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En el Día Mundial para la Prevención del Suicido: «No es un acto individual, debería interpelarnos como sociedad»

Cada año se quitan la vida 800.000 personas en el mundo. Más de 3.600 en nuestro país. Este año, en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio la OMS alerta de que los cambios en los hábitos de vida de las personas provocados por la pandemia del COVID-19 como la cuarentena, el distanciamiento físico o el aislamiento hospitalario, no ha hecho más que empeorar los datos. La discontinuidad en los servicios de salud en general y de salud mental en particular, la preocupación de infectarse e infectar a otros, la muerte de seres queridos sin poder despedirse adecuadamente de ellos, la paralización de la actividad económica (con el subsiguiente miedo a la ruina económica y al paro), el cierre de los centros educativos, la interrupción de hábitos durante el confinamiento y la instauración de otros poco saludables (malos hábitos alimenticios, patrones de sueño irregulares, sedentarismo y mayor uso de las pantallas), las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar… representan factores de riesgo para la salud mental. No en vano, desde el inicio de la pandemia, el 50 % de los ingresos en psiquiatría fueron por intentos de suicidio.
José Ramón Amor Pan, Coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia Fundación Pablo VI ha escrito para la Fundación Pablo VI sobre este asunto que no es individual o privado. Como sociedad, deberíamos sentirnos profundamente interpelados.

Un tema en el que subraya «que no sólo afecta al individuo que se suicida: cada suicidio es una tragedia que afecta muy negativamente a familia y allegados de quien se suicida, a veces con efectos muy graves y duraderos».

Día Mundial para la Prevención del Suicidio

«No estamos hablando del suicidio épico de la Grecia o Roma clásicas o de la cultura nipona, sino del suicido de una persona que lo que busca es una solución a un sufrimiento intolerable y no lo encuentra más que en la muerte, pero realmente la persona no quiere morir sino vivir sin ese sufrimiento, llevar una vida feliz», explica en el artículo. «La prevención de esta conducta no se ha abordado apropiadamente debido a la falta de sensibilización respecto del suicidio como problema de salud pública principal y al tabú existente en muchas sociedades para examinarlo abiertamente».

El primer informe mundial de la OMS sobre el tema, Prevención del suicidio: un imperativo global, fue publicado en 2014. Su objetivo era aumentar la sensibilización respecto de la importancia del suicidio y los intentos de suicidio para la salud pública, y otorgar a la prevención del suicidio alta prioridad en la agenda mundial de salud pública. «Pero me surge una pregunta: ¿cómo lo va a poder hacer? La Atención Primaria ya estaba sobrecargada antes de la pandemia, como muchos advertíamos. Los profesionales que en ella trabajan estaban hartos de promesas, de informes y planes, no digamos ahora».

Bioética y suicidio

Desde 1968 existe una Asociación Americana de Suicidología, «también nuestro país tiene una Fundación Española para la Prevención del Suicidio y un Instituto de Formación en Suicidología que, entre otras muchas iniciativas, ofrecen, en colaboración con la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, un Máster en Prevención del Suicidio».

Mención aparte merece la afectación del COVID-19 a la salud mental y el bienestar emocional de los profesionales sanitarios y de los profesores de Primaria y Secundaria. «Es un asunto importante en sí mismo porque afecta a dos colectivos muy numerosos. Pero es que, además, son dos colectivos que están al frente de dos áreas fundamentales de la sociedad siempre, pero de modo particular en la actual crisis sanitaria. Y son dos colectivos muy castigados -ya desde antes- por el síndrome de desgaste profesional o burnout, con prevalencia de suicidio por encima de la media». La «espiral del miedo» en la que nos encontramos inmersos sólo se detiene« si se restablece la confianza como eje de la vida social. Si la vida pública vuelve a recuperar la ejemplaridad y la excelencia como guías y horizonte ético. Si buscamos puntos de encuentro y construimos puentes de fraternidad. Ideas todas ellas presentes en los trabajos de Potter, conviene recordar, justo cuando se cumplen 50 años del nacimiento de la Bioética».

Eutanasia y suicidio médicamente asistido

Nadie debería fallecer sin unos Cuidados Paliativos de calidad. Actualmente, a nivel mundial, tan solo un 14% de las personas que necesitan asistencia paliativa la reciben, según la OMS. A día de hoy, el 50% de las personas que necesitan cuidados paliativos especializados no los reciben y el 75% muere con dolor emocional por falta de atención psicosocial, según la Asociación Española Contra el Cáncer. «Esta es la cuestión: admitir la eutanasia y el suicidio médicamente asistido mientras no hay cuidados paliativos y servicios de salud mental para todo aquel que lo requiera no sólo es un sinsentido, es una inmoralidad, que sólo se sustenta en una operación ideológica. Me parece tremendo que, a pesar de los dramáticos acontecimientos vividos en estos últimos meses en los hospitales y en las residencias de ancianos, esta iniciativa legislativa siga su tramitación en el Parlamento español».

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