Internacional

Entrevista a monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo coadjutor de San Juan de Cuyo (Argentina)

Entrevista a monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo coadjutor de San Juan de Cuyo y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

Ordenado sacerdote en 1982, ha sido obispo auxiliar de Buenos Aires en el 2000 y cinco años más tarde obispo de Gualeguaychú, es desde agosto del presente año arzobispo coadjutor de San Juan del Cuyo. Conocido como el obispo del diálogo, monseñor Jorge Lozano, es también el responsable de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (Cepas) en la Conferencia Episcopal Argentina. Atiende a nuestras inquietudes tras participar en el Diálogo De Alto Nivel Sobre Arquitectura Financiera Internacional, realizado en la capital argentina.

– Su vida pertenece desde hace poco a la arquidiócesis de San Juan, ¿Cómo se ha sumado usted a esta iglesia en marcha?

Me he sumado con muchas ganas de conocer la vida de cada comunidad, los Movimientos…, los diversos servicios y tareas que se llevan adelante.

Estoy dedicado a conversar con los sacerdotes, los catequistas, agentes pastorales. Es mi anhelo percibir las alegrías y esperanzas, los fracasos y desalientos concretos. También tomar contacto con las diversas organizaciones de la sociedad. Es una “Iglesia en marcha”, y mi deseo es sumarme en el camino.

– Al asumir su servicio se refirió a los beatos y santos que nos marcan el rumbo. En esta línea, ¿qué ha significado la beatificación de Mama Antula y la canonización del Cura Brochero para la sociedad argentina?

La beatificación de Mama Antula y la canonización del Cura Brochero constituyen acontecimientos muy importantes porque nos muestran lo central en la tarea evangelizadora y la Identidad de la Iglesia: pasión por Jesús, fervor misionero, cercanía con los pobres, promoción humana…

– Como obispo presidente de la Pastoral Social, usted ha hablado sobre las mafias y la corrupción creciente en Argentina. ¿Cómo observa y cómo vive el trabajo de la Iglesia en estas circunstancias?

Nuestra misión es evangelizadora, y promover la dignidad de la persona humana es parte integrante del mensaje evangélico. La corrupción mata. Desvía los dineros del pueblo a bolsillos de gente inescrupulosa, y provoca la desconfianza de la población en las Instituciones de la Democracia. Las mafias del crimen organizado oprimen especialmente a los pobres y son causa de miseria y muerte. Las denuncias que realizamos son parte del rol profético que tenemos.

– Además del tema del narcotráfico, la corrupción ¿en qué otros asuntos tiene puesto el acento la Pastoral Social de su país en este momento?

Nos preocupa la pobreza persistente, lo que se denominan “núcleos duros” de pobreza que se afianza de generación en generación. Pero también deben preocuparnos los “núcleos duros de riqueza”. El país ha crecido en los últimos años a ritmo sostenido, pero el crecimiento no se ha distribuido de modo equitativo. La pobreza y la riqueza debemos considerarlas en forma conjunta.

Otra preocupación está vinculada a la necesidad de generar puestos de trabajo. La salida de la pobreza debe buscarse por medio del trabajo dignamente remunerado.

También tenemos equipos de seguimiento de cuestiones ambientales, el drama de la trata y tráfico de personas, los conflictos de tierras…

– La Iglesia ha vivido el Año de la Misericordia, qué testimonio puede acercamos sobre este año de gracia…

Hubo, gracias a Dios, muchos gestos concretos. Una mayor presencia entre los pobres, la creación de espacios de consuelo y escucha. En la diócesis de Gualeguaychú, de la cual he sido obispo hasta venir a San Juan, hemos realizado un gesto solidario durante la Cuaresma y otras actividades durante el año, buscando construir una “Casa amigable” para albergar a quienes están luchando para salir del consumo de drogas y recuperar una vida más digna.

– ¿Cómo cree que la Carta Apostólica «Misericordia et misera» viene a iluminar e impulsar la labor de la Pastoral Social en su país?

La Carta Apostólica nos alienta en la continuidad de la cercanía a los que sufren. Vuelve Francisco a reforzar la necesidad de las obras de misericordia.

– En estos días usted ha participado en un evento que propone la transformación del sistema económico para un desarrollo humano integral. ¿Es posible? ¿Por dónde pueden darse los primeros pasos?

La cuestión económica, social, ambiental requiere de un cambio de paradigma. Es posible, y cada vez es mayor la cantidad de voces que se alzan en el mundo reclamando ese cambio. Pero también es difícil por los intereses económicos que no quieren ceder privilegios.

La situación de la humanidad es crítica y hacen falta cambios profundos. Mientras que el 20% de la humanidad dispone del 80% de los recursos energéticos disponibles, el resto se tiene que arreglar con lo que sobra. Esto significa que unos viven en la abundancia y derrochan energía, comida, recursos, y otros subsisten como pueden. Francisco nos dice que hay que escuchar el clamor de los pobres y de la tierra.

De estos temas hablamos y en profundidad en el “Diálogo De Alto Nivel Sobre Arquitectura Financiera Internacional: Ética Y Economía — Argentina: Camino al G-20 – 2018” que organizamos en Buenos Aires a fines de noviembre, con una impronta académica y ecuménica, en la Cancillería y en la Conferencia Episcopal Argentina.

Maria Elena Rojas Orellana

Foto en canal TV: Virginia Bonard

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