Carta del Obispo Iglesia en España

Es de los nuestros, por Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

demetrio fernandez

Es de los nuestros, por Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Un signo de nuestro tiempo es el individualismo, la exaltación de lo nuestro, el nacionalismo en todas sus expresiones.

Y tal exaltación la hacemos muchas veces en contra de los demás. Valoramos lo nuestro y despreciamos lo de los demás. Vivimos en una constante competitividad, y, si al que saludas es de los nuestros o no, será distinta la actitud de cercanía o de rechazo en las relaciones humanas. Esta actitud del corazón humano es tan antigua como la misma historia, y Dios quiere corregirla abriéndonos a la universalidad, ensanchando nuestro corazón y nuestra mirada.

Le pasó a Moisés, cuando iban peregrinos en el desierto. Dios quiso capacitar a un número de colaboradores, y algunos no acudieron a la cita, y sin embargo les llegó también ese espíritu divino con el que poder ejercer la misión encomendada. Algunos de los más cercanos a Moisés se sintieron celosos de que incluso los que no habían acudido a la cita hubieran recibido el mismo espíritu de Dios y pidieron a Moisés que lo prohibiera. Y a eso respondió Moisés: “Ojalá todo el pueblo de Dios fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor” (Nm 11,29).

Y eso mismo les pasa a los discípulos de Jesús, reivindicando el monopolio del poder de expulsar demonios, recibido de Jesús: “Hemos visto a uno que echaba demonios y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros”. Jesús sale al paso diciéndoles: “No se lo impidáis…El que no está contra nosotros está a favor nuestro” (Mc 9,40). Podíamos decir que la actitud de Jesús es una actitud inclusiva, universal. Aunque el otro no reúna todas las características exigidas, reconoce todo lo valioso que puede haber en él.

La actitud de la Iglesia en su tarea misionera es también inclusiva. Es enviada al mundo entero para evangelizar, y la evangelización no es excluyente. Sólo están excluidos los que se autoexcluyen; y nunca definitivamente, porque el evangelizador espera paciente que todos se conviertan y acojan el Evangelio.

Uno de los testimonios más importantes en la vida de la Iglesia es esta actitud incluyente. En el corazón de toda persona, sea quien sea, siempre hay mucho de bien. Por eso, la evangelización es diálogo y anuncio. El diálogo comienza por el reconocimiento de lo bueno que hay en el otro. No se trata del “todo vale”, sino en todos hay mucho de bien, que de entrada nos hace sintonizar con cualquiera, aunque no sea de los nuestros, porque con toda persona tenemos mucho en común.

El corazón de Dios es amplio, ahí todos tenemos un lugar. Sólo quedan excluidos los que se autoexcluyen porque dan la espalda a Dios. Pero Dios sigue esperando pacientemente incluso a los que lo niegan o lo desprecian. Paciencia de Dios, que espera ilimitadamente. Paciencia de Jesucristo, que considera de los nuestros a todos aquellos que no están contra nosotros. Paciencia del cristiano, que abre su corazón a todos, valorando lo bueno que allí se encuentra y ofreciéndole lo bueno que él ha recibido.

A veces entre nosotros somos excluyentes. Ese no es de los nuestros, de nuestro grupo, de nuestra comunidad. Ese lo tiene difícil para su salvación, piensan algunos de los que van por otros caminos. El camino es Jesucristo y cualquiera de las formas eclesiales consiste en acercarnos a él. La medida es Jesucristo, no nuestros propios esquemas. Aprendamos a valorar lo que otros tienen, aunque no sean de los nuestros. Eso nos dará un corazón amplio, como el de Dios, como el de Jesús. Un corazón católico y universal, que sabe valorar todo lo bueno que hay en los demás, y les propone con humildad lo bueno que él ha recibido.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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