San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia

En el horizonte, San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia

Mons. Demetrio Fernández

Comenzamos el nuevo curso pastoral, abriendo las carpetas, poniendo a punto las parroquias y las instituciones, las primeras reuniones. Y lo hacemos con ilusión renovada. Somos humildes trabajadores en la viña del Señor, y no nos falta trabajo. Más bien, nos sobra tarea por todas partes. Qué honor para nosotros poder gastar nuestra vida en esta santa viña, a la que hemos sido llamados por el Dueño.

En el horizonte del curso que comienza aparece la figura de san Juan de Ávila, glorioso y radiante, junto a Jesucristo y María santísima. Va a ser proclamado doctor de la Iglesia universal, y ya estamos gozando al paladear esta gloria para él, que nos honra a todos nosotros. Un cura diocesano, clericus cordubensis, cura incardinado en la diócesis de Córdoba, patrono del clero secular precisamente en cuanto sacerdote de la diócesis de Córdoba. El Papa con su autoridad suprema lo declara doctor de la Iglesia universal, maestro de vida cristiana, luz para el camino de los que hoy recorren las sendas de la nueva evangelización.

Nacido en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), con ansias misioneras de predicar en el nuevo mundo, México, vende todo (hijo único de familia muy rica) y lo reparte entre los pobres. Recorre los caminos de Andalucía y Extremadura, siendo cura de Córdoba, donde se asienta y reside por largo tiempo. Montilla (Córdoba) es la última etapa, 17 años. Montilla será el lugar desde donde escribe, aconseja, alienta, dirige espiritualmente. Ahí está su casa prestada por los marqueses de Priego. Esa casita se ha convertido en un relicario precioso del Maestro Ávila. Ahí está su estancia, su escritorio, su capilla de la que sale fuego de amor a Jesucristo. A esta casa han acudido los mejores santos del momento, en persona o por carta. Montilla es el lugar desde donde parte para el cielo el 10 de mayo de 1569 y donde guardamos con veneración su sepulcro.

Montilla se ha convertido en el epicentro de una benéfica onda expansiva, desde donde san Juan de Ávila continúa atrayendo con su doctrina, con su ejemplo, con su intercesión. San Juan de Ávila sigue predicando y sigue haciendo el bien. En Montilla abriremos un año de júbilo, el Año jubilar de san Juan de Ávila, dotado por el Papa de todas las gracias y perdones para quienes acudan hasta su sepulcro, que será visitado desde todos los lugares de España y del mundo. Montilla se convierte en reclamo y atracción para tantos fieles que quieren conocerlo mejor y acuden a su doctrina e intercesión. Montilla será lugar de encuentro y de Iglesia que se reúne para venerar a un maestro de santos, Juan de Ávila.

Estamos convocados todos para acudir a Roma el 7 de octubre próximo, en el contexto de la apertura del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, donde el Papa proclamará doctores de la Iglesia a san Juan de Ávila y a santa Hildegarda de Bingen, santa alemana. Se han organizado viajes por distintos cauces. Os invito a todos los que podáis a que hagáis este esfuerzo de acompañar y vivir este magno acontecimiento en Roma, junto al Papa, al que agradeceremos este gran honor que nos hace delante de toda la Iglesia. Queridos sacerdotes, es un cura de nuestro presbiterio!

Y estamos convocados todos a Montilla para visitar su sepulcro, a lo largo del Año jubilar, que abriremos el 12 de octubre en la tarde. Parroquias, colegios, grupos y asociaciones, movimientos apostólicos, cofradías y hermandades, sacerdotes, consagrados/as, fieles laicos, familias. Todos a Montilla. San Juan de Ávila brilla especialmente en el horizonte de este nuevo curso que comienza. Tenemos que hacer de Montilla un lugar que al visitarlo deje buen sabor y ganas de volver para encontrar junto a san Juan de Ávila el estímulo hacia la santidad. Su luz y su testimonio nos acompañarán a lo largo del Año de la Fe.

La diócesis de Córdoba recibe un inmenso regalo con este doctorado y a la diócesis de Córdoba se le plantea un gran desafío: no decaer en la difusión del nuevo doctor, acoger a todos los que llegan, convertir Montilla en un lugar donde los santos del cielo aprenden a ser santos.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

 

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