El cierre de las escuelas en Chad aumenta el riesgo de que las niñas puedan sufrir abusos y mutilación genital / Sergi Cámara
Internacional Última hora

Entreculturas alerta de la vulnerabilidad de los niños migrantes con su campaña «Sin escuela, sin refugio»

Hay lugares en los que la escuela es mucho más que la escuela. Hay lugares en los que la escuela lo es todo, especialmente para aquellos niños que han tenido que dejar atrás su tierra, huyendo de la guerra, la persecución, el hambre o la pobreza.

La pandemia de COVID-19 ha dejado sin escuelas a más de siete millones de niños migrantes y refugiados. Lo denuncia Entreculturas en el marco de la campaña «Sin escuela, sin refugio», lanzada con ocasión de la celebración este 20 de junio del Día Internacional de las Personas Refugiadas. «No es que se hayan quedado únicamente sin clases, es que han perdido su espacio de protección, su espacio para jugar y socializarse», dice Lucía Rodríguez, responsable de Incidencias de la ONG de los jesuitas.

Según sus datos, la mitad de todos los refugiados que hay en el mundo tienen menos de 18 años. Hay más de siete millones de niños, niñas y adolescentes en edad de estudiar y, sin embargo, casi la mitad de ellos no van a colegio. Con el COVID, además, ha empeorado drásticamente su situación. «Para estos niños el cierre tiene consecuencias devastadoras, porque en muchos casos es allí, en la escuela, donde hacen la única comida fuerte del día. La clausura afecta también a su acceso al agua potable y a la higiene personal. Quedan, asimismo, mucho más expuestos a la violencia y a la posibilidad de ser abusados y explotados. Para las niñas, en concreto, el cierre supone una mayor exposición a la violencia física y sexual, pues no pueden ir al que es su refugio: la escuela. Están más expuestas a embarazos precoces, a matrimonios infantiles y a la mutilación genital femenina», indica González.

La ONG explicó el 17 de junio, en rueda de prensa telemática, cómo se ha adaptado para poder seguir atendiendo a unos niños cuyo acceso a la educación resulta ya de por sí muy difícil debido a la situación de los campos de refugiados (hacinamiento, problemas de agua, de salud, etc.) y a la realidad personal que arrastran los alumnos: pérdida de familiares, desprotección, desarraigo, violencia, etc. «Tratamos de llegar a ellos mediante educación a distancia, por radio, por teléfono, distribuyendo materiales educativos a las familias, etc. Distribuimos también agua, medicamentos y alimentos al alumnado y a sus familiares tanto en países de América (México, Haití…) como de África (Malawi, Burundi, etc.)», indica Luca Fabris, responsable de Cooperación Internacional para África.

Mutilación genital en Chad

En Chad, uno de esos países, hay unos 360.000 refugiados sudaneses en los campos del este del país, y otros 6.900 de diversas nacionalidades en Yamena, la capital, según ACNUR. Con ellos trabaja el Servicio Jesuita al Refugiado (JRS), que a mediados de este curso tenía escolarizados en esos 12 campos del este a 75.300 menores (el 54% de los niños de Primaria y el 53% de las niñas) y a unos 2.200 en Yamena.

Elena González, directora de programas del JRS en Chad, expresa su preocupación por la situación de las niñas tras el cierre de escuelas decretado en marzo por el gobierno. «Se estima que el 38% de las mujeres y niñas de entre 15 y 49 años han sufrido en Chad mutilación genital femenina. De los campos de refugiados no tenemos datos, pero su población es sudanesa. Y en Sudán, en el mismo rango de edad, ese porcentaje es del 87%. No sabemos qué pasa en los campos porque la comunidad es bastante cómplice, silenciosa, impermeable y opaca, y por tanto la situación no siempre trasciende. Hemos visto estudios de UNICEF que auguran que a causa de la pandemia van a aumentar los matrimonios infantiles y las mutilaciones genitales. Dicen que en los próximos años habrá 13 millones más de matrimonios infantiles y dos millones más de mutilaciones».

Con el cierre de las escuelas, las niñas son más propensas a abusos y tienen sobrecarga de tareas domesticas. «Ha sido muy complicado poner en pie un sistema de educación a distancia, pues hay muy poca tecnología, y además los padres y madres que deberían hacer el seguimiento son analfabetos. Hemos trabajado con Whatsapp, con profesores haciendo visitas a domicilio, etc. El mayor desafío, no obstante, será cómo conseguir que todos esos niños —que han entrado en una dinámica diferente— vuelvan a la escuela. Los mayores retornan a las clases ahora, en junio, y los pequeños en septiembre».

Farida Fadoul Nasser, refugiada centroafricana de 15 años que vive en Yamena, explicó que ahora es su hermana mayor, universitaria, la que hace las veces de profesora. Dice que echa de menos las clases del instituto y a sus amigos, y que de mayor quiere ser doctora para curar a la gente. A veces, relata, no puede ir a la escuela porque su padre está en paro y, en ocasiones, es difícil conseguir comida.

Líbano: 3.000 niños, 600 mujeres y 300 familias

La guerra de Siria, que va ya por su noveno año y ha provocado la huida de entre cinco y seis millones de personas, está teniendo serias consecuencias para el Líbano, un país que está al borde del colapso y que ha acogido a un millón de refugiados sirios. Se trata de personas que en su gran mayoría no se han integrado en aquella sociedad, que no saben cuándo podrán volver y que, incluso a largo plazo, «es muy difícil que puedan llevar una vida digna».

En el País de los Cedros, las escuelas fueron cerradas también a primeros de marzo. Entreculturas atiende allí a cerca de 3.000 niños y niñas, a más de 600 mujeres a través de dos centros sociales, y a 300 familias. Rayhana Itani, coordinadora pedagógica de JRS allí, ha explicado que su organización empezó a distribuir materiales a los padres para que pudiera proseguir la educación de sus hijos y que en una segunda etapa están haciendo educación a distancia a través de grupos de Whatsapp. «En nuestras escuelas tenemos refugiados sirios, pero también palestinos y libaneses en situación muy precaria», señala.

Colombia: Menores durmiendo en las calles y niños captados por los grupos armados

La situación de los migrantes venezolanos en Colombia es también dramática. De ella dio buena cuenta Óscar Javier Calderón, director regional del Servicio Jesuita al Migrante en Latinoamérica y el Caribe, que refiere que «muchas familias y muchos menores se encuentran durmiendo en la calle, en las estaciones de autobuses, entradas de hospitales, etc. y necesitan bienes de primera necesidad».

La precariedad y las medidas de confinamiento, por un lado, y el rechazo creciente por parte de los colombianos, que los acusan de propagar la pandemia, por otro, han hecho que más de 70.000 venezolanos hayan regresado a su país desde el inicio de la pandemia. «Solo en el mes de mayo —lamenta— han sido hallados 48 niños que estaban retornando solos, sin sus padres o un adulto».

Calderón indica también que entre los refugiados «hay miles de niños y niñas a los que tenemos que reintegrar en el sistema educativo». Y expresa su preocupación por las nuevas formas de reclutamiento forzoso de menores por los grupos armados. «Las llevan a cabo grupos clásicos como el ELN, pero también nuevas insurgencias como las Autodefensas Gaitanistas, los Caparrapos, las disidencias de las FARC… Reclutan a través de grupos de Whatsapp, de Facebook y otras redes sociales, invitando a los jóvenes a participar en fiestas, ofreciéndoles regalos y dinero para seducirnos y enrolarlos. Los órganos del Estado han logrado desvincular ya a 29 niños. Entre 1999 y 2020 hubo 6.678 menores rescatados».

Además de por esta circunstancia, el director de JRS en América Latina expresa también su preocupación por la violencia que sufren los líderes sociales y sus familias. «De enero a abril de este año —subraya— han sido asesinados 49 líderes y defensores de derechos humanos, crímenes en los que han perdido la vida también tres de sus hijos».

Según Entreculturas, en estos momentos hay 144 países que tienen cerradas sus escuelas, lo que ha dejado en casa al 64% del alumnado mundial. Se ha demostrado que en este tipo de situaciones la vulnerabilidad de mujeres y niñas se incrementa notablemente. La ONU advierte que en los últimos doce meses 243 millones de niñas y mujeres en el mundo han sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja, familiares o personas cercanas.

 

Print Friendly, PDF & Email