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Encuentro por el 50 aniversario de la muerte del Cardenal Agustín Bea

El cardenal Bea, modelo para el diálogo ecuménico e interreligioso

El Papa Francisco recibe a los participantes del Encuentro por el 50 aniversario de la muerte del cardenal Agustín Bea y asegura que el testimonio de maestros judíos y católicos que enseñan juntos “vale más que muchos discursos”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano, Vatican News, 28 de febrero de 2019
El Papa Francisco recibe a los participantes del Encuentro por el 50 aniversario de la muerte del Cardenal Agustín Bea (Vatican Media)

En el 50 aniversario de la muerte del cardenal Agustín Bea sj, el Papa Francisco se reúne con algunos miembros del Centro de Estudios Judaicos «Cardenal Bea» de la Universidad Gregoriana, así como del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, del Instituto Bíblico Pontificio y el Centro para el Estudio del Cristianismo en la Universidad Hebrea de Jerusalén, en la Sala del Consistorio del Vaticano. Para el Papa Francisco este encuentro es una oportunidad para “volver a visitar esta distinguida figura y su influencia decisiva en algunos documentos importantes del Concilio Vaticano II”, como por ejemplo, las relaciones con el judaísmo, la unidad de los cristianos, la libertad de conciencia y la religión.

En su Discurso, el Papa ha expresado que el Card. Bea no solo debe ser recordado por lo que hizo, “sino también por la forma en que lo hizo” y asegura que es un modelo en el que inspirarse para el diálogo ecuménico e interreligioso, y de manera eminente para el diálogo «intrafamiliar» con el judaísmo. Además, ha recordado las 3 palabras con las que el Presidente del Congreso Judío Mundial, Nahum Goldmann, le describió: «comprensivo, lleno de bondad humana y valiente». Tres aspectos esenciales – ha puntualizado – “para quienes trabajan por la reconciliación entre los hombres”.

En primer lugar, la comprensión hacia los demás

“El cardenal Bea estaba convencido de que el amor y el respeto son los primeros principios del diálogo” ha explicado el Santo Padre a los participantes, pues Bea decía que «el respeto nos enseñará también la forma correcta de proponer la verdad»; “es cierto” – dice el Papa – “no hay verdad fuera del amor, y el amor se expresa en primer lugar como la capacidad de acoger, abrazar, llevar consigo mismo: «Com-prenderse».

El segundo aspecto: la bondad y la humanidad

El Papa Francisco ha destacado también la capacidad del Cardenal Bea de “crear” vínculos de amistad y vínculos fundados en la fraternidad que nos une. Por tanto, es notoria su “comprensión” que acepta al otro y su “bondad” que descubre y crea vínculos de unidad.

Por último, su temperamento valiente

El tercer aspecto que el Papa ha querido describir es su temperamento valiente. “El cardenal Bea tuvo que enfrentar muchas resistencias en su trabajo por el diálogo, e incluso siendo acusado y difamado, continuó, con la perseverancia de quienes no renuncian al amor” ha explicado Francisco, asegurando que no era “ni optimista ni pesimista”, sino “realista” sobre el futuro de la unidad: “por un lado consciente de las dificultades, por el otro convencido de la necesidad de responder al sincero deseo del Señor de que los suyos sean «una sola cosa»”.

El camino ya recorrido

Subrayando el fructífero camino emprendido en el diálogo entre judíos y católicos después de Bea y su escuela, el Papa dice que el Centro de Estudios Judaicos «Cardenal Bea» es un hito en este proceso: “cuando la Santa Sede pidió a la Universidad Gregoriana que lo estableciera, les confió convertirse en «el proyecto más importante de estudios judíos de la Iglesia Católica»”. Y dirigiéndose a los docentes de los diversos centros, Francisco ha asegurado que: “El diálogo va adelante a dos voces, y el testimonio de maestros judíos y católicos que enseñan juntos vale más que muchos discursos”.

¿Cómo continuar el camino?

Hasta ahora, el diálogo judeo-cristiano a menudo se ha llevado a cabo en un campo reservado para especialistas – ha dicho el Papa – declarando que “la profundización específica y el conocimiento son esenciales, pero no son suficientes”, pues “junto a este camino debemos tomar otro, más amplio, el de difundir los frutos, para que el diálogo no siga siendo la prerrogativa de unos pocos, sino que se convierta en oportunidades fructíferas para muchos”.

Por último, exhorta a que la amistad y el diálogo entre judíos y cristianos vaya más allá de las fronteras de la comunidad científica: “Sería bueno, por ejemplo, que en la misma ciudad los rabinos y los párrocos trabajaran juntos, con sus respectivas comunidades, al servicio de la humanidad sufrida y promoviendo formas de paz y diálogo con todos”.

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