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Entrevista a Alicia Vacas: «Nuestra presencia misionera en esta Tierra Santa busca crear puentes»
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Entrevista a Alicia Vacas: «Nuestra presencia misionera en esta Tierra Santa busca crear puentes»

Probablemente su cara y su voz les resulten familiares, pues estos días se ha prodigado bastante en los medios de comunicación con ocasión de la campaña de lucha contra el hambre de Manos Unidas, de la que ha sido uno de sus rostros visibles. Se llama Alicia Vacas, nació en Valladolid hace 48 años y es la superiora provincial de las religiosas Combonianas de la provincia de Oriente Medio y Asia. Galardonada en 2015 con el Premio «Puentes y no Muros», de Pax Christi, la hermana Alicia, enfermera de formación, conversa con ECCLESIA desde Jerusalén, donde acaban de terminar el tercer confinamiento por la covid-19 en menos de un año. Con ella hemos hablado de proyectos de desarrollo y vacunas, de migrantes y de Trata, de los puentes que nos unen y de los muros y fronteras que nos separan…

—Hermana, ¿cuántas son en la provincia y dónde están?
—Treinta y ocho en total. Y estamos en Israel/Palestina, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Sri Lanka y Turquía.

—Me dicen que antes de llegar a Israel y Palestina estuvo en Dubai y en Egipto.
—Sí, en el primer país un año, y en el segundo ocho, desde 1999 a 2007. Dubai fue mi trampolín misionero y una prueba de fuego intercultural. Allí estudié inglés y trabajé con emigrantes indios, filipinos, pakistaníes, srilankeses… En Egipto, donde estudié árabe e islam, la experiencia fue más fuerte y profunda en cuanto al encuentro con los demás y las otras religiones.

—Y lleva en Tierra Santa desde 2008…
—Sí. Aquí, en Jerusalén, nuestra comunidad está en Betania, pegada al muro que separa Israel y Palestina. De hecho, el muro se levanta sobre la verja de nuestro jardín. Cuando lo construyeron perdimos el contacto con Betania, así que alquilamos una casa al otro lado y dos hermanas viven ahora en un piso junto a los cristianos del otro lado. Somos una única comunidad, pero vivimos en dos casas a ambos lados del muro. En realidad, podemos hablar por la ventana, pero para venir de una casa a la otra tenemos que hacer 18 kilómetros y dar la vuelta al check point (punto de control militar).

—Entonces entenderán mejor que nadie al Papa Francisco, cuando habla de tender puentes y acabar con los muros.
—Sí, claro. Nos marca mucho estar en el muro, en la frontera, que, por otra parte, es donde tenemos que estar los misioneros. No lo hemos elegido nosotros, pero nos encontramos viviendo en una frontera geográfica, de conflicto y cultural. Y creo que nuestra presencia misionera en esta Tierra Santa es la de crear puentes, la de trabajar en los dos lados, conectando con activistas de las dos partess y con gente que esté dispuesta a trabajar por la reconciliación. Trabajamos en la defensa de los más débiles y marginados tanto con organizaciones de Palestina como de Israel.

Entrevista a Alicia Vacas: «Nuestra presencia misionera en esta Tierra Santa busca crear puentes»

—Hábleme de los proyectos que financia Manos Unidas. Explique a los lectores a dónde van a parar los donativos que les hacen.
—Manos Unidas nos ayuda mucho. Las hermanas Combonianas trabajamos como enfermeras en la clínica abierta de los Médicos por los Derechos Humanos, y Manos Unidas financia tanto su clínica abierta como su clínica móvil, en las que se asiste a personas sin recursos y sin asistencia sanitaria. En Israel nos sostiene también el proyecto «Kutchinate» (con mujeres inmigrantes víctimas de Trata), y otro de atención a los beduinos. En Jordania dota de fondos al hospital italiano de Al-Kerak, localidad situada en una zona donde hay muchísimos refugiados iraquíes y sirios, además de beduinos y otras minorías étnicas marginadas. En estos tiempos difíciles de covid-19, Manos Unidas siempre ha estado al quite y disponible con sus fondos de emergencia.

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