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ENTREVISTA a Luis Argüello: «Tenemos que bajar a la arena de las preguntas de nuestros contemporáneos»

Comenzamos un nuevo año y todavía resuenan en nosotros los acordes de algunos villancicos. También los redobles del tambor de Hugo, ganador del programa Got Talent en el que el secretario general de la CEE y obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, intervino para darle una sorpresa al niño de tan solo 2 años: en este mes podrá tocar su tambor ante el Papa Francisco. Una manera de evangelizar en la vida pública que pasa por hacer presente a la Iglesia en todos los ámbitos de la sociedad.

De todo ello el equipo de ECCLESIA dialogamos con el secretario en una entrevista que quiere poner el foco en los nuevos retos y propósitos para el año 2020.

—Año nuevo… vida nueva… ¿También vida más cuidada, por ejemplo, en el ámbito de la ecología, después de la última cumbre del clima en Madrid?

—Es uno de los vértices del triángulo del pontificado del Papa Francisco. En uno está el anuncio del kerigma, lo esencial cristiano. En el otro vértice, las migraciones, sobre todo las que se producen por una economía que mata. Y el tercero, el cuidado de la creación, el clamor de la Casa se une con el clamor de los pobres y Dios escucha este gemido. ¿Por qué la Tierra se ha convertido en un basurero amurallado y la humanidad está dividida y enfrentada? Porque hay pecado, y para eso está el anuncio de la salvación de Jesús. Desde el punto de vista de la comunidad cristiana, el cuidado de la creación es expresión de las relaciones entre naturaleza y cultura. Hay que «abrir procesos y no ocupar espacios», dice el Papa Francisco, para no caer ni en fundamentalismo naturalista ni en la negación de un problema real. Es importante promover la justicia hoy y entre generaciones y preocuparnos por el mundo que vamos a dejar a los que vendrán.

—¿Cuál es nuestro papel como Iglesia en esos tres vértices?

—Pues desde la perspectiva de nuestra Iglesia, constatamos la debilidad para generar la presencia de un pueblo que anuncie el kerigma y que practique la caridad política. En este momento hay que salir de la dialéctica de los contrarios. Nuestra perspectiva de pensamiento tiene que ser trinitaria y superar ese enfrentamiento. Para ello, uno de los retos debe ser la promoción del laicado. Los laicos son la Iglesia e Iglesia en el mundo. De esta manera, los miembros de la Iglesia protagonizarán una Iglesia en salida, en nuestra sociedad. Hemos de impulsar una presencia que promueva el diálogo en la sociedad en favor del encuentro, la comunión y la solidaridad del bien común.

—¿Y cómo puede la Iglesia llegar a ser ese empaste con la sociedad?

—Tenemos que bajar a la arena de las preguntas de nuestros contemporáneos, de sus inquietudes, por muy incómodas que sean para nosotros, y ejercitar la pedagogía que el Papa está incorporando a la Iglesia: una escucha para reconocer, interpretar y actuar. No hay pueblo de España que no tuviera a la Iglesia como centro, pero ciertamente vivimos una transformación y debemos situarnos en el nuevo momento. Algunos hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen prejuicios cuando miran a la Iglesia dentro de este gran cambio social. Hemos de saber escuchar y proponer desde una nueva relación con cualquier forma de poder para que resplandezca la gracia. Esta es una de las grandes novedades a las que el Señor nos está convocando para no poner nuestra seguridad en los apoyos del poder.

—Y desde nuestro medio de comunicación, ¿cómo podemos ayudar a esta comunión?

—Informando sin estereotipos. Tenemos un Papa que el Espíritu Santo nos ha ofrecido. Captamos su significado, su proceso y la hondura de su propuesta dentro del drama histórico en el que vivimos. Francisco es un Papa providencial, pero no es el mesías, ningún Papa lo es. El desafío que vive la fe en este momento es inédito y el Papa es muy consciente de ello. Claro, los medios de comunicación cuando miran a la Iglesia en general pretenden hacer una mirada política, en un momento complicado de la vida política española. Los medios especializados tienen una influencia intraeclesial, a veces, demasiado clerical, pero de ellos beben también los medios generalistas que no hacen un esfuerzo en profundizar sobre la información religiosa.

—¿Qué le ha parecido la intervención de Pedro Sánchez sobre la Iglesia en el discurso de investidura?

—El Estado aconfesional no es laicista y por tanto ha de respetar la existencia de confesiones religiosas, singularmente las de especial arraigo, como la Iglesia católica en España. Esta no quiere privilegios, pero tampoco discriminaciones, no quiere estar por encima de la ley, pero tampoco ser menospreciada, así reivindicará el derecho a la libertad religiosa para celebrar la fe y actuar, dentro de la legítima iniciativa social, en favor del bien común. La Iglesia también defiende el principio de legalidad, por eso espera que el nuevo Gobierno no busque atajos de «legalidad de baja intensidad» en ninguno de los graves asuntos que ha de abordar, y defiende el principio de igualdad para los católicos y quienes, sin serlo, deseen participar en las obras pastorales, educativas y sociales puedan hacerlo en igualdad de oportunidades y de trato que el resto de los españoles.

—Tenemos ya un Gobierno, de coalición, y es hora de sentarse a dialogar unos y otros.

—Sí, es necesario, muy necesario dialogar desde la verdad, la razón y un marco común de referencia con el objetivo del bien común. Por ejemplo, hoy en día es insostenible el Estado de Bienestar tal como se articula en Europa desde los años 30 y que toma forma después de la Segunda Guerra Mundial. Es insostenible por dos razones de fondo: este Estado de Bienestar está pensado con una pirámide demográfica muy concreta y ahora esa pirámide ha cambiado; y el tipo de financiación tiene que ser otro. Estamos en un mercado global y entrando en la cuarta revolución industrial. Entonces, al repensar el Estado de Bienestar, lo lógico sería pedir ayuda del Estado, del mercado, pero también la ayuda de la economía del don, de la generosidad, de la solidaridad, del voluntariado, ¿por qué no? de la Iglesia, en vez de considerarla residuo del pasado o nido de privilegios. Lo oportuno sería que nos sentáramos todos, especialmente para un Gobierno que dice tener una preferencia por las llamadas «clases populares». Porque la Iglesia, en su diversa forma de expresarse, es un agente muy activo en los cuatro pilares del Estado de Bienestar: en la educación, en la sanidad, en los servicios sociales y en el cuidado de los mayores, y ofrece una visión transcendente de la persona que fundamenta su radical dignidad. Es fuente de recursos de sentido, esperanza y de criterios éticos, tan necesarios hoy.

—Además de lo que ha dicho sobre la inversión de la pirámide, es que se está preparando la revolución de los robots, la inteligencia artificial… La COMECE debate si los robots tendrían que pagar pensiones, impuestos. En todo este panorama está la Iglesia, que a veces se nos tacha de que la sociedad va por un sitio y la Iglesia está en otros temas. A veces no se conocen bien los temas en los que estamos. Quizás lo comunicamos poco.

—También en la llamada cuestión territorial, la Iglesia es experta en conjugar universalidad y particularidad, comunión y diferencia y forma parte de la historia compartida de la nación española encarnándose a lo largo del tiempo en cada reino, territorio o nacionalidad y región como dice hoy la Constitución. Necesitamos escucharnos y dialogar. Pero hoy llamamos diálogo a un titular o un tuit, o a un ejercicio voluntarista que esconde la intención de que el otro acepte mi sentimiento sin más razones. Para dialogar es clave ser un pueblo con diálogos cercanos, de bar, con vecinos, amigos. Este es un testimonio eclesial que es posible generar, es una experiencia de diálogo cuerpo a cuerpo, como dice el Papa Francisco. Porque por otra parte hay un malestar, especialmente en los jóvenes, seducidos por las libertades y experimentando tal desasosiego que para algunos la libertad es una ensoñación. Hay sectores que creen que el hombre es una especie entre las especies, que tiene unas habilidades, como otros bichos tienen otras, pero sin más pretensiones. Pero, en el fondo, la necesidad de salvación está en todos los corazones. Entonces, unos dicen que nos salven las máquinas, que un algoritmo nos ayude a decidir, porque los humanos decidimos mal, porque tenemos afectos, intereses… así que, que venga un algoritmo a decidir. La Iglesia quiere ofrecer la bondad de la razón, la libertad y el amor que ha recibido de Cristo.

—El Papa ha firmado un documento donde se dispuso a abolir el secreto pontificio sobre las denuncias, los procesos y las decisiones relativas a los delitos mencionados en el primer artículo del reciente motu proprio Vos estis lux mundi

—Hay que aclarar que el secreto pontificio no es el secreto de confesión, y, por otra parte, que en los tribunales civiles existe el secreto de sumario, porque en una fase del proceso se ve que es importante la discreción; el secreto pontificio tiene esa resonancia, pero en la vida ordinaria de una diócesis, a veces, se pedía información y no se podía facilitar. Era un clamor que se regulase de otra manera. Eso sí, hay que tener en cuenta las leyes del país. Que se quite el secreto pontificio no quiere decir que se vaya a hacer público toda la información sino que, por ejemplo, cuando un juez la pida, se le dará, pero quizá el juez tiene declarado el secreto de sumario. Las víctimas y los acusados se han encontrado con la barrera del secreto pontificio y ahora podrán acceder a la información.

—A los obispos se les ve muy incómodos cuando se les pregunta por los abusos…

—Es un asunto muy grave, es normal la pesadumbre. Además, muchos viven la incomodidad de haberse visto envueltos en una historia en la que en tantas diócesis no se ha tenido noticia directa de abusos. Ahora se ha sabido que la Congregación ha tramitado desde 2001 (esto comenzó con Benedicto XVI), 6.000 casos, y nos enteramos de algunos por la prensa, no sabemos nada, quizá por el secreto pontificio. Desde hace varios años la forma de reaccionar del episcopado español es activa y de colaboración. Todos los obispos tienen el deseo de poner en marcha las oficinas diocesanas o metropolitanas. Hace unas semanas me he encontrado con la asociación Betania y, como algunas víctimas expresan su deseo de encontrarse con la institución, la CEE puede hacer de mediación con los obispos o superiores mayores concretos.

—¿Y sobre el fondo que pedía Betania?

—No sería partidario de anunciar ese tipo de fondos sin más desde la Conferencia Episcopal. Pero lo que sí tiene que haber es una disposición de ayudar por si personas concretas necesitan ayuda económica, por ejemplo, para un acompañamiento de cualquier tipo.

—Ahora mismo hay tres diócesis vacantes, cuatro arzobispados que deberían presentar la renuncia por edad, obispos que llegan a los 75 años. El nuncio acaba de llegar, ¿qué previsiones hay de nombramientos a corto plazo….

—Es cierto que hay diócesis vacantes, pero el que hayamos estado sin nuncio no quiere decir que no se hayan dado pasos. No ha habido nuncio pero sí ha habido nunciatura. Había un encargado de negocios; otra cosa es que, como suele ocurrir en periodos de transición, en determinadas sedes se haya actuado con un criterio prudencial, pero no tenía prohibido ni pedir consultas ni enviar los resultados de sus consultas a la Congregación de Obispos. Ahora ocurre que tenemos una concentración grande [de vacantes] por razones de edad, y otros casos, como los de Astorga, Zamora y Ciudad Rodrigo. Parece claro que 2020 va a ser un año de bastantes nombramientos episcopales.

—Comenzamos el año 2020 y en breve celebraremos el Congreso de Laicos. ¿Cuáles son los retos para este año en España?

—El reto grande es el de ser Iglesia en salida, Pueblo de Dios en salida, para eso está el Congreso. Hay otros dos retos importantes: la transmisión de la fe y la promoción del matrimonio y, en general, de la Pastoral Juvenil Vocacional. Claro, si hablamos de una Iglesia en salida, debemos saber cómo situarnos en medio de la sociedad para, al mismo tiempo, proponer y ofrecer aquello de lo que somos depositarios, siendo conscientes de vivir en una sociedad plural y diferente. Eso supone una llamada grande al diálogo, a la escucha y la propuesta. En este sentido va la convocatoria de la Semana Social para octubre, sobre la regeneración de la vida pública, la participación política y el bien común… Luego, a la Iglesia siempre le llegan las llamadas que el Papa hace. Y este año ya en enero tenemos la importancia de la Biblia para ser discípulos y misioneros de la Palabra. Y luego están estos dos encuentros que ha convocado Francisco que tienen que ver con el desarrollo humano integral: uno, «La Economía de Francisco», y el otro, sobre el Pacto Educativo Global. En un momento en el que seguramente en España se vivan tensiones respecto a lo educativo, esta llamada del Papa al pacto es importante, con sus tres puntos de referencia: a la persona en el centro, sumar todas las capacidades, recursos, instrumentos que hay en el mundo de la educación, y tener como objetivo educativo una persona que sirva a los demás. Una clave vocacional, dicho en nuestra jerga. El Papa da gran importancia a lo educativo, desde esta doble visión de la ecología y la economía, que tienen ambas una raíz común: oikos (casa). La organización de la Casa Común pide un estilo de vida y una dimensión institucional, unas reglas del juego de la Economía. Las dos cosas, lo micro y lo macro, es decir, tenemos que hacer lo posible por tener botellas de cristal y no de plástico, pero al mismo tiempo tenemos que plantearnos unas reglas del juego más grandes en este momento de grandes dramas humanos y enorme transformación de la economía global.

—También está la reestructuración de la Conferencia Episcopal…

—Sí, desde un punto de vista más doméstico, va a ser año, por una parte, de renovación de cargos en la CEE (el presidente, los presidentes de las comisiones, la comisión ejecutiva, la comisión permanente…) y además con los nuevos estatutos comenzaremos a trabajar en periodos de cuatro años, y no de tres. Y por otra parte, se produce una reorganización de las comisiones con un deseo de mayor capacidad de colaboración, de trabajo en común, respetando, como es lógico, lo específico de cada comisión.

Por José Ignacio Rivarés, Sara de la Torre y Silvia Rozas FI.

 

Entrevista Secretario General

 

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