Monseñor Kyrillos Samaan
Iglesia en España Internacional

Entrevista a Monseñor Kyrillos Samaan, atriarca de Alejandría

Entrevista a Monseñor Kyrillos Samaan, atriarca de Alejandría

 “En nuestro país se nos necesita» Entrevista a Monseñor Kyrillos Samaan

Monseñor Kyrillos Samaan ocupa actualmente el lugar del Patriarca de Alejandría con sede en El Cairo, a la cabeza de la Iglesia copto-católica del país. El pasado mes de julio visitó la sede de los Servicios Centrales de Manos Unidas, y con motivo de esa visita, hablamos con él de la situación que vive su país y del papel que la Iglesia tiene en él.

Me gustaría empezar conociendo su opinión sobre los acontecimientos políticos que han ocurrido en Egipto en los últimos tiempos: la «primavera árabe», el derrocamiento de Mubarak, las elecciones nacionales, el nuevo presidente Morsi y la reciente renovación de la cúpula militar del país.

Poco después de que comenzara el movimiento en Túnez, los egipcios de todos los sectores de la sociedad salieron a la famosa plaza Tahrir para mostrar sus quejas contra el régimen dictatorial de Hosni Mubarak. El movimiento tunecino fue sólo el germen inmediato que desató la salida del sentimiento profundo y verdadero que la gran mayoría de los egipcios tenía dentro.

Desde tiempos inmemoriales, los egipcios nunca han experimentado un buen gobierno democrático. Los faraones fueron reemplazados por gobernantes coloniales y más tarde fueron sustituidos por los dictadores militares. Aunque en las últimas dos décadas, el país ha tenido un buen desarrollo económico, la vida de muchos egipcios se mantuvo por debajo del umbral de pobreza. La riqueza y los recursos del país quedaron en manos de funcionarios gubernamentales de alto rango, muy pocos, y pertenecientes a clanes familiares. Por tanto, la pobreza, un Estado injusto y un sistema muy poco seguro llevaron al pueblo egipcio a rebelarse contra la tiranía. El 25 de enero de 2011, Hosni Mubarak se vio obligado a dimitir, y ese día se convirtió en símbolo de libertad y de solidaridad entre todos los egipcios, musulmanes, cristianos, mujeres, hombres, jóvenes y viejos. Durante ese tiempo, casi todos los egipcios formaron un solo corazón y una sola alma.
Al principio, a diferencia de la policía, los militares fueron elogiados por su neutralidad y por velar por los manifestantes y por la seguridad del país en su conjunto. Posteriormente los militares tomaron el poder para mantener el orden, la seguridad y facilitar la transición suave a un gobierno democrático elegido por el pueblo.

Poco después de esto, muchos grupos de interés, los movimientos y los partidos políticos se constituyeron para prepararse para las elecciones. El régimen anterior no permitía la formación libre de partidos políticos. El único bien organizado y bien establecido era el movimiento político-religioso llamado la «Hermandad Musulmana», que había estado funcionando desde 1984, aunque con muchos altibajos en su historia y, en ocasiones, operando desde la clandestinidad al ser víctima de persecuciones. El otro grupo, más conservador y radical, es el «Movimiento Salafista», que se registró como «Hizb el Nur», que significa «Fiesta de la Luz». Estos dos partidos fueron, con mucho, los más organizados, disciplinados y los que contaron con adecuadas fuentes de financiación. Todos lo demás, incluyendo el movimiento juvenil, los demócratas, los liberales y otros movimientos, tenían poca experiencia y pocos recursos financieros.

De esta forma, estos dos partidos principales fueron los que exigieron la redacción de una nueva Constitución antes de las elecciones parlamentarias con el fin de que éstas se pudieran sustentar sobre esa base. La demanda fue rechazada, sin embargo, por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF). Las tensiones crecieron entre el SCAF, dirigido por el mariscal de campo Tantawi, y los otros partidos. Muchos egipcios, especialmente los jóvenes, volvieron a salir a la plaza Tahrir para presionar a los militares. Como resultado, el SCAF anunció la fecha de las elecciones parlamentarias. Éstas se celebraron en paz y fueron ganadas por el  «Partido de la Justicia y la Libertad», seguido del «Nur el Hizo”. Todos los demás, incluyendo a los demócratas, los liberales y los movimientos juveniles, no lograron resultados satisfactorios.
Las elecciones presidenciales se celebraron en mayo de este año, y los dos candidatos, Ahmed Shafik, un ex ministro del gobierno de Mubarak, y el Dr.

Mohamed Morsi, que representa al movimiento “Hermandad Musulmana”, empataron a votos, por lo que se tuvo que celebrar una segunda vuelta, e incluso así, los resultados estuvieron tan cerca el uno del otro que sólo un 1% marcó la diferencia a favor del Dr. Mohammed Morsi.
Poco antes de las elecciones presidenciales, el fallo de un tribunal egipcio declaró al Parlamento recién elegido como inconstitucional, debido a algunas irregularidades, y tuvo que ser disuelto. El veredicto enfureció a muchos de los seguidores y a los líderes de los Hermanos Musulmanes y de los salafistas radicales. Mohammed Morsi no pudo prestar juramento ante los miembros del nuevo Parlamento, y tuvo que jurar su cargo en el ministerio de Justicia,  siendo declarado el primer presidente egipcio elegido libremente.
En su discurso a la nación, Mohamed Morsi se comprometió a ser el presidente de todos los egipcios, de los musulmanes y de los cristianos, así como de todos los demás sectores de la sociedad sin ningún tipo de segregación o diferencia, y se comprometió a establecer un estado civil secular sobre la base de la Sharia. Y aunque al principio agradeció al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas su esfuerzo para salvaguardar el orden público durante el período de transición, los malentendidos y las diferencias de intereses con el mariscal de campo Tantawi fueron creciendo, y se vio obligado a relevarlo y nombrar a un nuevo ministro de Defensa de su elección. Una decisión difícil, pero que parece que está funcionando.

Usted es un defensor del diálogo interreligioso y de la integración y colaboración entre las diferentes religiones como una de las formas necesarias para pacificar el país. ¿Cómo se puede conseguir?
Los verdaderos musulmanes aceptan y creen que el Islam, el Cristianismo y el Judaísmo son las religiones verdaderas. Tienen el mismo origen y enseñan la obediencia al Todopoderoso. Por eso, elegimos hablar acerca de todas las cosas que tenemos en común, teniendo como principal fuente de inspiración las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo sobre el amor al prójimo, y en este caso, a nuestros vecinos musulmanes. Escuchamos sus puntos de vista y sus opiniones, y los respetamos. Nos hemos ganado su confianza y hablamos abiertamente de convivencia pacífica y de enseñar a nuestros correspondientes seguidores este mismo espíritu.
Incluso se llevan a cabo jornadas de oración conjunta, como la del pasado mes de enero, que demuestran las buenas relaciones.

Sí, y no es la primera vez que los cristianos y musulmanes rezan juntos. Muchos musulmanes vienen de vez en cuando a nuestras iglesias durante la santa misa sólo para mostrar su solidaridad con nosotros. Esto ocurre especialmente cuando una iglesia es atacada, o cuando los creyentes son atacados o mueren por las acciones de algunos extremistas. Incluso hay algunos musulmanes que aportan dinero para la reconstrucción de las iglesias atacadas. En nuestra diócesis existe una relación muy buena entre los cristianos coptos, los protestantes coptos y los musulmanes. Nos reunimos regularmente y discutimos asuntos de urgencia, sobre la paz y la convivencia. Y por eso, el pasado 1 de enero nos reunimos y oramos juntos por un Egipto más pacífico y por su gente.

¿Qué papel tiene la Iglesia en Egipto hoy en día? ¿Cuál es la función específica de la Iglesia copta católica?
La luz que nos dejó San Marcos sigue siendo aun vibrante. Y nuestro papel sigue siendo, también, el mismo que al principio, «somos la sal de la tierra». Tenemos una misión, la misión de difundir el amor de Cristo. Nuestras iglesias y los creyentes están floreciendo. Y en nuestro país se nos necesita.

Los cristianos, que son sólo el 15% de la población de Egipto, y que ya estaban allí antes que los musulmanes, se están viendo abocados ahora a escapar del país, ¿es cierto?
Sí, algunos cristianos están emigrando a otros países, pero lo hacen también los musulmanes. La causa es, sobre todo, económica. No ignoro el peligro que provocan algunos extremistas, y el temor de algunos padres hacia el futuro de sus hijos, pero nuestra fe se asocia con la esperanza. Esperamos que las cosas cambien en nuestro país y que todos los egipcios puedan vivir en paz y respetados por los demás, independientemente de su raza, religión o tradición. A todos nos gusta nuestro país y queremos vivir en él.

 

El nuevo presidente pertenece al grupo político llamado «Hermandad Musulmana», que si bien no es el más radical, tampoco es muy tolerante. ¿Cómo ha aceptado la población en general al nuevo gobierno? ¿Y la minoría cristiana en particular? ¿Está aumentando la «islamización» de la sociedad? ¿Está cooperando con los otros grupos con el fin de construir el «nuevo Egipto»?
Como he dicho anteriormente, Mohammed Morsi ha mencionado dos veces, en dos discursos oficiales a la nación, que él es el presidente de todos los egipcios. Un presidente de los musulmanes y los cristianos, que se ha comprometido a establecer un gobierno civil democrático para construir un nuevo Egipto. Ninguno de sus predecesores había declarado algo así antes, por lo que esas palabras tienen un valor real y, para nuestra alegría, ningún grupo o individuo se ha opuesto a dicha declaración. La Hermandad  Musulmana no es una entidad absoluta. En ella hay abogados, médicos, ingenieros, profesores universitarios y otros profesionales de la educación. Después de haber ganado las elecciones tienen la responsabilidad y la obligación de salvaguardar los derechos individuales y de las minorías. Esperamos que Mohammed Morsi cumpla plenamente todas sus promesas. Reconocemos que tiene que resolver muchos de los problemas existentes y de las dificultades que el país afronta actualmente. Por eso, rezamos por él, por todo Egipto y por todos los egipcios para que se produzca una transición pacífica y puedan coexistir pacíficamente los diferentes sectores de nuestra sociedad.

Uno de los proyectos en los que con más dedicación está trabajando en los últimos tiempos es la creación de un Consejo de Iglesias, cuyo objetivo es unir a todas las iglesias y denominaciones religiosas del país. ¿Cómo está funcionando? ¿Qué prioridades tiene? ¿Y cuáles son los objetivos a largo plazo?
Nosotros, los cristianos de Egipto, somos muy pocos en número en comparación con los musulmanes. Si encima pensamos y nos vemos a nosotros mismos como católicos o como protestantes, creamos minorías aún más pequeñas. Nuestros principios y nuestros objetivos son los mismos, predicar el reino de Dios. Queríamos consolidar nuestros esfuerzos para poder afrontar los nuevos desafíos y, sobre todo, para realizar la voluntad de Dios de «que todos sean uno». Estamos tratando de hacer actividades comunes para los diferentes grupos que vienen de las distintas iglesias cristianas: sacerdotes y pastores, jóvenes, mujeres, etc… Nuestras metas a largo plazo son ser una única Iglesia con un único pastor, y nos gustaría empezar a celebrar juntos la Pascua y la Navidad.

Desde mediados de febrero, usted ocupa el lugar del Patriarca de Alejandría, el cardenal Antonio Naguib, jefe de la Iglesia copta católica del país, que actualmente se encuentra enfermo, ¿verdad?

 

Sí, actualmente estoy trabajando como administrador del patriarcado copto católico de Alejandría, en El Cairo, y guardo un estrecho contacto y consulto con frecuencia con Su Beatitud el Patriarca. Además de mi función como obispo de Asiut, en el Alto Egipto, tengo que lograr también que funcione el día a día de la oficina del patriarcado, además de representar a la Iglesia Católica en todos los asuntos de gobierno, en el Vaticano, y gestionar las necesidades de nuestros socios en todo el mundo.

 

La Iglesia Católica egipcia gestiona alrededor de 170 escuelas en todo el país, que tienen un gran prestigio, no sólo entre los cristianos, sino también entre los musulmanes. ¿Qué papel juegan? ¿Qué tipo de educación se da a través de ellas?
A pesar de que los católicos en Egipto son muy pocos en número, nuestras instituciones son ampliamente conocidas y aceptadas por su calidad en todo el país. Nuestras clínicas, nuestras escuelas y otros servicios sociales que proporcionamos resultan esenciales para las personas más necesitadas de diferentes lugares. Esto es apreciado, incluso, por el recién elegido presidente Morsi, quien durante la recepción que nos dispensó en sus oficinas, habló sobre los servicios sociales que presta la Iglesia Católica y nos alentó a  continuar en nuestro esfuerzo de apoyo a los más pobres. Nuestras instituciones, incluidas nuestras escuelas, ofrecen sus servicios independientemente de la religión, raza o cualquier otro factor discriminatorio. Esa disciplina y dedicación se agradecen, ya que centran sus esfuerzos en el estudiante, para prepararle para una vida mejor.

El pasado julio visitó la sede de Manos Unidas para reunirse con los responsables de proyectos de desarrollo en su área. ¿Qué recuerda de esa visita?

 

Nuestra visita a las oficinas de Manos Unidas en julio fue un acontecimiento muy notable. Concertamos una cita con Ana Lucas, quien a nuestra llegada nos recibió cordialmente, y todos nos trataron muy amablemente. Pudimos visitar muchos de los departamentos de Manos Unidas, conocer a otros miembros, saludar a la Presidenta de la organización, y discutir sobre diferentes temas, sobre la actual situación política, social y económica de Egipto, y sobre nuestros proyectos actuales y futuros. También pudimos entender mejor las prioridades de trabajo, los límites y los criterios de Manos Unidas, y nos permitió afianzar los lazos de ayuda y apoyo a la gente necesitada en Egipto.

Por Pilar Seidel- Manos Unidas

 

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