navidad nos lleva a ser más solidarios, porque el que nace, siendo rico se ha hecho pobre para enriquecernos con su pobreza. Feliz y Santa Navidad para todos.

 

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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