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Entrevista a Luis Aranguren Gonzalo: «O cuidamos, o perecemos como especie»

Según la última Memoria publicada por la Pastoral Penitenciaria, con datos de 2020, 2.455 personas regalan su tiempo como voluntarios, 1.656 dentro y 799 fuera de prisión. Más allá de la ingente labor de los capellanes, la Pastoral Penitenciaria la sostienen los laicos.

A lo largo y ancho de las 69 cárceles españolas, los voluntarios realizan talleres, prestan servicios jurídicos y, por supuesto, llevan la esperanza que hace realidad el pasaje de san Mateo «estuve preso y vinisteis a visitarme». La prisión «toca el corazón», dicen algunos de los voluntarios que cruzan las rejas para estar cerca de los internos.

Según ha explicado a ECCLESIA el filósofo y profesor Luis Aranguren Gonzalo, esta situación proporciona a la acción voluntaria «convertirse en lugar experiencial donde se atesoran las verdaderas razones por las cuales la persona voluntaria se queda, y no está simplemente de visita». Aranguren, que ha desarrollado labores de asesoramiento y acompañamiento en diversas organizaciones de voluntariado y solidaridad en España y América Latina, participó el 12 de noviembre en el XX Encuentro Nacional del Voluntariado de Pastoral Penitenciaria. En este análisis que ofreció, profundizó en la actitud, perfil y motivación del voluntariado de prisiones.

El encuentro quiso reconocer «la gran riqueza humana» de los voluntarios comprometidos con la cárcel y su entorno, «pues tanto dentro como fuera de la prisión, trabajan por crear espacios de libertad y de esperanza».

—Usted afirma que ojalá todas las personas trabajaran a favor de las más necesitadas, porque muchas tienen motivaciones que tienen que ver con uno mismo, con su bienestar y sus tiempos.

—Lo que creo es que es la misma experiencia en la acción la que hace posible que nuestras motivaciones cambien y se vayan puliendo. No hay motivaciones de primera ni de segunda división; más bien hay que estar atentos a la acción voluntaria como lugar experiencial donde atesoramos las verdaderas razones por las cuales la persona voluntaria se queda, y no está simplemente de visita.

—Entiendo que es fundamental el acompañamiento de los propios voluntarios.

—Desde mi experiencia el acompañamiento a los voluntarios es eje trasversal de la formación. Nos jugamos mucho más en el acompañamiento personal y grupal que en la formación formal tradicional (cursos y jornadas). En el acompañamiento hemos de ser artistas para poner voz al sentido que la acción voluntaria cobra en cada persona. Lo importante no es hacer, sino qué significa y qué sentido tienen para mí eso que estoy haciendo como voluntario. Acompañamos desde la escucha, desde el cariño y desde el aprendizaje recíproco. Hoy muchos voluntarios sufren un especial momento de cansancio ante la crisis de la pandemia. Hemos de saber escuchar y acoger esas voces donde se esconden miedos, inseguridades y tantas incertidumbres que forman parte de nuestro entramado humano. También somos eso y hemos de recibirlo y atenderlo con la consideración y atención que este momento y que estas personas requieren.

—¿El valor ético de la acción voluntaria está por encima de los patrones de rendimiento de la sociedad y, sobre todo, de la sociedad de mercado?

—Si algo nos enseña la pandemia que estamos atravesando es que el tipo de vida, producción y consumo que nos ha traído hasta aquí ha tocado techo. No podemos estirar por más tiempo un tipo de progreso basado en la creencia en que somos ilimitados y que podemos con todo. Urge una nueva forma de encarar el presente y el futuro como humanidad. En este sentido, el voluntariado forma parte del futuro que emerge desde la lógica del cuidado. O cuidamos o perecemos como especie. Y la acción voluntaria es pionera —junto con otras tantas formas de compromiso dentro y fuera de la Iglesia— para que esta humanidad no se hunda presa de la avaricia de los más fuertes. El voluntariado se rige por la lógica del don, de la gratuidad, que no es el «yo doy para que tú me des», sino que más bien descansa en el «contigo, tú y yo hacemos camino».

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