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Engolosinando almas

Sí, es cierto: la vida es inmensamente complicada. Pero también tiene muchísimas bondades, que hacen de cada momento algo único y especial. Saber ver estos detalles es lo que no nos empuja directamente a asaltar en masa las boticas en busca de Prozac.

Hace un par de años, desayunando en el hotel donde pasaba mis vacaciones, me esperaba junto al café un sobe de azúcar con una imagen de Santa Teresa de Calcuta. Junto a ella, una frase inspiradora: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota». No sé si me pilló en un momento bajo, pero aquella frase se me clavó dentro, y fue todo un chute de energía. Decidí compartirla en mis redes sociales. Para mi sorpresa, fueron muchos los comentarios y los likes que recibió ese simple sobre de azúcar.

Desde entonces, cada vez que paso por una cafetería y tienen ese tipo de azucarillos, hago una foto, para sorpresa de mis acompañantes. De vez en cuando seguía colgando algunas imágenes en Instagram o en Twitter, hasta que se me ocurrió fijarlo como algo propio. Cada lunes, a primera hora, ahí está: una frase inspiradora, motivadora, junto a un café o un té, para comenzar con buen pie la semana. Lo que empezó siendo algo casual, se ha convertido en toda una afición. Y no son pocos quienes ya esperan la publicación de cada lunes. Todas ellas, agrupadas bajo la etiqueta #AzucarillosConMensaje. Lamentablemente, la pandemia cortó esta costumbre. Pero recientemente, al volver a los bares, he empezado a retomarla.

Puede que haya quien piense que hay una corriente del ‘buenrrollismo’, que impregna desde el material de oficina hasta las tazas del desayuno, pasando por el felpudo que adorna la puerta de mi casa, y los citados sobres de azúcar. Habrá quien huya del exceso de cultura naïf. Sin embargo, está comprobado que unas palabras dichas en un momento oportuno pueden ser lo suficientemente inspiradoras para quien necesite de un empujón. Me gusta pensar, cada vez que comparto estas imágenes en las redes sociales, que alguien ha encontrado esa gasolina para arrancar un lunes por la mañana, un justificante para su sonrisa diaria, o un bálsamo para su herida. Pequeñas gotas que hacen grande el mar …

Siendo consciente de que bastantes cosas malas tiene ya de por sí la vida de cada uno, no me gusta regodearme en mi miseria personal. Prefiero compartir lo que me hace feliz, aunque sean pequeños chispazos de felicidad. Y me encantaría que estas redes, que nos conectan a unos con otros, fueran un espacio de armonía. Un lugar donde reencontrarme con la esperanza, con las posibilidades, con algo que me impulse y no me frene. Me encanta publicar en positivo, mostrar la belleza que me rodea: desde el impresionante cielo azul de mi Ávila querida, hasta la tranquila armonía de un caracol agarrado a un tallo. Y ver la vida con optimismo, con ganas, teniendo esperanza en la bondad del ser humano.

Y mi pequeña aportación será seguir «engolosinando almas» (como decía Santa Teresa de Jesús) a través de esa filosofía impregnada en humildes sobres de azúcar.



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