Cartas de los obispos Última hora

En camino hacia el cuidado de la casa común. Cinco años después de Laudato si’

Se trata de buscar una nueva armonía con la tierra, con los demás y con uno mismo. Usar el juicio y el discernimiento para renovar nuestros sistemas hacia una mayor justicia. Una respuesta que no sólo pertenece a los gobiernos, sino también a la sociedad y, en particular, a las parroquias y comunidades de base, que deben sentirse urgidas a tomar decisiones informadas y responsables. Laudato Si’ muestra esta dirección, con su enfoque del desarrollo basado en la ecología integral, donde todo está interconectado.

El Secretario del Dicasterio para el Servicio integral del Desarrollo Humano, Mons. Bruno M. Duffé afirma que la encíclica Laudato si’ podrá producir frutos de conversión únicamente si los testigos continúan el camino abierto por ella. Por eso habrá que ir explicando de manera práctica la implementación de los objetivos de la encíclica, y será necesario reconsiderar y replantear los lugares de nuestra actividad humana, la relación con los elementos (el agua, la tierra y los océanos), la biodiversidad, el trabajo, la economía, las finanzas, la vida de las comunidades locales y el planeta, es decir lo local y lo global. Y propuso unas claves de trabajo:

  • Observar y dejarse conmover por una tierra que sufre en silencio y cuyo sufrimiento está directamente relacionado con la actividad humana, así como con el cambio climático que provoca esta actividad.
  • Entrar en contacto con una comunidad humana herida por las crecientes desigualdades y una conflictividad cada vez más fuerte.
  • Contemplar la belleza y la promesa de lo que se nos ha encomendado en la Creación del Padre y en el amor de Cristo.
  • Actuar y decidir en favor de otro desarrollo que ya no se defina como un «cada vez más» y una «huida hacia adelante» que agota todas las formas de vida.
  • Educar mediante el diálogo y las prácticas cotidianas de la sobriedad.
  • Por último, celebrar, es decir, recordar la promesa inscrita en cada uno de nosotros, con nuestros talentos y nuestras experiencias. Y ofrecer lo que hemos compartido, nuestras penas y la alegría simple, pero a la vez fuerte, de la solidaridad.

Joan Enric Vives Sicília
Arzobispo-Obispo de Urgel

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