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Erradicar el hambre es posible, si se quiere… – editorial Ecclesia

Erradicar el hambre es posible, si se quiere… – editorial Ecclesia

La llegada de la anual campaña el hambre, que promueve Manos Unidas y que está ya en sus fechas estelares, ha coincido en el tiempo con un mensaje del Papa Francisco sobre el hambre en el mundo. Su destinatario concreto es África, el segundo continente más sacudido por este flagelo, por esta lacerante injusticia, que debe abochornar la condición humana.

El mensaje papal en cuestión es el que dirigió el 29 de enero el cardenal secretario de Estado a los participantes en la cumbre de la Unión Africana, celebrada, esos días, en Addis Abeba (Etiopía), y organizada con el apoyo de la FAO. El crecimiento acelerado de la agricultura y su transformación sostenible para la prosperidad compartida y la mejora de los medios de subsistencia fue el tema del encuentro, que partía de la llamada Declaración de Malabo de 2014 y sus compromisos de erradicar el hambre con fecha tope en 2025.

En este mensaje, el Papa, a través del cardenal Parolin, advierte   que para combatir y erradicar con eficacia el hambre hay que tener presentes cuatro aspectos fundamentales. El primero se refiere a los efectos del cambio climático en las actividades agrícolas, efectos que, mientras  no se afronten de manera decidida y unánime, comenzando por los países más poderosos que, a su vez, son los que más contaminan y degradan el medio ambiente, pueden adquirir consecuencias imprevisibles y letales.

El segundo de los aspectos señalados por el mensaje vaticano alude al aumento de los conflictos que desestabilizan grandes áreas del continente africano. Sin ir más, la situación bélica en República Democrática del Congo y en Sudán del Sur sigue en aumento y la inestabilidad, de modo más intermitente, sigue siendo trágica realidad en República Centroafricana. Esta gravísima situación, además, es vivida por nuestro mundo con total desconocimiento e indiferencia. De aquí, por ejemplo, que  Francisco haya convocado para el viernes 23 de febrero una jornada mundial de oración y de ayuno por la paz en los dos primeros países citados (ver página 44).

En tercer lugar, el mensaje urge «a la cooperación eficiente entre todos los gobiernos africanos y las organizaciones intergubernamentales»,  objetivo que requiere también «la implicación de los Estados y de las instituciones internacionales de otros continentes».  Y por último y no menos importante, todo ello requiere asimismo de sensibilización y de solidaridad efectivas por parte de todos: países, gobernantes, instituciones, organizaciones sociales, entidades religiosas y de todas y de cada una de las personas de buena voluntad.

Y aquí entra en valor el extraordinario e impagable servicio que desde hace casi seis décadas, presta Manos Unidas para erradicar el hambre y contribuir a crear un mundo mejor, un mundo más justo, más humano y más del Evangelio. Para ello, Manos Unidas destina sus fondos (40 millones de euros en el último ejercicio ya plenamente contabilizado) a cinco sectores claves para el desarrollo y la erradicación del hambre: agricultura, sanidad, promoción de la mujer, educación y promoción social. Además, ha logrado despertar la conciencia ante este drama tan injusto y en fidelidad a su identidad católica y evangelizadora trabaja con numerosísimos misioneros y misioneras.

Y es que los últimos registros del hambre en el mundo son tan vergonzosos como dolorosos. Así, el último informe al respecto señala que el 11% de la población mundial –ni más ni menos que 815 millones de personas, casi veinte veces la población de España- no tuvieron acceso a una alimentación adecuada en 2016. La cifra significa también que, tras una década de progresiva disminución de la desnutrición mundial, en el último año el número de personas que malviven y mal mueren de hambre se ha incrementado en unos 38 millones.

Es obvio, por otro lado, que muchas enfermedades y dramas humanos, al igual que las desgracias naturales, no se pueden solucionar o su solución es, al menos a día de hoy, insuperable. Pero el problema del hambre, sí se puede solucionar…, si se quiere; luego, si no se soluciona es, sencillamente, porque no se quiere, porque no se ponen todos los medios adecuados para su erradicación.

Manos Unidas (sus 5.089 voluntarios, 136 empleados, 77.540 socios, 71 delegaciones diocesanas en toda España y los millones y millones de euros destinados al efecto en estos casi sesenta años) sí quiere. ¿Y tú? Une tus manos a las de Manos Unidas. Porque, además, quedarse de brazos cruzados es cristianamente inadmisible.

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