San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia

En Baeza el relicario de San Juan de Ávila

Con motivo de ser proclamado Doctor de la Iglesia el Venerable Padre Maestro San Juan de Ávila, tiene el honor de mostrar su “RELICARIO” más preciado a quienes peregrinos hasta aquí, con mirada limpia y fe sincera, recorran nuestras callejuelas empedradas – por dónde parece haberse detenido el tiempo- y hagan escala en cuántos monumentos e iglesias topen en su recorrido. Se encontrarán con el espíritu viviente de quién la recreó a su estilo y manera dándole la impronta que perdura.

Desde la cuesta de San Benito, viniendo de Granada,que por la puerta del “postigo” daba entrada a la fortificada ciudad, hasta el polo opuesto: el convento de clarisas de San Antonio, dónde había profesado poco a Sor Isabel de la Cruz, hermana del Arzobispo de Granada: Gaspar Ávalos.

Desde la Parroquia de San Andrés, dónde el Santo predicó y un testigo nos dice.”que le seguía todo el pueblo, por su mucha virtud y buena y santa doctrina del cual se seguía mucho provecho.” hasta la Santa Iglesia Catedral, dónde se guarda como el gran tesoro la Custodia con que procesionar al Santísimo Sacramento del que fue gran y entusiasta propagador.

Desde el convento del “Santo Espíritu”, enclavado muy cerca de la plaza del mercado dónde fuera acogido por el comendador Diego de Sevilla y en cuyo claustro erigiera la escuela llamada en el XVIII “La Santa Escuela”, hasta entrar por las Atarazanas al lugar conocido por CASAS NUEVAS , dónde haciéndose de unas casas y uniéndolas con otras, erigieron el Colegio de la “SANTISIMA TRINIDAD” que en poco espacio de tiempo se convertiría en la “UNIVERSIDAD” tanto por él anhelada.

Desde el arco de “Villalar”que el emperador Carlos I erigió en recuerdo de su victoria sobre el bando de la nobleza castellana que lo desafió, hasta el palacio de “Jabalquinto” herederos de una de las familias enfrentadas a quienes con tanto tino y acierto apaciguara. Desde el Real hospital de San Antonio Abad, al de la Purísima Concepción, que tantos entonces había y que con gran acierto invitara a que se juntasen para la mejor atención y cuidado de los enfermos.

Desde dónde estuvo enclavado el colegio de San Basilio que regentara San Juan de a Cruz, al de los “Descalzos” Trinitarios dónde estuviera su primo carnal San Juan Bautista de la Concepción y San Miguel de los Santos.

Desde la Parroquia de El Salvador de dónde era feligrés su discípulo predilecto DIEGO PÉREZ DE VALDÍVIA y el Obispo de Cuzco ANTONIO RAYA que no contento con costear a sus expensas el Seminario de San Ignacio de la Compañía de Jesús, quiso agrandar el templo parroquial.

Desde la Parroquia románica de Santa Cruz, dónde tiene sede canónica la cofradía que conserva los “Estatutos” con la impronta del maestro Ávila, a lo que fue “la Merced” dónde se erigieron otras hermandades, también de un tiempo….

Desde la Parroquia de San Pablo, dónde hacianse fiestas solemnísimas al Santísimo

Sacramento, predicando en ellas el V.P.M., al Santuario del Cristo de la Yedra, distante casi una legua, dónde para relajación solía desplazarse sólo para hablar con la imagen del Señor Crucificado que tanta devoción le inspiraba.

 

Desde la plazuela de Valdívia, cercana a la parroquia de El Salvador, hasta la del Señor San Andrés, bajo cuya torre comienza la calle Doctor Ojeda, calles que nos hablan de sus discípulos eminentes en sabiduría, virtud y santidad.

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Mires por dónde mires: TODO nos habla de Él.

He aquí, el “RELICARIO” más preciado que la ciudad muestra a quién hasta aquí

peregrina, porque lo que el SANTO DOCTOR PREDICÓ, ESCRIBIÓ E HIZO, por aquello de que “hablarían las piedras”en las piedras centenarias, se escucha. Y digo de “peregrinar” porque de “peregrinar” se trata:

¡Quién!: si visita el convento de San Antonio, ¿no pondrá en sus labios alguna frase o párrafo de lo que el Santo Maestro dirigiera a las religiosas?

¡Quién!: contemplando el valle del Guadalquivir y entrando por la puerta que fue de Granada, no traerá a su mente: ¿cómo fuera, el venir aquí?. ¡Quién!, sentándose en la bancada de San Andrés, venerando las imágenes de la Virgen del Álcazar o la Inmaculada,¿ no va a musitar una plegaria mariana con el fervor con que él se dirigía a la Madre de Dios y Madre nuestra?

¡Quién!: contemplando en la Catedral el “púlpito”, no traiga a su mente los tantos sermones que predicó y con el ardor con que lo hacía. ¿ no escuche “algo de ellos” para deleite y solaz del alma?

¡Quién!: en la plaza del mercado – con la imaginación – no descubra el afán que tenía por formar y educar a los hombres del mañana. ¿habrá habido algún otro que tanto empeño haya puesto? ¿cómo no pedir por los educadores y educandos; gobernantes y gobernados?

¡Quién!: admirando el arco de “Villalar”; el palacio de “Jabalquinto”; no intuya que la sociedad nuestra, necesita otro Juan de Ávila que nos haga pensar en los demás, dejando a un lado egoísmos, intereses que corroen la convivencia y la hermandad.

¡Quien!: recordando los hospitales visitados – o mejor dicho, el sitio que ocupaban – no traiga a la memoria al “loco de Granada” o cómo el Venerable Maestro enseñaba a sus discípulos con el ejemplo y dejaba reflejado en las normas, los quehaceres de los sábados que tanto profesores como alumnos practicaban con espíritu envidiable.

¡Quién!: extasiado ante San Juan de la Cruz – místico dónde los haya – se pregunte ¿qué influjo pudo tener en él y qué hubiera sido de Santa Teresa sin su apoyo firme y seguro?

¡Quién!: mirando a “Diego Pérez de Valdívia”, fiel retrato del Maestro, no piensa en la cantidad y calidad de discípulos que tuvo y cómo con éstos enriqueció a la iglesia en tiempos tan recios.

¡Quién!: entrando en “Santa Cruz” o en el portal del “Señor de las Necesidades” no encuentra materia suficiente para ver qué les pedía a los “cofrades”. O en la Parroquia de San Pablo – a más de lo que pedía a los cofrades – hacernos una idea de ¿cómo era el San Pablo del siglo XVI. Y cómo tenemos que ser los San Pablos del siglo XXI?

¡Quién!: no le acompaña al Santuario del Cristo de la Yedra y toma parte en la conversación que sostuvo con el viajero que se le acercó y se le declaró.

¡Quién!:recorriendo estas calles no adivina las dotes del Venerable Maestro y de cómo hizo participes a sus discípulos – porque nada se guardó para sí – para que perdurase su obra providencial. Quién no se pregunta:¿Puedo yo ser, HOY, AHORA, discípulo suyo?¿qué tengo que hacer?¿reúno los requisitos para que me admita?

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¿cuántos interrogantes despierta en nosotros el Venerable Padre Maestro San Juan de Ávila.

Para intentar responderlos, recordando la frase del poeta:“se hace camino al andar”

¡Ponte en camino! ¡peregrino! y cuando atisbes la ciudad, no necesitarás de guía alguno, porque el “RELICARIO” más preciado que la ciudad conserva con orgullo, te sale al encuentro y él solo te muestra su contenido.

¡PEREGRINO! ¡PÓNTE EN CAMINO! Y bebe de las fuentes cristalinas de las obras

del “SANTO DOCTOR” los grandes misterios de nuestra fe, que él con tanto anhelo y ahínco predicó, vivió y contagió.

 Manuel Galiano Marín, Presbítero de la Diócesis de JAÉN

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