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Entrevista a Luis Argüello: «No tenemos recetas, queremos buscar la forma de vivir y anunciar el Evangelio hoy»

Jueves 2 de septiembre. El secretario general de la CEE, Luis Argüello, se sienta en ECCLESIA, justo después de una reunión con la Secretaría de Estado de Migraciones. En nuestra mesa se encuentran las Orientaciones Pastorales y Líneas de Acción de la CEE para los próximos cuatro años, un documento que es necesario leer con tranquilidad para ir realmente a la fuente y no dejarnos llevar por interpretaciones.

—Buenos días, don Luis, usted ha repetido muchas veces que este documento es un ejercicio importante de diálogo interno de la CEE…
—Sí, un diálogo entre los directores, un diálogo en tres reuniones de la Comisión Permanente y en dos Asambleas Plenarias. Un diálogo para mirar a la realidad y de ahí proponer unas líneas de actuación. Una mirada hacia fuera y hacia dentro.

—Hagamos juntos un recorrido. Mirando a la realidad el documento vincula la cuestión antropológica, la situación familiar y la situación de un mundo en cambio, como tres cuestiones inseparables.
—Las tres están en este momento en fuerte cuestión. Por una parte, hay una comprensión del sujeto desligado de su biología: Género sin sexo. Hay una comprensión de la familia completamente abierta, una comprensión relativista. Y una situación del mundo en el que la propia globalización y la importancia de las nuevas tecnologías acentúan los cambios en el plano que podemos llamar personal, o en el plano más familiar o institucional.

—Ustedes dicen que en nuestra sociedad se van perdiendo progresivamente los vínculos y que necesitamos rehacerlos o innovarlos para generar ámbitos para la acogida y desarrollo de las personas…
—Por eso hemos querido poner un acento singular en este aspecto de la familia. En estos años se ha producido un desplome grande de la transmisión de la fe. Porque, ¿cuál ha sido hasta ahora el cauce habitual de la transmisión de la fe? La familia. Esto se ha quebrado.

—En la mirada hacia dentro se reflejan los cuatro grupos de personas que más o menos pueden estar relacionados con la vida de la Iglesia: los que se manifiestan católicos y continúan fieles a la vida eclesial; los que son bautizados y dicen «creer sin pertenecer»; un grupo que emerge que denominan grupo postsecular que está en búsqueda; y el grupo de los inmigrantes católicos.
—Hay que destacar a ese grupo de personas que buscan y que no están satisfechas con la propuesta de vida, y destacar también a los inmigrantes católicos. En su salida misionera la Iglesia tiene que fomentar este encuentro con la gente que busca. En definitiva, todo esto tiene que ver con espiritualidad, sentido, formas de comprender las relaciones con los otros, la manera de estar situados en el mundo.

—Pero ustedes descubren dos dificultades importantes, mostrando también una autocrítica necesaria.
—Sí, por una parte, la cultura ambiental, y por otra, las dificultades internas. Fijaos que para muchas personas las verdades cristianas son ahora incomprensibles y las normas morales que brotan del Evangelio son inaceptables. Esto está en nuestros ambientes eclesiales. Escuchamos entre la población: «Esto que ustedes dicen no lo entiendo». «Eso de la fraternidad, la acogida, el matrimonio para toda la vida, la sexualidad vinculada a la transmisión de la vida es inaceptable».

—Las dificultades internas que muestran son las mismas que el Papa Francisco expresa constantemente en sus mensajes.
—En Evangelii Gaudium Francisco habla de la primera dificultad que es la mundanidad y la autorreferencialidad. Luego están algunas expresiones de falta de comunión en la manera de vivir la unidad de la fe, de la Iglesia en su catolicidad, es decir, los elementos más esenciales, comunes, a la hora de comprender la Escritura, la Liturgia… Y la tercera debilidad es la del testimonio misionero en la plaza pública. Pero a esto hay que añadir dos asuntos que de manera recurrente aparecen en los medios: los graves casos de abusos y los asuntos patrimoniales. De alguna forma, todo esto debilita la autoridad de la Iglesia. Esa misma tensión interna de la vida de la Iglesia ante la mundanidad está provocando dos tipos de respuestas: una que viene a decir que lo que tenemos que hacer es ajustarnos al mundo y otra que es la que dice: «Volvamos a la situación previa del Concilio Vaticano II». Esas tensiones son reales en nuestra Iglesia de hoy. No son mayoritarias, pero expresan una vanguardia progresista o reaccionaria y tienen mucho eco en los medios de comunicación.

—Don Luis, algunos medios han valorado que esta mirada al mundo y a la Iglesia es demasiado negativa.
—Bueno, nos encontramos siempre con estas cosas. Es importante que nosotros como Iglesia nos situemos de manera permanente en el «id y anunciad el Evangelio», pero eso se tiene que hacer en la novedad del tiempo. En realidad, el objetivo de todo esto se concreta en dos conclusiones: sinodalidad y discernimiento, no solo como metodología, sino como espiritualidad para descubrir qué es lo que el Señor quiere en este tramo del cambio de época; y una propuesta de conversión pastoral para una salida misionera. Si nos situamos desde ahí, el documento resalta puntos de apoyo. Pero necesitamos mirar al contexto actual de aceleración de las transformaciones. De alguna forma hay un corazón del diagnóstico: Vivimos en una sociedad desvinculada, no es algo que digamos solo nosotros, hay diferentes informes que hablan de una sociedad en la que la desvinculación, la desconfianza y el enfrentamiento están ahí.

—Ante todo esto, ¿cuál es su acento en el plan de acción?
—Anunciar al Dios encarnado. El mensaje que debemos comunicar hoy es que Dios existe, y que es bueno para el hombre. En ese sentido nosotros nos preguntamos: ¿por qué salir a anunciar el Evangelio y cuál es el corazón del anuncio? Aquello que vaya al corazón de la dificultad, que es una sociedad desvinculada, y que incluso hasta los propios católicos viven como si Dios no existiera. Todo este contexto social y eclesial hace que la llamada permanente a evangelizar se transforme en una pregunta: ¿Cómo evangelizar en la actual sociedad española? Y hemos de responder invocando al Espíritu Santo para impulsar un gran discernimiento eclesial que nos ayude. Así que el documento no resuelve la cuestión, sino que convoca a impulsar el gran discernimiento eclesial.

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