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Iglesia en España

«Enlázate por la Justicia»

Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y Redes organizaron una vigilia de oración el 7 de mayo y lanzaron un manifiesto en pro de un cambio en la realidad social

En las principales ciudades de España y en otros muchos lugares, en la tarde del miércoles 7 de mayo hubo vigilias de oración en pro de un cambio de la realidad social y de un modelo económico que no genere injusticias. La iniciativa fue promovida por Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y Redes.
Bien al comienzo  o al final de los actos, se leyó y distribuyó el siguiente manifiesto:

«Como miembros de organizaciones de Iglesia, estamos transformación de la realidad social y el cambio de desigualdades, vulneración de derechos y situaciones de pobreza y exclusión en todo el mundo.
Todos somos conscientes de la dramática realidad que viven muchas personas en España. La difícil situación por la que atraviesa nuestro país nos muestra una pobreza cada vez más cercana, que nos puede llevar a ignorar otra pobreza que, no por lejana, deja de ser intensa, deshumanizadora y desgarradora.
Es nuestra responsabilidad moral y nuestro deber como cristianos mirar la realidad de lo que ocurre en el mundo, analizar las causas de la injusticia –que son las mismas en todos los países– y actuar para acabar con ellas.
El Papa Francisco, en su exhortación apostólica Evangelii gaudium, recuerda que “la Iglesia guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas”.
Estamos llamados, por tanto, a construir el reino de Dios y a buscar el bien común de toda la familia humana, de una familia formada por nuestros vecinos y amigos más cercanos, pero también por los más lejanos, como la madre congoleña que no puede dar medicinas a su hijo o por la niña que todos los días camina doce kilómetros para ir a la escuela. No somos tan diferentes ni estamos tan lejos unos de otros. Nuestros rostros reflejan la diversidad del mundo y la misma ilusión por vivir, idéntica esperanza en el futuro y una sólida firmeza para luchar por nuestra dignidad y la de nuestras familias.
Como escribió el papa emérito Benedicto XVI, en su carta encíclica Caritas in veritate, “el desarrollo de los pueblos depende de que se reconozcan como parte de una sola familia humana, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro”.
Nosotros somos testigos privilegiados de cómo esa colaboración entre personas y entre países de la que hablaba Benedicto XVI ha ayudado a transformar la realidad.
Podemos dar fe de pequeños milagros conseguidos a través de la cooperación fraterna y recíproca: cómo un campesino del Amazonas logra su primera cosecha en muchos años; cómo una cooperativa de mujeres de Bangladesh pone en marcha un taller de costura; o cómo unos jóvenes haitianos aprenden un oficio que les permite llevar dinero a sus casas…
Desde esta presencia, pedimos la máxima responsabilidad a las administraciones públicas para construir las bases de un nuevo modelo social y económico centrado en las personas; para articular políticas encaminadas a promover los derechos humanos y la justicia en todo el mundo; y, sobre todo, para que “no miren hacia otro lado mientras millones de personas pasan hambre”, como expresó el Papa Francisco en el lanzamiento de la campaña “una sola Familia humana. Alimentos para todos”.
“En este marco se comprende –escribe Francisco en la exhortación Evangelii gaudium- el pedido de Jesús a sus discípulos: “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6,37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos. La palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos”.
Que nuestras organizaciones católicas sepan dar respuesta a esa corriente de solidaridad, en la afluyen el trabajo de cooperación aportado por miles de manos: las de tantas personas voluntarias, trabajadores remunerados, y religiosos y religiosas que hacen posible los distintos proyectos de desarrollo que se llevan a cabo en más de un centenar de países de todo el mundo. n



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