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El arzobispo de Santiago Julián Barrio, abre la Puerta Santa de la catedral de Santiago. EFE/Lavandeira jr
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Entrevista al arzobispo Julián Barrio: «Que el Papa peregrine a Santiago sería una gran alegría»

El arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio Barrio, abrió la Puerta Santa de la catedral compostelana el pasado 31 de diciembre, iniciando así al Año Jubilar Jacobeo de 2021, que como expresó es un «tiempo de gracia y de bendición» para la Iglesia que peregrina en Compostela y para toda la Iglesia.

—La pandemia, evidentemente, trastocó todos los planes y previsiones. Pero lo esencial permanece: ¿Cómo encajar el año Jacobeo en el contexto de la pandemia?

—Es verdad. La pandemia está condicionando la celebración del Año Santo por lo que a la participación de peregrinos se refiere. El número de peregrinos hasta ahora es pequeño en comparación con los anteriores Años Santos. Pero lo esencial permanece. Es un Año de gracia y un tiempo favorable para curar las heridas, y buscar el perdón y la reconciliación, tan propios del Año Santo Compostelano y de la Peregrinación Jacobea.

—Usted ha recordado que «la distancia social aconsejada ha de acrecentar la cercanía del corazón en la comunión de la Iglesia». ¿Fortalece esa unión la fraternidad y el compromiso?

—Estoy seguro de que sí. Pastoralmente nuestra preocupación es acompañar y sentirse acompañado por los peregrinos, ayudándoles a dar respuesta a esas últimas o penúltimas preguntas que cada uno trae en su mochila personal, y que descubre encontrándose consigo mismo, con los demás y con Dios.

—El Año Santo es un compromiso para discernir cristianamente la realidad, en medio de la crisis antropológica, espiritual, cultural y sanitaria. ¿Qué espera de este Año Santo?

Sin duda contribuirá a cultivar la memoria penitencial, capaz de asumir el pasado con humildad para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones y ensoñaciones, mirando de la mano del Apóstol Santiago a Cristo, Camino, Verdad y Vida. Es un mensaje de esperanza cristiana que no es un ingenuo optimismo basado en el cálculo de posibilidades y que nos lleva a edificar el presente y proyectar el futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta la verdad y nunca la hiere, y desde la justicia y caridad para todos, sobre todo para los descartados de nuestra sociedad como tantas veces dice el papa Francisco. Escuchando a los peregrinos, tengo la convicción de que el hombre de nuestros días quiere echar raíces en el suelo firme y estable de lo sagrado, volviendo al hecho cristiano fundamental que es identificarse con la historia y la persona de Jesús.

—¿Qué novedades encontramos en la programación pastoral para que este Año Santo sea un año «de conversión y de reconciliación»?

Es nuestro propósito revitalizar la acogida a los peregrinos, escuchándoles, invitándoles a participar de la vida de la Iglesia a través de los sacramentos, a ver la realidad con los ojos de Dios, a fortalecer su fe y a manifestarla a través de la caridad. En este Año Santo de manera especial he querido invitar al peregrino a «salir de su tierra», es decir, de la burbuja que le aísla del resto del mundo y le vuelve autorreferencial, de la zona de la comodidad, del egoísmo, de las inercias, y de las falsas seguridades que proporciona ese pequeño mundo, donde no hay espacio para más voces que la de uno mismo y donde se conjura el riesgo de cualquier cambio con el pretexto de preservar la verdad, sabiendo que salir del área de esas certezas expone al vaivén de las opiniones cambiantes y de las modas efímeras.  La gran novedad es la gracia de Dios que nos pide calzar las sandalias de la esperanza y como dice el papa Francisco, no retener con nostalgia el pasado sino acceder a la memoria eterna de Dios Padre, y esto es solo posible viviendo en la caridad.

—El rey Felipe VI, como un peregrino más, expresó el pasado 12 de julio en Roncesvalles que el Camino de Santiago «sigue vivo, mantiene intactos su proyección y su razón de ser» y que «los valores de la tradición jacobea, refuerzan nuestra sociedad sobre pilares la solidaridad y la hospitalidad».

—Sin duda, el verdadero valor del Camino de Santiago consiste en ser una ruta para el espíritu humano que se rebela a desaparecer bajo la asfixia de la propia inmanencia. Es una experiencia abierta a todos, sin previa selección de candidatos ni numerus clausus. No es un retorno a la cristiandad medieval, aunque se redescubran los valores permanentes que adquirieron especial vigencia en aquel momento. Es como una protesta del peregrino contra lo que le rodea y le ofrece la sociedad actual. En una sociedad herida por los gnosticismos el peregrino redescubre la naturaleza y se pacifica con la creación, se abre al ámbito de la contemplación, sintiéndose necesitado y limitado, lo que le hace valorar la hospitalidad y la acogida, y percibe que encuentra sentido en la historia y no en las ideologías, sabiendo que el mañana reflejará la esperanza del hoy.

—¿Cómo podemos acompañar a los peregrinos a vivir el encuentro con el Apóstol sin perder la tradición espiritual?

—Si el Camino de Santiago y la Peregrinación Jacobea perdieran su dimensión espiritual, se convertirían en una realidad inerte. El peregrino a la tumba del Apóstol ha de sentirse como un viajero de lo sagrado y un transmisor de saberes, encontrándose con la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe para hacer presente a Dios que es un bien para la sociedad, con el testimonio cristiano de cada día.

—Tras su último encuentro con el Papa Francisco mostró su satisfacción y agradecimiento por la prolongación del Año Santo. ¿Qué ha significado este hecho para la archidiócesis? Y por otro lado, también se mostró esperanzado por la posibilidad de que el Santo Padre peregrine a Compostela. ¿Mantenemos viva esa esperanza?

—El Papa, siempre sensible a las preocupaciones materiales y espirituales de las personas, nos ha concedido esta gracia de prolongar el Año Santo Compostelano para que muchas personas pudieran participar en las Gracias Jubilares. De otra forma, por motivos de la pandemia no lo habrían podido hacer. Para la archidiócesis es motivo de agradecimiento, también en nombre de esas personas que lamentaban que no podrían participar. Que el Papa peregrine a Santiago sería una gran alegría. Mantenemos esa esperanza.

Lee el número 4.085 de ECCLESIA: Unidos para caminar



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