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Entrevista a Luis Argüello (2/3): «Lo importante pasa más por el testimonio de una propuesta que se vive y se ofrece»

—Hacía usted referencia antes a remar juntos. El Papa utilizó la expresión «hacer patria» hace unos meses ante el presidente Sánchez en su visita al Vaticano. ¿Con qué nos quedamos de ese encuentro?
—La verdad es que lo que le dijo el Papa tiene mucho interés. Él hizo ahí una escala: habló de país, habló de nación y habló de patria. Eso tiene mucho que ver con una de las claves de Francisco: su comprensión de pueblo. Luego, en Fratelli tutti, habla del riesgo de los populismos. Ya vemos lo que ha pasado en Estados Unidos, donde el populismo sale con toda fuerza. Pero el Papa reivindica la noción de pueblo. Esto es algo muy importante, porque en la jerga política, al igual que desapareció la noción de «bien común» y se sustituyó por «interés general», se ha sustituido la noción de «pueblo» por «gente». Hoy, «gente» no deja de ser un agregado de individuos, un agregado de diversidades, mientras que «pueblo» supone una conciencia de formar parte de un grupo social; no digamos nada de «nación», que supone que ese pueblo descubre su penetración histórica, descubre un pasado y una perspectiva de futuro; y no digamos «patria», que da a esa noción de pueblo ese otro componente mítico y místico del que habla Francisco en Fratelli tutti. No sé si somos capaces de ir al calado que esto tiene en un momento en que tanto la propuesta de la economía mundial como la propuesta de la cultura dominante ponen más el acento en lo que disgrega, en las diversidades, en propuestas multiculturales que hace falta ver cómo organizar la convivencia en una cultura al lado de otra, y de otra…

—Claro, es una novedad del cristianismo que pudimos experimentar, por ejemplo, el Día de la Epifanía.
—Así es. Acudieron a adorar al Niño tres personas que nos dice la tradición que eran de tres razas y tres culturas diferentes. Y sin embargo descubren en el Niño una propuesta de fundamento y de horizonte que integra las diversidades culturales, y una propuesta de cultura, en el sentido de cultivar naturalmente la naturaleza. Este es uno de los desafíos más grandes del actual momento social y político.

—El problema aparece cuando la propuesta eclesial es ignorada o silenciada… o cuando también nosotros entramos en combates que solo nos separan cada vez más.
—Hoy se habla mucho de combates culturales, de cómo tenemos que situarnos ante estas determinadas propuestas… Yo tengo la impresión de que, sin duda, hemos de decir la verdad, y hemos por tanto de situarnos ante lo que nos parezca que puedan ser injusticias o mentiras, pero si estamos todo el día más preocupados por el combate, se nos puede ir la vida sin hacer la propuesta. Porque lo gordo, incluso del «combate» (lo digo entre muchas comillas), pasa más por el testimonio de una propuesta —de vida, de relaciones, de sociedad, de pueblo, de patria— que se vive y se ofrece.
Esto, evidentemente, tiene dimensiones institucionales y dimensiones políticas, para las cuales seguramente la dimensión de militancia y, por lo tanto, de combate, son ineludibles. Pero yo creo que hay algo un poco más básico, que es la propuesta.
Vivimos en un tiempo en el que el protagonismo ha de ser de la gracia. La gracia tiene también que ver con lo gratuito. Y lo que domina hoy en la cultura es el protagonismo del poder, el poder hecho empoderamiento; empoderamiento a todos los niveles: de los sujetos, de los grupos, de las pequeñas identidades… Y el empoderamiento, como su propio nombre indica, al final pide pelea. Y yo creo que nosotros tenemos que ir con una novedad de gracia. Luego, esto, en medio de los líos en que estamos, y de los diversos intereses que la Iglesia también tiene en la propia vida social, en su presencia en el mundo de la educación, en la sanidad, en los medios de comunicación y demás, esto no es fácil, porque nosotros también demandamos poder. Pero el desafío gordo está en cómo podamos ser testimonio de la gracia. Esa gracia que ni el mercado ni desde luego las estrategias de poder del mundo tienen la capacidad de domesticar. Ese es el desafío más grande que veo… Precisamos ámbitos comunitarios donde sea posible cultivar esta vida de gracia, viviéndola en diálogo con la sociedad en la que estamos, no atrincherándonos.
El Papa le dijo a Sánchez: los políticos tenéis que ver cómo organizáis el país. País es una palabra fácilmente intercambiable hoy. No vale solo organizar el país, hace falta también ayudar a construir un pueblo y una experiencia de patria. Y eso no lo consigue la tecnocracia. Pero es que hay algo peor y es que la propia lógica dominante de la organización del país pide que haya poco pueblo y menos patria. Hay ahí una fuerte contradicción.

—Nosotros tenemos una propuesta de familia y a veces no la acabamos de comunicar bien. ¿Cómo se puede robustecer el proyecto familiar como Iglesia doméstica en la sociedad actual?
—Esta es una de las claves dentro del desafío evangelizador. Hay que ser testigos. La palabra testigo procede del griego mártir. Muchas veces los propios católicos —como no podría ser de otra manera— hacen elogio del martirio que se produce en otros lugares del mundo y sin embargo se nos escapa esta otra condición martirial del testimonio de ir a contracorriente en una sociedad como la nuestra. La Conferencia Episcopal, a través de la Subcomisión de Familia y Vida, está llevando a cabo una revitalización de la preparación al matrimonio y de acompañamiento en los primeros años de la pareja. Del mismo modo, se está trabajando sobre los pasos de la iniciación de la vida cristiana y el papel fundamental que juegan los padres respecto a sus hijos en la preparación para el Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación… Porque una cosa está clara: no se puede vivir contracorriente estando solos. Hacen falta propuestas comunitarias, de familia de familias, donde esto pueda ser posible. Sabiendo que, más allá de lo heroico de vivir a contracorriente, tiene también un aspecto martirial.
Desde el próximo 19 de marzo hasta la Jornada de las Familias de 2022, se llevará a cabo la celebración del año «Familia Amoris Laetitia». Creo que es una buena ocasión para ahondar en la vocación al matrimonio.

—Ya en el Congreso Nacional de Laicos se recalcaba…
—Sí, porque la promoción laical, en el punto de cruce en el que nos encontramos con la sociedad, tiene para la Iglesia un orden prioritario. Este Pueblo santo de Dios, que está en medio del mundo, precisa de un acompañamiento de lo que en el ministerio ordenado se llama el buen pastor. Y aquí también la Pastoral Juvenil tiene un desafío muy grande. No solamente puede ser, como muchas veces decimos desde la propia Iglesia, una pastoral de entretenimiento de adolescentes y jóvenes. La Pastoral Juvenil tiene mucho que decir en todo lo relativo a la promoción vocacional.

(Continuará mañana)

Por Sara de la Torre, José Ignacio Rivarés, Ricardo Morales y Silvia Rozas FI

– Entrevista a Luis Argüello (1/3): «Tenemos que estar todos unidos en la defensa de la vida»



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