Cultura

Entrevista a la ganadora del Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística, Izara Batres

La española Izara Batres, ganadora del XXXVI Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística, 14-12-2016

Izara Batres, ganadora del XXXVI Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística – RV

 

 

(RV).- En la tarde del miércoles 14 de diciembre de 2016 tuvo lugar la 36° edición del Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística en la Embajada de España ante la Santa Sede en Roma.

Izara Batres, una joven poeta madrileña, ganó el premio de este año con su poemario “Tríptico”, que como asegura el jurado del certamen, es una obra que “transfigura, mediante un lenguaje poético acerado, libre de hojarasca, desnudo y transparente, la experiencia del dolor, para convertirla en cauce de encuentro con un Dios al que la poetisa se aferra febrilmente”. Iraza Batres, Doctora en Literatura por la Universidad Complutense, se llevó el galardón tras ser una de los 10 finalistas, en un concurso en el que han participado un total de 261 poemarios procedentes de 27 países.

Entre los presentes en el evento, el Embajador de España ante la Santa Sede, Excmo. Sr. D. Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga y el Presidente del Comité de Honor, el Emmo. Sr. Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos, quién destacó que el premio “es un mensaje de esperanza al hombre actual, dividido entre tantos lenguajes discordantes e incapaz de oír el grito de su corazón sediento de Dios”,  y que “la poesía mística promueve la Verdad, Bondad y Belleza, realizada de modo absoluto en Dios, pero presente en cada persona, más allá de límites geográficos, étnicos y religiosos”.

En Radio Vaticana entrevistamos a la joven española minutos después de haber recibido el Premio Mundial Fernando Rielo, quien, con gran sentimiento recitó para la Radio del Papa unos versos de su poemario; versos que dedica a su propia madre y a la Madre del Cielo, la Virgen María:

Desbordada de mí, madre,
rota por mi herida;
con una cruz en el rostro,
que te siega las mejillas y la luna,
los ojos de noches sin luz y sin sueño,
la vida en las manos,
pidiéndote oración
por tu niña que se marchita;
avanzas extenuada,
batallando, con tu voz rota,
contra el adiós fulminante,
trayéndome de nuevo a este mundo
en un parto sin fin,
donde siempre nazco bella y firme
para después romperme en pedazos,
me traes, me llamas, me recuerdas el tiempo,
reclamas mi luz.
Me abrazas, me abrazas,
abrazas a la hija que fui,
a la niña que un día perdió
su mirada de estrellas.
Quiero que dejes de consumirte, madre,
quiero quitarte las ojeras
y el peso,
y que tu piel vuelva a ser tu piel,
y que resplandezcan tus ojos
hundidos de lágrimas.
Quiero verte, madre,
verte sin mi dolor en tus pupilas,
verte sin la alerta del miedo y de la herida;
quiero sangrar yo sola,
quiero abrazar el cuerpo que me has entregado
hasta la última gota,
las palabras con las que serenas mi alma
cada noche, para que pueda dormir,
para que pueda respirar. […]

(Mireia Bonilla para RV)

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