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«¿Por qué no siento a Dios?». Fray Abel de Jesús aborda esta cuestión y deja tres consejos esenciales

En la última pieza audiovisual, el carmelita descalzo fray Abel de Jesús reflexiona a propósito de la aparente ausencia de Dios en nuestra vida, de esos momentos de silencio donde, en la oración, pudiera parecer que estamos rezando al aire.

En el vídeo, el carmelita youtuber nos invita a vivir con paz este proceso pues grandes santos como Teresa de Jesús o Juan de la Cruz han vivido y escrito sobre lo que hoy conocemos como desierto espiritual. Refiriéndose al poeta místico, Abel de Jesús nos anima a discernir y distinguir las razones por las que se ha podido producir esa «distancia» y ver si obedece a una cuestión de tibieza o de  sequedad espiritual. Respecto al primer punto, nos corresponde a nosotros hacerle frente. A juicio del fray, nos vemos inmersos en esta situación por nuestro modo de ejercitar, con «desgana y flojera», nuestra «vida espiritual», que tiene como consecuencia que «nuestra oración sea un poquito un desastre». La sequedad, por otro lado, es querer y no poder. Es algo que permite Dios que ocurra para hacernos crecer en nuestra unión con Él.

En la pieza fray Abel deja tres consejos esenciales para todos aquellos que transitan por el silencio de Dios. En primer lugar, a pesar de las actuales circunstancias en las que nos encontremos, debemos estar agradecidos con Jesús y ser capaces de leer entrelíneas lo que nos está queriendo decir –aún cuando nosotros le sintamos como una ausencia–. Su silencio puede ser mucho más elocuente de lo que nos imaginamos. En segundo lugar, perseverar «con determinada determinación», como dice santa Teresa. «Ten en cuenta que la peor oración de todas es la que no se hace». Poniendo el ejemplo de dos amigos a los que una serie de circunstancialidades pueden llegar a separarlos, Abel de Jesús nos recuerda que tanto en la amistad  como con Dios «el amor debe tener ciertas dosis de incondicionalidad». Por último, nos anima a hacer un giro cristocéntrico. Esto es: «ya no acudir a la oración para sentirnos bien nosotros sino para que se sienta bien Jesús». Esto, acompañado de un cambio de actitud, de disposición frente a Él, poniéndonos en juego a través de las obras de caridad con el prójimo, pueden ayudarnos a salir de nosotros mismos y volver a asombrarnos en los pequeños gestos de amor que conforman la existencia.

Tras transitar por la travesía teonaútica que nos propone fray Abel de Jesús, después de haber pasado por el logos y el pathos, nos adentramos en el fanos, en la oración con Dios.

Y recordando a Isaías (41, 10), el carmelita youtuber nos deja en su último vídeo rezando el salmo: «No temas, que yo estoy contigo».

 



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