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Cardenal Woelki (Colonia): «Pido que se dé espacio en el camino sinodal a las indicaciones del Papa»

El arzobispo de Colonia, cardenal Rainer M. Woelki, alude a las Escrituras, en concreto al primer sínodo de la Iglesia, el llamado «concilio de los apóstoles» que tuvo lugar en Jerusalén hacia los años 48-49 y del que se informa en los Hechos de los Apóstoles, para recordar el límite de la participación de los laicos en el «camino sinodal» emprendido por el episcopado en Alemania en su asamblea plenaria del pasado mes de marzo. «Me alegra —dice el purpurado— el camino sinodal, y únicamente advierto sobre interpretaciones inapropiadas. Los laicos y los clérigos emprenden juntos la búsqueda de qué es la voluntad de Dios en nuestro tiempo y en nuestro sitio y de cómo podemos cumplirla, pero con papeles diferentes y específicos. (…) El magisterio no quiere ni puede renunciar a la información o al consejo de los laicos, pero no puede ser sustituido por ellos. Las importantes aportaciones de los laicos y de sus diversos organismos están dotadas de carácter consultivo, no decisorio».

En entrevista concedida al director de la revista Palabra, el arzobispo, que acaba de escribir una carta pastoral sobre la Eucaristía, repasa el momento actual que vive el catolicismo en su país —sacudido por el secularismo y la contestación interna y externa— y comenta la carta que el Papa Francisco escribió a aquella Iglesia el pasado 29 de junio.

Preguntado por la escasez de sacerdotes y las dificultades para asegurar las celebraciones eucarísticas en todas las parroquias, Woelki señala que el problema es más bien la dispersión de los fieles, lo que obliga a una mayor movilidad de los curas, advirtiendo del peligro que ello supone. «Hay que cuidar la dignidad de la celebración eucarística. Será difícil que un sacerdote que se apresura sin descanso de una misa a otra pueda seguir celebrando dignamente el sacrificio redentor de la cruz de Cristo. De ahí que, en efecto, tendremos que reducir el número de misas», indica. No obstante, constata a modo de denuncia: «No nos importa recorrer algunos kilómetros en coche para aprovechar las ofertas de unas rebajas; ¿por qué no hacemos lo mismo por la oferta del amor redentor de Cristo?».

El purpurado opina, asimismo, que si se vuelve a «vivir una fe viva» y crecen la fe y la comunión entre los fieles, «se está preparando el caldo de cultivo para las vocaciones sacerdotales». Considera que la liturgia de la Palabra es «una buena posibilidad» para aquellas parroquias donde ya no sea posible la misa dominical. «Así sobrevivió la Iglesia en Rusia a la opresión comunista, por ejemplo», dice al respecto.

En sus declaraciones a Palabra, Woelki considera también que la carta del Papa a los católicos alemanes «supera el marco de los procedimientos habituales», y que refleja «el interés» —y puede que incluso «un poco de preocupación»— con el que el Papa sigue los acontecimientos de este país. «Yo no puedo más que esperar e invitar —concluye— a que en el camino sinodal se conceda el espacio adecuado a las indicaciones del Papa».

Por último, sobre la posibilidad de que los cónyuges protestantes de fieles católicos puedan recibir la comunión no sólo como excepción, sino como norma general, el purpurado germano afirma: «Precisamente se está estudiando eso ahora en Roma, por orden del Santo Padre. En la archidiócesis de Colonia estamos esperando el resultado antes de actuar; otros obispos han pensado que debían invertir ese orden. De todas maneras, yo soy muy escéptico sobre la conveniencia de fijar por escrito esas regulaciones pensadas para casos de excepción. (…) Me parece que dar la Eucaristía a cónyuges evangélicos solo porque ellos lo piden supone no tomar en serio las convicciones (es decir, la confesión de fe) de este cónyuge o las de la Iglesia. Podría haber algunas excepciones pastorales, pero “no pueden ser elevadas a la categoría de una norma”, como escribe el Papa Francisco en su encíclica Amoris Laetitia (n. 304): su lugar no es un documento eclesial, sino el espacio protegido de la pastoral personal. Quien recibe la comunión católica en la archidiócesis de Colonia sin pertenecer a la Iglesia católica, desdeña de manera bastante tosca las convicciones de su anfitrión litúrgico. Sin embargo, sucede con frecuencia; yo lo lamento y considero que, por ser una falta de respeto, no es un buen signo ecuménico».

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