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Iglesia en España

Empujados por el Espíritu, por Juan José Omella, arzobispo de Barcelona

Empujados por el Espíritu, por Juan José Omella, arzobispo de Barcelona

Carta dominical del arzobispo metropolitano de Barcelona, Mons. Juan José Omella, correspondiente al próximo domingo, 7 de mayo de 2017. 

Hoy, cuarto domingo de Pascua, es el Día del Buen Pastor, fecha en la que celebramos la Jornada de Oración por las Vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio. Esto quiere decir que todos los cristianos somos responsables de pedir a Dios que sean muchos los que den su sí a esta vocación, porque enriquecen a la Iglesia y hacen un servicio magnífico a la sociedad. Pensemos por ejemplo en la tarea maravillosa que realizan tantos misioneros y misioneras en circunstancias muy difíciles.

Nuestra sociedad sería muy distinta sin el servicio y el acompañamiento que hace la Iglesia. A pesar de las limitaciones de las personas y de las instituciones, creemos que la aportación de las obras cristianas es altamente positiva. Y esta aportación está en entredicho si faltan las vocaciones que aseguran el relevo generacional, tanto las sacerdotales como las vocaciones a la vida religiosa.

Bajo el lema «Empujados por el Espíritu: “Aquí estoy, envíame”», la Jornada de este año es una buena ocasión para dar gracias a Dios por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada y al mismo tiempo para pedirle que siga llamando a muchos jóvenes a la misión.

Los religiosos son hombres y mujeres que, dóciles a la llamada del Padre y a la moción del Espíritu, han elegido este camino de especial seguimiento de Jesucristo para dedicarse al servicio a Dios y a los hermanos. Es magnífico el testimonio que dan los misioneros en los países más pobres del mundo. Pero hoy la misión también se encuentra aquí, en nuestra sociedad occidental e industrializada, en nuestra archidiócesis de Barcelona.

«El compromiso misionero -dice el papa Francisco en su mensaje para esta Jornada- está en el corazón mismo de la fe. La relación con el Señor implica ser enviado al mundo como testigo de su amor.» Y añade: «En virtud de su bautismo, todo cristiano es portador de Cristo para los hermanos.» (cf. Catequesis del 30-1-2016)

Desde el inicio de la Iglesia, siempre ha habido cristianos que, movidos por el Espíritu, se han consagrado totalmente a Dios escuchando aquellas palabras de Jesús: «Ven y sígueme». La vocación es un fruto que madura en el corazón de aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia para descubrir cuál es su vocación.

Haciendo mías las palabras del Papa, os invito a volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. María, Madre de Jesús y madre nuestra, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión ayude nuestra disponibilidad para decir «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.

+ Juan José Omella Omella

Arzobispo de Barcelona

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