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Es mi hogar

«Tú llenas mi vida de sentido: Dios con nosotros, Dios conmigo. Te has hecho presente a lo largo de mi historia. Y me has revelado la realidad más sorprendente, asombrosa y maravillosa de todas: Dios existe, infinito, omnipotente y eterno; y este Dios es amor que se dona, que se entrega de forma gratuita y total. Sin méritos por nuestra parte, sin merecimientos», afirmaba, en un gran himno de agradecimiento a Dios, el nuevo obispo español Luis Marín, agustino, en la alocución final de su ordenación episcopal el pasado domingo en la catedral de la Almudena de Madrid.

Sus palabras fueron un canto al amor de Dios, al Dios que es encuentro, al Dios cercano, sencillo, al Dios que camina con nosotros cada día. Mons. Marín nos transmitió entusiasmo, pasión, agradecimiento profundo por su vocación, por una vida marcada por la alegría y la libertad que da la confianza en Dios. Su alocución fue, realmente, una oración. Una oración bellísima, que merece una lectura sosegada.

«Por buscarme, por elegirme, por amarme»

El subsecretario del Sínodo de los obispos habló con humildad y entrega desde el comienzo: «estoy muy emocionado. Tened paciencia conmigo».  «Son, sin duda, tiempos complicados, pero –continuó- encontramos también muchos signos de vida, muchos motivos por los que dar gracias hoy, ahora».

Dijo un Sí grande a Dios, con gozo en el alma, con la sencillez de los que tienen el corazón alegre. Dio las gracias al Señor «por la vida y por tu presencia en ella: por buscarme, por elegirme, por amarme. Soy consciente de que nada de lo que he recibido es mérito mío. Nada. Todo es regalo tuyo, todo es gracia. Por eso “proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador” (Lc 1, 56-47). Ojalá mi vida sea siempre un himno de agradecimiento y alabanza». Ojalá también sea así la nuestra.

«Soy elección de amor»

Asimismo, dio las gracias a Dios por sus padres «sencillos y buenos, que me cuidaron, me dieron un excelente ejemplo y ahora me protegen desde el cielo«. Nos animó a celebrar la vida, a vivir en la esperanza, porque «no soy producto del azar, de la casualidad; hay una orientación y un sentido. Por eso no debo acostumbrarme a estar vivo, sino celebrar la singularidad de este acontecimiento. Existo, y he sido llamado a ser feliz, a serlo en plenitud. Soy opción de felicidad y de alegría, porque soy elección de amor».

Junto a la vida, agradeció al Señor el «don maravilloso de la fe«, de su vocación entendida siempre como un servicio, del camino de felicidad en la iglesia, en la orden de San Agustín. «La Orden de San Agustín es mi hogar. Y me configura. Soy fundamentalmente un agustino».  Recordó a todos los que comparten con él su vida. «Yo no sería sin vosotros. Gracias por quererme».

Todo estas estas palabras para mí son testimonio vivido. No son un discurso. Los agustinos forman parte de mi vida. He crecido con ellos. Llevo a gala tener un tío agustino, periodista, el P. Rafael del Olmo, que con sus 87 años retransmitió con verdadera emoción en TRECE la eucaristía de ordenación de Luis Marín, al que en nuestra familia agradecemos sus numerosas muestras de afecto y cariño, siempre. Hemos hecho pasillos de hospital, hemos celebrado la vida en el monasterio de la Vid, en los Negrales, en las parroquias de Santa Ana, en Moratalaz, y en San Manuel y San Benito, al lado del Retiro, en el Colegio Buen Consejo…en Palencia. Y en Roma, en esa insuperable terraza de su Casa General.

Cuando escuchaba a Mons. Luis Marín venían a mi todos los momentos de vida en comunidad, en familia, la entrega, acogida, generosidad y la alegría que nos han mostrado en todas las circunstancias de la vida. Con valentía y respuestas concretas. Con coherencia. Con la disponibilidad de ofrecer ayuda. Dando testimonio de la fe con actos, sin imponerla.  Mis queridos agustinos. Y me enseñaron, precisamente, que «solo el amor es importante. Solo el amor es la respuesta. Solo el amor permanece». Con ellos me siento en casa. Creo que no hay sensación mejor. «Es mi hogar», como puntualiza Marín. Y que una casa sea hogar es uno de los milagros de la existencia.

 

Cristina del Olmo
@olmocris

14 de abril de 2021

 

 

 



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