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Epidemia mortal

Una verdadera epidemia mortal nos rodea. Invisible pero letal. Los datos sobre suicidios en España son de una magnitud tan escalofriante que le dejan a uno mudo de asombro. El año 2020 ha sido el que mayor número de suicidios se han registrado en España desde que hay registros al respecto, que comenzaron en 1906.

3941 personas se quitaron la vida. Esto es casi 11 personas al día. Una persona cada dos horas. 270 más que el 2019. Más hombres que mujeres, pero aumentando el de ellas por encima de las 1000.

Es la primera causa de muerte no natural en nuestro país por encima de los accidentes de tráfico, la violencia de género o de los homicidios. Con 300 muertes por esta causa es, después de los tumores (330 defunciones), la principal causa de muerte entre los 15 y 29 años. También hubo 14 menores de 15 años (7 niños y 7 niñas) que se mataron. En los mayores de 80 años ha aumentado un 20 por ciento, mientras que aquellos que superan la frontera de los 70 años suponen ya un 26 por ciento del total.  El mayor número de casos se da entre los 40 y 59 años.

A esos datos habría que sumar el de los intentos. Según cálculos de la OMS, existirían unos 20 intentos por cada suicidio, mientras que, según otros estudios epidemiológicos la idea recurrente de cometer suicidio podría afectar a lo largo de la vida, entre el 5 por ciento y el 10 por ciento de la población española. Eso significa que en un año podrían producirse en torno a 80.000 intentos de suicidio en España y que entre dos y cuatro millones de personas posean ideación suicida a lo largo de su vida.

Terrible.

A qué situación tremenda de desesperación y angustia ha de llegar una persona para quitarse la vida. Qué absoluta negritud tiene que ver ante sí para pensar que la muerte es mejor a cualquier otra cosa. Cómo se puede llegar a sufrir tanto. Cómo puede estar uno tan tremendamente abatido, tan falto de toda posibilidad, ten descreído del mañana, que matarse sea la mejor opción que baraje. Y las secuelas que dejan en las personas cercanas a un suicidio que son igualmente devastadoras. La sensación de culpa. La incomprensión radical que deja el corazón hundido. La vida rota. La herida de la muerte.

España no tiene un plan de prevención global, y aunque existe un Fundación Española para la Prevención del Suicidio, sería un tema para que también como Iglesia nos planteásemos. ¿Cómo tratar de llevar esperanza? ¿Cómo acercar amor? ¿Cómo recordar que Dios es un Padre que no abandona nunca a sus hijos? ¿Cómo contar que si las cosas no han acabado bien, es que aún no han acabado?

Ojalá casos públicos como el de Verónica Forqué nos ayudaran a visibilizar la urgente necesidad de hacer algo. Ojalá como sociedad pensemos que no podemos seguir alimentando esta sociedad del miedo en la que estamos instalados. Vivimos con miedo. Miedo al futuro, a la economía, a la política, al futuro. Miedo al mañana. Las Distopías como género de ficción que mejor representa nuestro tiempo son uno de los géneros más visto en las plataformas televisivas pues son reflejo del miedo en el que vivimos. La incertidumbre y el miedo son las que nutren la desesperación.

Ojalá nuestras palabras y nuestra manera de estar en el mundo fuera la de llevar esperanza y amor y fe. Ojalá no hubiera más suicidios.

Fr. Vicente Niño Orti, OP. @vicenior



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