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En un documento elaborado por la Compañía de Jesús denuncia la crisis eco-social

Los jesuitas piden la regeneración de la vida pública, la calidad institucional y el liderazgo social, y denuncian la crisis del estado social

§  El informe “Crisis de solidaridad. Solidaridad ante la crisis” propone diez medidas para involucrar al Estado y a la sociedad civil en el refuerzo de la solidaridad y para paliar los efectos de la crisis.
§   La Compañía de Jesús denuncia una crisis eco-social y se muestra preocupada por casos de abusos y corrupción, “causa y expresión de la crisis”. Entre las medidas propuestas, los jesuitas piden el desarrollo de los derechos humanos, promover una cultura de solidaridad y una educación universal de calidad, y exigen una ciudadanía responsable.
La Compañía de Jesús ha presentado en la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE el documento “Crisis de solidaridad. Solidaridad ante la crisis”, que han elaborado conjuntamente los distintos sectores de los jesuitas en España. En él analizan la crisis de nuestro país desde el punto de vista de la solidaridad y desde la experiencia de sus instituciones. Con este texto quieren compartir no sólo sus reflexiones, inquietudes e interrogantes sino también sus propuestas o vías de solución. 
Los encargados de presentarlo en una mesa redonda han sido: Ana García-Mina, Vicerrectora de Servicios a la Comunidad Universitaria y Estudiantes; Daniel Izuzquiza, SJ, Director de entreParéntesis y Razón y Fe; Raúl González Fabre, SJ, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Comillas ICADE, y Cristina Manzanedo, abogada del Servicio Jesuita a Migrantes SJM-España. 
En palabras de Izuzquiza, “Es un documento pre-político, o metapolítico: quiere analizar, dar orientaciones y no tanto propuestas específicas para la legislatura”. Uno de los aspectos importantes del documento es el referido a la economía. Para Fabre, “hay que hacer una solidaridad distinta para salvar la solidaridad. Las respuestas de hace 30 años ya no nos sirven en la economía que estamos, pero el ir deshaciéndonos de las respuestas del pasado, puede conllevar, sin querer, a deshacernos de la solidaridad”. Por otro lado, en la parte política, hace falta un cambio, una renovación. “Este 2015 está siendo muy marcadamente electoral y supone la irrupción y asentamiento de los partidos emergentes. Más allá del resultado final del 20 de diciembre se respira ya otro aire. Si eso se va fraguando puede ser un paso relevante en la modificación de estados de opinión, en cuestiones de transparencia o de democracia interna de los partidos”, apuntó Izuzquiza. 
 
Crisis de solidaridad
En el documento se avala la tesis de que, a pesar de que ante la crisis ha habido muestras de solidaridad, estamos también ante una “crisis de la solidaridad porque se han generado reacciones insolidarias, e incluso la crisis ha sido un estímulo para justificar la insolidaridad (como actitud personal y como valor asumido en nuestras estructuras sociales y políticas)”. 
Durante la presentación, Izuzquiza, uno de los autores del documento, reconoció que en él se afirma que “Estado social sufre hoy una grave crisis, con la paradoja de que la solidaridad institucionalizada ha podido desactivar la solidaridad voluntaria y con la constatación de que el modelo de Estado social, tal como lo hemos conocido, es inviable en el contexto de la globalización. En todo caso, esta crisis impide volver a lo de antes y exige grandes dosis de imaginación y creatividad”. 
En el plano europeo, los jesuitas consideran que “crece la sospecha de que interesa más ‘la Europa de los Mercaderes’ que ‘la Europa de los ciudadanos’” y en el plano global interpretan que “no tiene sentido reforzar fronteras y levantar muros” y que “mientras no haya una instancia de gobierno mundial que sirva de contrapeso y control al poder de los grandes agentes económicos que de hecho gobiernan el planeta, estaremos abocados a la globalización de la indiferencia y no la de la solidaridad”. 
En este sentido, Cristina Manzanedo afirmó que “vivimos en un mundo vallado para las personas”, y advirtió que “terrorismo y refugiados son dos fenómenos diferentes y confiamos que unos actos terroristas no  sirvan de excusa para paralizar la acogida a refugiados”.
Vías de solución
Las propuestas o vías de solución la realizan los distintos sectores de la Compañía de Jesús 
después de haber contemplado la realidad de aquellos que pasan por sus instituciones (de carácter social, colegios, universidades, parroquias, centros juveniles…) Consideran, entre otros, como principios irrenunciables de esas posibles soluciones el poner a la persona humana en el centro, el tener como objetivo el lograr el bien común de la sociedad y el garantizar los derechos sociales. 
Su decálogo de propuestas se dirigen tanto a la ciudadanía (solidaridad espontánea), como a la sociedad civil (solidaridad organizada) y al Estado (solidaridad institucionalizada) para promover: “una ciudadanía comprometida con la solidaridad, un tejido social que construye solidaridad, y unas políticas públicas renovadas para fortalecer la solidaridad”. Propuestas : 
1-Promover una cultura de la solidaridad: para que los ciudadanos se conciban co-responsables de las necesidades de todos. Y reflexionar para revisar nuestros estilos de vida, caminando hacia una mayor austeridad (“vivir más sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”), así como buscar medios para participar en la vida pública y contribuir al bien común. 
2-Fortalecer la sociedad civil: promoviendo su articulación con el Estado y el mercado para que los ciudadanos sean verdaderos cauces de participación en el espacio público.
3-Desarrollar la economía civil: que atienda a todas las dimensiones del ser humano, no sólo las económicas, impulsando las iniciativas novedosas de consumo, financiación o producción que constituyen un embrión de una nueva lógica económica.
4-Renovar el Estado social para fortalecerlo: para que sea más transparente, más eficiente, más participativo. Debe abrirse un debate, no para desmontarlo, sino para fortalecerlo, revisarlo y dimensionarlo.
5-Una educación universal de calidad: La solidaridad exige que la educación llegue a todos y no sea una fuente más de desigualdad y de discriminación. Además, la solidaridad debe ser objeto de la educación, como valor central del tipo de personas que queremos formar. Este doble aspecto debe ser el eje para lograr un pacto educativo entre todas las fuerzas políticas y sociales.
6- Políticas sociales de lucha contra la pobreza: es imprescindible lograr un gran Pacto Social por la inclusión y contra la pobreza, aunando los esfuerzos de los poderes públicos y de la sociedad civil y focalizándolos en las víctimas de la exclusión social que la crisis ha generado y en las familias más vulnerables. Especial atención requieren las personas migrantes. Y tampoco puede darse por cerrado el debate sobre una renta mínima de inserción. 
7-Regeneración de la vida pública, calidad institucional y liderazgo social: Proponemos recuperar un consenso social que promueva la regeneración de la vida pública. Y deben ser perseguidos, esclarecidos y castigados todos los abusos y así restablecer la confianza en la sociedad de que, al menos al final, se hace justicia. Es imprescindible asegurar la transparencia, calidad técnica y democrática de las instituciones públicas. 
8- Solidaridad con el medio ambiente: Se va haciendo más clara la crisis eco-social y se hace evidente que un sistema sostenible necesita encontrar caminos donde el consumo no sea el único motor de la economía. 
9-Una Europa más solidaria: que debe volver a ser un espacio de impulso de los mecanismos de solidaridad, lo que significa “Más y mejor Europa”. 
10- Solidaridad planetaria, ciudadanos del mundo: La globalización no puede ser, sin más, un mercado global unificado. Hay que extender el bienestar a todas las personas de nuestro mundo. Y los gobiernos pueden llegar a acuerdos que atiendan a las exigencias de los intereses generales de la humanidad, y no se limiten a negociar los intereses particulares de unos y otros. Asimismo hay que recuperar la política de cooperación al desarrollo con más recursos, calidad y coherencia de políticas. 
Por último, los jesuitas ofrecen también sus compromisos concretos para reforzar la solidaridad en sus propias instituciones.
 


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