Revista Ecclesia » Entrevista a Carlos Escribano: «Es fundamental trabajar juntos cuidando el espíritu de comunión»
Congreso de Laicos Iglesia en España Última hora

Entrevista a Carlos Escribano: «Es fundamental trabajar juntos cuidando el espíritu de comunión»

El Congreso de Laicos «Pueblo de Dios en Salida» tenía como horizonte la llegada de «un renovado Pentecostés». Y para eso la Iglesia fijaba y sigue fijando su mirada en los laicos. Pese a que muchos planes hayan quedado alterados o anulados por la pandemia, este tiempo de reflexión personal también ha propiciado espacios para buscar las claves para descubrir por dónde queremos ir.

El arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, es desde el pasado mes de marzo presidente de la Comisión para los Laicos, Familia y Vida. Un contenido nada ajeno para él, ya que desde el año 2010 es miembro de esta Comisión, y dentro de ella, fue el obispo responsable del departamento de Pastoral de Juventud, desde 2017 hasta marzo de 2020.

Un año después del gran evento de Madrid, el arzobispo ha dialogado con ECCLESIA sobre uno de los grandes objetivos de esta Comisión: «Desarrollar el contenido del Congreso de Laicos». Tal y como ha reconocido Escribano, «hay elementos muy positivos que nos van a permitir dar pasos muy importantes en la organización del laicado». Por eso, «hay que seguir acompañándolos para que no sean actores de reparto, sino actores principales en la evangelización». Entre todos, tenemos el reto de fomentar «el trabajo sinodal y la experiencia de comunión para la misión». Trabajar juntos cuidando la espiritualidad de comunión «es fundamental», según el arzobispo. Es una experiencia indispensable para poder dar pasos seguros en la tarea evangelizadora.

—El Congreso de Laicos 2020 celebrado en Madrid se convirtió en uno de los eventos más importantes de la Iglesia española. Una alegría inspiradora que se ha visto marcada por la pandemia. ¿Cómo podemos sacar el lado enriquecedor de esta situación?
—Es cierto que la pandemia y las restricciones posteriores impuestas por la crisis sanitaria afectaron al desarrollo del Poscongreso. Eran muchas las iniciativas planteadas para poder acoger las conclusiones del Congreso que se vieron, en muchas ocasiones, truncadas o aplazadas.
A pesar de estas circunstancias adversas se ha seguido trabajando. Se han propuesto nuevos modos de reunirse, auxiliados por la tecnología, y se han dado pasos sustanciales en el proceso congresual. Baste nombrar dos hitos: el primero sería la publicación de la Guía de Trabajo que recoge muchas de las aportaciones realizadas durante la celebración del Congreso por los participantes en los diferentes itinerarios y, a su vez, contiene una serie de propuestas para seguir discerniendo a la hora de poder acoger y desarrollar dichos itinerarios en nuestra propia realidad.
El segundo sería la constitución de un órgano de coordinación y trabajo, el Consejo Asesor de Laicos dependiente de la Comisión Episcopal para los Laicos, que ya ha empezado a funcionar y que puede ayudar a desarrollar los contenidos y procesos que han surgido del Congreso.

—¿Cuáles son los retos del laicado para ser «sal y luz» en el mundo?
—Hay muchos retos que habría que abordar para conseguirlo plenamente. Particularmente entiendo que hay uno de singular importancia y que hace referencia al descubrimiento pleno de la vocación bautismal. El poder ayudar a todos los miembros del Pueblo de Dios a conseguirlo, pero de un modo especial a los laicos, nos ayudará a desarrollar todo el potencial que tiene el plan de Dios para cada uno, a buscar la vida plena y a tomar conciencia de lo que significa ser discípulo misionero.
Eso supone una conversión en nuestra acción pastoral que nos conduce a un cambio de paradigma a la hora de plantearla. Y no solo afecta a quien recibe la propuesta de evangelización; también habría que adaptar la «estructura» pastoral para priorizar lo que es realmente significativo para conseguir esa experiencia de vocación bautismal plena.

—Si hace un año decíamos que «era la hora de los laicos», ¿esta pandemia ha agudizado aún más la misión de impregnar las realidades de este mundo con el Espíritu?
—Sin duda. Una de las sensaciones que está engendrando esta situación es que parece que la secularización ha acelerado su proceso. Si antes de la pandemia, que es cuando se ve la necesidad de hacer este Congreso para reflexionar sobre el papel del laicado en una sociedad que había mutado, ya se veía imprescindible, con más motivo en este momento. Hay que seguir buscando caminos de presencia en los tres escenarios que recuerda Francisco en la Evangelii Gaudium (cfr. nº 14): los presentes, los alejados y los ausentes. Y para aproximarnos a ellos necesitamos «estrategias pastorales diferenciadas». En ellas los laicos, especialmente entre los alejados y los ausentes, tienen un especial protagonismo y solo desde su compromiso misionero podremos impregnarlas con la presencia del Espíritu.

—¿Cuáles son las claves para despertar a los laicos a esta corresponsabilidad con la Iglesia para llevar a cabo la misión compartida en todos los ámbitos?
—Sin animo de ser exhaustivo voy a subrayar algunas que me parecen fundamentales. La primera, que ya he mencionado anteriormente, sería el favorecer el que puedan tomar conciencia de su vocación bautismal, que les haga vivirla desde la perspectiva de la búsqueda de la santidad.
Creo que es importante también la escucha para que puedan expresar la realidad en la que están inmersos y el cómo asumen y viven, cada uno en contexto en el que están inmersos, el hecho de ser discípulos misioneros.
Cuidar las propuestas formativas para que los laicos puedan dar razones de nuestra esperanza. Es verdad que se han dado muchos pasos en este sentido, pero hay que seguir profundizando en la formación y conseguir adaptarla para que sea realmente útil a la hora de evangelizar en este momento.
El fomentar el trabajo sinodal y la experiencia de comunión para la misión. Trabajar juntos cuidando la espiritualidad de comunión me parece fundamental. Supone una experiencia enriquecedora e indispensable para poder dar pasos seguros en la tarea evangelizadora con el laicado.
También es necesario el cuidado de índole secular. Es la concreción y el cuidado de la especificidad del laico dentro de la vida de la Iglesia y su misión en el mundo. El laico está inmerso en medio de la sociedad y eso es lo específico suyo. Es muy importante la tarea evangelizadora que se puede desarrollar en medio del mundo para constituirnos en auténticas Iglesias en estado de misión permanente.

—¿Cómo acompañarles para que no sean actores de reparto, sino actores principales en la evangelización?
—Para que no sean actores secundarios hay que empezar confiando en ellos. Doy gracias a Dios que me ha permitido trabajar muchas veces, en distintos ámbitos, con laicos y ha sido siempre una experiencia interesante y enriquecedora.
El acompañamiento debe suscitarse en la cercanía que procura el poder compartir espacios en las tareas pastorales encomendadas. Sería un acompañamiento en sentido amplio que podría, si fuese necesario, convertirse en un acompañamiento personal que permitiese al laico desarrollar todo el potencial de su vocación bautismal y laical. Acompañamiento que deberá ser integral y que permita iluminar las dimensiones intelectual, pastoral y espiritual del laico.



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa