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ERO CRAS

Sapientia.
Adonai.
Radix Jesse.
Clavis David.

Oriens.
Rex Gentium.
Emmanuel.

Los siete días previos a la Nochebuena -del 17 al 23 de diciembre- en la Liturgia de la Iglesia son llamados Ferias Mayores de Adviento, y son las que terminan este tiempo de espera de la venida del Señor. Son conocidas como las Ferias de la O, porque la antífona previa al Magníficat del rezo de Vísperas de cada uno de los días, comienza con el vocativo “¡o!” y uno de esos títulos que se le da al Mesías que nace. De ahí la Virgen de la O, la Virgen de la Esperanza, de la Expectación, que el día 18 celebramos también en memoria de María en los días que esperaba el parto.

Sabiduría. Señor. Raíz del tronco de Jesé. Llave de David. Amanecer. Rey de las naciones. Emmanuel, en sus formas castellanas.

Leídas como un acróstico al revés, la primera de cada palabra en latín, se lee ERO CRAS: mañana estaré o mañana vendré.

Es esta una de las semanas de la liturgia de la Iglesia más hermosas y profundas. Justo antes de la Nochebuena recoge la espera, la esperanza, el deseo, el anhelo de los creyentes de que el Mesías venga. Recoge una alegre expectación casi que nerviosa y anhelante. ¡El deseado de las naciones llega! ¡Aquel que tantos y tantos soñaron con ver durante siglos, aquel en quien pusieron sus esperanzas, viene! Los títulos que se le dan lo conecta con la tradición de Israel claro está, pero los supera. Los amplía. Nace para el mundo entero. Porque el mundo entero esperaba un salvador.

Todos -más o menos conscientemente- esperamos un salvador. Esperamos alguien o algo que nos logre al fin abrir las puertas de todo lo que no sabemos, de todo lo que no podemos, de todo lo que no logramos, de todo lo que nos supera, de todo lo que nos domina. Necesitamos que nos salven de la muerte, del mal, del pecado, de nosotros mismos. Necesitamos comprender, conocer, entender quién somos, para qué, de dónde venimos, a dónde vamos. Necesitamos que nos den luces y pistas de cómo relacionarnos, de cómo, en qué, dónde alcanzar sentidos para lo que nos rodea. De por qué el mundo y la vida.

Nace esa necesidad de la experiencia profunda que nos hace ver que no somos autores de nuestra vida cada uno ni que somos señores nosotros del tiempo ni de lo que hay. Nace también de la comprensión de que algo podemos, claro está, de que mucho está en nuestra mano, pero no todo… tanto y tanto hay de lo que no somos dueños, que exige que el Señor de lo que existe venga a abrirnos las puertas del mundo.

Los títulos de las Antífonas nos conectan con la misma historia de la humanidad. Los que fueron ayer milenios y milenios antes que nosotros, desde que el mundo es mundo y el hombre es hombre. Los que son hoy, millones que viven, ríen, lloran, sufren, disfrutan, temen, dudan, conocen. Los que serán mañana envueltos en las mismas cuitas y preguntas que nosotros con sus propios problemas y a los que nosotros les dejaremos lo que somos.

Y el Salvador vino. Y viene. Y vendrá. Para dar luz. Para traer sentido. Para traer paz. Para traer amor. Para abrirnos las puertas de todo lo que no podemos saltar. Para salvarnos.

Mañana estaré. Ero Cras.

 

Vicente Niño Orti, OP. @vicenior



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