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Encuentro y diálogo, desde la Fratelli tutti, para el futuro de Europa

La entidad católica Justicia y Paz ha emitido un documento donde analiza, a través de seis puntos clave, los retos de Europa para este año 2021.

«La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida» (Fratelli tutti, 215)

Bajo el paraguas de la última encíclica del Papa Francisco, desde Justicia y Paz consideran este año como  un momento crucial para Europa. Se trata, como bien han señalado desde la entidad que lucha por promover y defender los derechos humanos, el primer año después del Brexit y, por tanto, esencial para reconstruir las conexiones positivas entre el Reino Unido y sus vecinos. La Unión Europea está invitada a repensar su papel en Europa y en el mundo.  Sus logros históricos, al parecer de Justicia y Paz, «están fuera de toda duda, pero hoy en día se espera una Europa más social, una Europa de la salud pública, una Europa de una sola voz en apoyo de la democracia y los derechos de las personas en todo el mundo y una Europa de una acción fuerte y unida por el clima y la biodiversidad» .

La necesidad de generar un mayor sentido de pertenencia

Durante los próximos años, la ciudadanía está llamada a contribuir en la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Esta iniciativa, un proyecto conjunto de la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea, abrirá un amplio debate sobre el rol de los 27 en la próxima década.

Desde la Segunda Guerra Mundial, estas instituciones han trabajado en el desarrollo de métodos pacíficos para equilibrar los intereses económicos, las perspectivas geográficas y las percepciones históricas divergentes entre la población europea. Sin embargo, en los últimos 15 años, la Unión ha padecido debido a la falta de solidaridad al enfrentarse a los problemas institucionales, financieros y de migración.

Ahora se encuentra ante el abrumador desafío de la pandemia, el aumento de las desigualdades sociales derivadas de la misma, la inestabilidad en sus fronteras (Libia, Ucrania, Turquía, Bielorrusia) o el drama de las sociedades cada vez más polarizadas y desprovistas de herramientas para hacer frente a la situación. Basta con ver las tensiones vividas durante los últimos meses en las grandes capitales europeas para ver, como dicen desde Justica y Paz, «que hay indicios de un divorcio entre la UE y una parte mensurable de su ciudadanía».

A juicio de la entidad, los logros y el potencial futuro de la UE «merecen y requieren nuevas iniciativas, emprendidas tanto por las personas electas como por la ciudadanía, para mejorar la credibilidad» de las instituciones y generar un mayor sentido de pertenencia por parte de la población.  « »

Luchar contra la percepción de excesiva de burocratización, elaborar una estrategia coherente y común en los ámbitos de la defensa y asuntos exteriores, fomentar la educación y conectar con la gente son algunos de los puntos esenciales sobre los que trabajar y que la covid-19 no ha hecho sino mostrar la necesidad de repensamiento para poder salir adelante en el siglo XXI.

Los retos para la post-pandemia

Cuentan desde Justica y Paz que el impacto de la covid-19 ha mostrado tanto la necesidad como el deseo de acometer cambios de calado. Se ha convenido un paquete financiero conjunto de varios miles de millones de euros de la UE, que permitan una solidaridad financiera real con los países y regiones más gravemente afectados por la crisis económica y social provocada por la pandemia del coronavirus. Quienes dirigen la UE han demostrado que las negociaciones multilaterales, a pesar de su ardua labor, pueden trascender las diferencias. Estos meses hemos podido encontrar compromisos  firmes para la construcción de un bien común que tenga en cuenta las necesidades básicas y los temores de cada parte. Para que la UE aumente su credibilidad y legitimidad ante su ciudadanía, debe ampliar este acto de solidaridad a ámbitos que van desde la salud pública y la justicia social hasta la cooperación exterior, pasando por la migración y los desafíos medioambientales. Para ello es esencial entablar un diálogo equilibrado y respetuoso con los países limítrofes.  Además, el Consejo de Europa, la OSCE y también la OTAN tienen importantes tareas que cumplir dentro y fuera de Europa. Por lo tanto, la UE debe promover nuevos encuentros reales con estas organizaciones a fin de lograr el bien común. Cada una de ellas puede convertirse en un lugar de encuentro y trabajo conjunto de la ciudadanía europea en materia de seguridad compartida, gestión de la migración, derechos y responsabilidades.

A medida que desarrollemos métodos para el diálogo cívico adecuados a nuestros tiempos, debemos demostrar fidelidad a nuestras raíces y valores comunes (el Estado de derecho, el respeto de los procedimientos democráticos), autenticidad en el compromiso (reconocer las vulnerabilidades, riesgos y errores de manera transparente, abordar las deficiencias) y un profundo respeto de las identidades y los temores de cada participante. La diversidad de idiomas, religiones, nacionalidades, experiencias históricas y comprensión de Europa debe ser atesorada como expresión de nuestro patrimonio común, y no como un obstáculo que deba ser borrado o superado. De hecho, el diálogo debe basarse en la subsidiaridad, fomentando un sentido de autonomía y creatividad local y debemos tener siempre presente lo que nos une. El diálogo en cada organismo europeo también debería mantener una puerta abierta para la ciudadanía que no pertenece a él y, sí, también para las personas que viven en otras partes del mundo. De hecho, para que las decisiones sean propiedad de la ciudadanía, las instituciones y quienes las lideran deben acoger la diversidad a la vez que unen sus fuerzas en la adversidad. El verdadero diálogo mantiene el liderazgo y la escucha, la unidad y la diversidad, en equilibrio. Es el método que crea la confianza necesaria para manejar las crisis, centrándose en el bien común y no en el mínimo común denominador.

El diálogo es clave, el diálogo es también la praxis. Desde Justicia y Paz Europa, conformada por 32 Comisiones Nacionales de Justicia y Paz que contribuyen a la sensibilización de la doctrina social católica en las sociedades europeas y en sus instituciones, hablan de la importancia de dejarse inspirar por el Evangelio, tomando como referencia  la encíclica Fratelli tutti.  Escuchar a los ciudadanos, atender a la inclusión de la vecindad más marginada y estar en relación permanente  con representantes políticos y de la sociedad civil, son elementos claves para fortalecer encuentros que ayuden a las instituciones europeas a adaptarse a las nuevas condiciones de nuestros tiempos.



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