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Entrevista a Luis Argüello (1/3): «Tenemos que estar todos unidos en la defensa de la vida»

Comenzamos nuevo año, aunque la Iglesia se organiza desde el pasado mes de septiembre teniendo en cuenta la actualidad, la realidad que vivimos, el plan pastoral… Con muchos temas sobre la mesa, el secretario general de la CEE, el obispo Luis Argüello, se sentó tranquilamente con ECCLESIA para dialogar sobre los retos eclesiales, la vacuna anticovid, las diferentes leyes que el Gobierno de España lleva adelante.

—¿Cuáles son los desafíos de la Iglesia durante el año 2021? La covid nos ha marcado desde el mes de marzo pero seguro que este año hay más retos que destacar…
—Yo identifico tres desafíos: obviamente, el primero es todo lo que tiene que ver con la pandemia y sus consecuencias; el segundo, la vida de la Iglesia; y por último, su relación con la sociedad y sus propios servicios. La situación coyuntural de la pandemia tiene repercusiones sobre las otras dos grandes cuestiones de la vida de la Iglesia. Una es más hacia el interior, cómo poder vivir lo esencial marcado en dos aspectos: la iniciación cristiana y cómo vivir la comunión, lo que el Papa Francisco llama sinodalidad. La otra gran cuestión es cómo la Iglesia se sitúa en medio de la sociedad, por una parte para realizar en ella su misión y por otra como una realidad con muchas presencias territoriales, asociadas, de tareas y servicios relacionadas con el propio estado de bienestar, la educación, la sanidad, los servicios sociales. Cómo vivimos esta presencia con lo que significa la pandemia, teniendo además en cuenta que el momento en el que se encuentra la vida social y política española presenta también desafíos.

—Precisamente nuestra vida social está marcada ahora mismo por la vacuna que tanto ansiamos…
—Ante el esfuerzo que se ha hecho para crear la vacuna podría surgir alguna preocupación porque siempre nos han dicho que para hacer una vacuna se necesitaba mucho tiempo. Ahora nos dicen que se necesita menos, pero los organismos que tienen la responsabilidad de decir que las vacunas son seguras lo han dicho, y la emergencia que vivimos es de tal magnitud que yo creo que sí que tenemos que aceptar esta propuesta de vacunarnos. Luego está la otra cuestión, es cómo sumar esfuerzos para que la distribución de las vacunas sea lo mas rápida y equitativa posible. Una vez más, es oportuno hacer un llamamiento a unir esfuerzos desde la iniciativa social, la iniciativa pública, sanitarios que estén jubilados pero que puedan colaborar en este campo, el Ejército, incluso la sanidad veterinaria, para que pudieran incorporarse a la campaña de vacunación. Y además, otro aspecto importante y actual es que España debe colaborar para que países empobrecidos tengan acceso a las vacunas.

—Este clima de colaboración y de trabajo por el bien común que en este momento tanto necesitamos, ¿no contrasta con los últimos meses del pasado año cuando se aprobaron algunas leyes sin el consenso social esperado?
—Desde luego ha habido dos puntos de referencia este último año a la hora de valorar esta colaboración de la que hablábamos. En primer lugar, la Ley de Educación que es uno de los pilares del estado de bienestar y por otro lado, la Ley de Eutanasia. Justo en el momento en el que más estamos apostando por el cuidado de la vida, con la vacunación de los ancianos, cuando en este tiempo de Navidad hemos recordado a tantos familiares que a causa de la pandemia han fallecido en soledad, familias que no han podido hacer su duelo… Hemos visto la importancia de cuidar la vida y de hacer del cuidado de la vida un pilar y fundamento de nuestra propia civilización que tiene en la dignidad de la persona los puntos de apoyo más importantes. Entonces, en estos momentos, cuando se escucha que no se quiere integrar a los hospitales privados en el proceso de vacunación o diferenciar la escuela pública y concertada… Contrasta. Tendríamos que estar todos unidos en la defensa de la vida, trabajar por acabar con el sufrimiento y no con la vida del que sufre… Este momento puede ser el idóneo para colaborar a favor del bien común teniendo la dignidad de la persona como referente. Sería trabajar en ambos polos: la defensa del bien común y desde ahí sumar esfuerzos desde cualquiera que fuera nuestra posición.

—Desde luego han sido dos leyes que han supuesto un descontento de una buena parte de la sociedad. ¿Han obtenido respuesta a la propuesta que la CEE presentó al Ministerio con respecto a la asignatura de Religión? De manera no oficial sí la han calificado como «novedosa».
—No, respuesta oficial no ha habido. La novedad de esta propuesta es que sigue defendiendo la oportunidad de la enseñanza religiosa en la escuela como formación importante y además, dentro de un ámbito o área educativa que puede tener una programación común con todo lo que tiene que ver con el humanismo, los valores. Después podría haber propuestas propias y otras en común para las diversas confesiones religiosas que además favorecería que en la propia escuela pudiera dialogarse. Algo muy importante, porque el diálogo no supone «meter en un armario» las certezas de cada uno, sino que cada uno las cultiva en su ámbito, con su referencia y convicciones religiosas y morales, pero que luego se comparte. Esta propuesta lleva consigo el creer que es posible el encuentro sin renunciar a las perspectivas de fe y de moral que cada uno tiene. No obstante, en este punto y con la Ley aprobada, es muy difícil que nuestra propuesta salga adelante teniendo en cuenta que en el conjunto de la Ley ni siquiera se ha aceptado esta colaboración ni tampoco se ha aceptado a la concertada como parte del espacio público y presencia legítima para el bien común. No cabe duda de que hay que seguir estando presentes sin renunciar a lo que pueda ser una defensa de los padres, centros, familias y en lo que concierte a la asignatura de Religión.

(Continuará mañana)

Por Sara de la Torre, José Ignacio Rivarés, Ricardo Morales y Silvia Rozas FI



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