Portada » Blog del director » Los Santos » En la ladera del Cerro del Otero, por Jesús de las Heras
Blog del director Especiales Ecclesia Los Santos Mártires del Siglo XX en España

En la ladera del Cerro del Otero, por Jesús de las Heras

cerro-del-otero3

En la ladera del Cerro del Otero, por Jesús de las Heras

Todos los pueblos, villas y ciudades poseen lugares singulares, lugares con encanto, con magia, con duende, hasta con misterio. No se trata solo de la belleza de su enclave o del arte con que ha sido recreado y erigido. Se requiere algo más: necesitan alma, evocación, sugerencia, mensaje, identidad, chispa…

Desde hace algunas décadas –sobre todo, cuando en mis años mozos me recorría en bicicleta los lares de nuestra querida Sigüenza y aledaños- me quedé prendado por la ladera, por la falda del Cerro del Otero. Por su sencillo, humilde monumento allí erigido, que en silencio, y en el recodo, junto a su leyenda, hablaba elocuentemente.

Pasaron los años y apenas hasta 2010 volví expresamente hasta este lugar. En el verano de 2010, la persona para la que se erigió este monumento fue declarada por el Papa Benedicto XVI mártir de la fe y su beatificación quedaba ya tan solo a expensas de una fecha.

En la primavera y en el verano de 2013, una vez fijadas ya la fecha y el lugar de dicha beatificación, volví a convertir este lugar en uno de mis espacios más frecuentados. El 12 de agosto, dentro de la Novena a la Virgen de la Mayor de Sigüenza, promoví una peregrinación popular hasta este lugar con alma y con historia. La cita era tempranera: las ocho de la mañana. Durante más de un hora, dijimos misa, rezamos, convivimos y gozamos en la memoria y el mensaje del silente y elocuente protagonista del lugar. Más de un centenar de personas se sumaron a los actos, que querían ser preparación para la gran fiesta de beatificación de nuestro ya amigo.

cerro-del-otero1

El lunes 14 de octubre de 2013, recién regresado de Tarragona, el lugar de esa fiesta, volví presuroso a la falda, a la ladera del Cerro del Otero, al monumento en cuestión. Me acompañaba mi compañero, amigo, hermano y maestro Felipe Peces. Y de allí nos marchamos con una idea: había que añadir una leyenda al monumento, había escribir en piedra que a quien en este lugar se honra había sido declarado beato por el Papa Francisco. Y nos pusimos manos a la obra…

El domingo 24 de noviembre de 2013, fiesta de Cristo Rey, en una mañana de hielos, nubes y soles platinos, a poco más de cuatro grados de temperatura y tras una gélida semana, hemos vuelto a la ladera del Cerro del Otero. Y hemos vuelto para descubrir, bendecir e inaugurar la nueva placa, la añadida leyenda que desde ahora acompaña el monumento. Hemos ido más de medio centenar de personas, con el obispo, varios sacerdotes y religiosas, el alcalde y los representantes de las principales cofradías de nuestra ciudad con sus respectivas insignias.

“¿Y a qué subís?”, me preguntaba la gente. Y respondí: “A dar gracias”. A dar gracias a Dios, a dar gracias a nuestro personaje y amigo. A dar gracias por él y a pedirle gracias a él, porque ahora él nos puede ayudar e interceder por nosotros; porque este, él, es ya fuente de gracias.

“¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen!”, ¡Viva la Virgen del Carmen!”, ¡Viva Cristo Rey!” fueron las últimas palabras –según relatan los testigos- que nuestro protagonista y amigo pronunció en este lugar. Pasaban las dos de la tarde –cerca de la Hora de Nona- del lunes 27 de julio de 1936. Era día ocre y de plomo, en medio del estío. La metralla acabó con su vida y su sangre derramada en la ladera de nuestro Cerro del Otero fue a partir de entonces más fecunda que nunca. No importa quién o quiénes lo asesinaran. No había razón alguna. Nunca puede haber razón para ello. En cualquier caso, lo que importa es que murió perdonando a sus verdugos y alabando el nombre de Dios bendito, y que, antes en el Palacio del Callejón de Infantes y en Guijosa, había ofrecido su vida por salvar la vida de los niños y adolescentes a él confiados del seminario claretiano en el que servía.  Y esta fue entonces, es ahora y será siempre su gloria.

cerro-del-otero-4

En poco más de un mes habría cumplido 30 años de edad. Y para entonces quizás ya no estaría en Sigüenza porque iba a ser trasladado a Plasencia. Llevaba tres años entre nosotros, haciendo, humilde, silente y eficazmente el bien. Había nacido en Jerez de los Caballeros (Badajoz) y murió, fue martirizado, en Sigüenza. Era sacerdote misionero claretiano (Hijo del Corazón de María). Se llamaba José María Ruiz Cano. Es ya el beato José María Ruiz Cano.

cerro-del-otero2

El domingo 24 de noviembre, pasadas las catorce horas –Hora de Nona, la hora también de Nona del padre beato José María Ruiz Cano- regresé a su monumento. Ya no había nadie. Unas flores, el libro de su beatificación y poco más acompañaban su monumento. Seguía haciendo frío. Mi presencia fue breve, pero intensa, emotiva, orante. Le pedí por mis intenciones personales y familiares. Y después le pedí por la paz, por la reconciliación, por el perdón.

Y es que este no es un lugar, ni un monumento contra nadie, ni contra nada. Es un monumento a favor de un testigo, de un hombre justo y virtuoso. Es un oasis de amor y de perdón. Es un remanso de paz. Es una fuente de vida. Es un reguero de esperanza. Es una fragua de caridad. Es un lugar con encanto, sí, con alma, con corazón. Un corazón que late y que palpita y cuyas venas irrigan fe, raíces cristianas, entrega, generosidad, respeto, convivencia, tolerancia, ofrenda, concordia, reconciliación, perdón, paz y amor. ¿Qué más, pues, se puede pedir? ¿Cómo no subir y seguir subiendo a la ladera del Cerro del Otero?

 

Jesús de las Heras Muela

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
En la ladera del Cerro del Otero, por Jesús de las Heras, 10.0 out of 10 based on 2 ratings
Print Friendly, PDF & Email

Jesús de las Heras Muela

Jesús de las Heras Muela nació en Sigüenza el 17 de Diciembre de 1958. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos (Facultad de Teología de Burgos, 1982), Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid, 1992) e Historia de la Iglesia (Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, 1992), habiendo realizado los cursos de doctorado de estas dos últimas disciplinas.

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario