Entrevista al secretario general de la Conferencia del Episcopado de República Dominicana, monseñor Ramón Benito Ángeles Fernández
Internacional

Entrevista al secretario general de la Conferencia del Episcopado de República Dominicana, monseñor Ramón Benito Ángeles Fernández

Entrevista al secretario general de la Conferencia del Episcopado de República Dominicana, monseñor Ramón Benito Ángeles Fernández

Entrevista a monseñor Ramón Benito Ángeles Fernández, obispo auxiliar de Santo Domingo y Secretario General de la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED)

En el marco de la fiesta de Nuestra Señora de La Altagracia, el 21 de enero, los obispos de la Conferencia del Episcopado Dominicano entregaron al pueblo de Dios su carta pastoral denominada: La Eucaristía fuente de comunión e impulso de la misión eclesial. “Ni siquiera las profundas transformaciones que ha experimentado el pueblo dominicano en los últimos tiempos han mermado el sentimiento religioso nacional, el amor a la Eucaristía y a los distintos actos de piedad y espiritualidad cristiana, simbolizados en el bautismo de los niños, en las peregrinaciones a los santuarios, en la participación activa de las fiestas patronales y en el florecimiento de nuevos grupos y movimientos apostólicos”, destaca el documento en sus primeras páginas.

“El tema de esta carta pastoral tiene mucho que ver con la realidad que está viviendo nuestro pueblo dominicano” advierte monseñor Ramón Benito Ángeles Fernández en diálogo con ECCLESIA y afirma que todos los años la Iglesia en República Dominicana envía esta carta pastoral – a partir del año 1954 – y es una carta pastoral alrededor de la fiesta de la que es protectora del pueblo dominicano: Nuestra Señora de La Altagracia. El también obispo auxiliar de Santo Domingo describe a la protectora de la isla como un icono que habla de la familia “donde aparece esa figura central en primer plano de la Santísima Virgen María y así como medio timido escondido en una ambiente de expresión de humildad San José y luego a los pies de ambos aparece el Niño Jesús”. “Por eso este icono además de que es considerado protectora del pueblo dominicano es también una inspiración de la vida de familia que la dominicanidad siempre celebra, valora, cuida, protege y promueve la vida familiar que en estos tiempos tiene una dimensión especial”, precisa.

El episcopado en República Dominicana se encuentra difundiendo la misiva, “quisiéramos que verdaderamente llegue a todos los sectores políticos, sociales, económicos, culturales y de desarrollo humano integral” nos dice monseñor Benito Ángeles en este diálogo “entendiendo la Eucaristía como una profunda motivadora no solo de la fe sino de todo lo que es la misión evangelizadora de la Iglesia. La misión de llevar a Cristo al corazón del pueblo de las pequeñas comunidades, de los barrios, de los sectores, de los grupos humanos”.

– ¿Qué ha motivado el tema elegido para esta carta pastoral?

Realmente la parte de inspiración proviene de que el 6 de enero del 2019, la Iglesia quiere celebrar los 525 años de la primera Eucaristía que se celebró en América – el 6 de enero del 1494 – y que fue en La Isabela, provincia y diócesis de Puerto Plata. Esta primera misa celebrada por el padre Bernardo Boyl, que en ese tiempo era administrador apostólico, ha inspirado a los obispos para que todo este año 2018 lo declaremos el Año de la Eucaristía. Y la mejor manera de iniciar este Año de la Eucaristía es precisamente con la carta pastoral tradicional que el episcopado envía a todo el pueblo dominicano con motivo de la fiesta de Nuestra Señora de La Altagracia, que se celebra los 21 de enero, con la ya consabida alta celebración en la Basílica de Higüey de Nuestra Señora de La Altagracia. Esos 525 años que celebramos también lo queremos ir implementando en la vida pastoral de la Iglesia de República Dominicana. Por ejemplo nos estamos proponiendo lograr por diócesis algunos propósitos particulares de celebraciones de 525 bautizos, 525 misas solemnes, 525 matrimonios. Es decir queremos darle a este 525 una connotación de aplicación pastoral desde la Eucaristía durante este 2018 que culminaría con el 6 de enero de 2019.

– ¿Están los bautizados más cerca de la Eucaristía?

Yo considero que si, dado que, nosotros tenemos en el mundo de la Iglesia Católica hoy día una laicado mucho más consciente, preparado y también convencido de su fe, de su misión evangelizadora y la mismo tiempo de su compromiso de ser testigos de eso que predican y todo eso se manifiesta en la celebración eucarística como ya todos la tenemos como centro y culmen de la vida cristiana. República Dominica en su termino eclesial ama grandemente la celebración eucarística y de hechos muchos cristianos talvez puede ser que sea la única expresión que tienen de vivencia, de celebración y de compartir fraterno dentro de la celebración eucarística.

– ¿Hay suficientes ministros para dar la Eucaristía?

En realidad nosotros tenemos una riqueza vocacional como nunca antes en la historia de la República Dominicana hemos tenido. Ha habido un gran crecimiento vocacional con lo cual la consecuencia es que nosotros tenemos una proporción de juventud sacerdotal y de sacerdotes jóvenes que oscila entre los 30 y 45 años, la mayoría. Eso quiere decir que nosotros tenemos garantizado lo que ya el Papa Juan Pablo II nos regaló, realmente no hay Eucaristía sin sacerdocio ni hay sacerdocio sin Eucaristía. Por lo tanto esto se ha constituido en un punto motivador para la promoción vocacional y de la vocación al sacerdocio. Entonces si tenemos suficientes sacerdotes aunque claro las demandas crecen porque crece también la población y también crecen los católicos cada día más convencidos de su fe que exigen más celebraciones eucarísticas en los grupos organizados, en las comunidades con sus carismas y en cada una de esas expresiones que van experimentando que la eucaristía es centro y motor de su vida cristiana.

– Los obispos hablan de la dimensión social de la Eucaristía, hacen un llamado a los dominicanos a la coherencia, a ser luz en sociedad…

Creo que si, cada día más y más nos vamos dando cuenta que no se puede separar en ningún momento lo que es la vivencia y la experiencia de la fe con la vivencia y la experiencia con la caridad y la solidaridad cristiana. Esto quiere decir, vivir la eucaristía supone asumir un compromiso con el hermano y sobre todo con el hermano que más sufre, por eso hay que decir que esta carta pastoral tiene una gran riqueza de la dimensión social de la Eucaristía y también de la celebración eucarística. Digamos por ejemplo, en los numeros 31 en adelante todo lo que trata la carta pastoral sobre esta dimensión social, ‘la Eucaristía unifica y sana las divisiones’. Todos sabemos que hasta dentro de muchos hogares hay divisiones, la Eucaristía une, integra, es capaz de crearle el camino de la conversión para pasar de la división a la unidad. La Eucaristía nos sensibiliza acerca de quienes más sufren, no podemos nosotros estar recibiendo de manera contenta y superficial la Eucaristía si ésta no nos compromete con los que sufren, con los enfermos los más marginados, los faltos de oportunidades. El caso por ejemplo la educación, de la juventud, nos ocupa y nos preocupa, que la juventud tenga la oportunidad de formación y capacitación educativa y que al mismo tiempo tenga la posibilidad de que salga de las dimensiones de la pobreza. Por eso el tercer punto que también tratamos es, la Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres. La Eucaristía tiene una dimensión comunitaria y no se dirige solo a un intimismo espiritual sino que la Eucaristía lanza al creyente a desafiarse y a reconocer que tiene que servir a los hermanos desde las motivaciones y desde la fuerza espiritual que produce la Eucaristía.

– También hablan sobre las estructuras de pecado que la Eucaristía pide reconocer y combatir…

Hemos vivido tiempos de manifestaciones de violencia, nada deseables en un ambiente de paz y de fraternidad como el que queremos, y por ejemplo hemos tenido que vivir momentos tristes de feminicidios de suicidios, de abusos a menores, de tráficos humanos entre ello incluyase el tema de las drogas y de las armas que lo trata la carta en el número 37, es la corrupción y la impunidad, la manipulación en la administración pública o privada -cual sea- dado que los bienes son para manejarse con un sentido de responsabilidad justa. La carencia de la solidaridad y también las degradaciones sistemáticas en la vida o en contra de la dignidad humana, el mismo respeto a la vida en todo lo que se refiere desde su concepción hasta la muerte natural, todas esta estructuras de pecado realmente nos cuestionan y nos interpelan de tal manera que todas ellas son una expresión de estructuras de pecado que nada se acerca a lo que es y debería ser la voluntad de Dios entre nosotros. Por eso tendríamos que decir que esas estructuras de pecado nosotros entendemos que tienen que ser sanadas, curadas y al mismo tiempo son estructuras de pecado que nosotros tenemos unos a otros que convertirlas en nuevas posibilidades de crecimiento para que de esta manera asi demostremos que como católicos, que como cristianos, que como hombres y mujeres de fe y de Evangelio tenemos que transformarnos y transformar.

 

– ¿Partirá desde República Dominicana alguna invitación especial a todo el continente con motivo de conmemorarse en 2019, los 525 años de la primera Misa en América?

Es una bonita intuición y la pregunta nos produce una nueva inspiración, creo que este acontecimiento como dominicanos y como Iglesia en toda la República Dominicana nosotros estamos llamados a extenderlo a toda nuestra América y más allá como Iglesia Universal. Es un acontecimiento que auténticamente comenzó a marcar la vida evangelizadora de toda América y por eso nosotros hoy día hemos de proclamar lo que han sido las primicias que se han ido desarrollando desde esta república. Una primicia es la primera misa de América, los primeros bautizos de América y también los primeros evangelizadores. De modo que sin tener ningún tipo de pretensión por estas primicias sino simplemente convertirlas en un compromiso para consolidar la evangelización pues creo que esta misma respuesta nos ha de llevar a una reflexión para ver en que medida qué estrategias podemos establecer para que trascienda este acontecimiento de la primera Eucaristía de América del 6 de enero que celebraremos en el 2019.

Maria Elena Rojas Orellana

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