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Eloy Bueno de la Fuente: «Los estudiantes de Religión deben configurar una fórmula de fe a mantener toda su vida»

El Catedrático de Dogmática de la facultad de Teología del Norte de España, el profesor Eloy Bueno de la Fuente, ha respondido a la pregunta planteada durante su intervención: ¿Qué antropología teológica y qué cristología en la clase de religión?

Teniendo en cuenta la centralidad dogmática, bajo el criterio de Bueno es importante que los estudiantes de Religión puedan configurar una fórmula breve de fe que sea lo que les debe mantener toda su vida.

Sin descuidar la necesidad pastoral, que implica tener en cuenta el contexto cultural actual, hay que explicar el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. A juicio de Bueno, el currículo debería tener en cuenta estos puntos de base.

La interpelación de Jesús: ayer y hoy

«La relevancia existencial que plantea la figura de Jesús aparece en nuestra historia como alguien que nos interpela. Que viene, en efecto, del pasado pero que tiene algo que decirnos en el presente», ha dicho Bueno.

A este respecto, el doctor en Misionología y Filosofía, ha querido incidir en la siguiente premisa: «el ser humano no avanza sin rumbo sino que está permanentemente acompañado y no es fruto de la casualidad».

Por ello, es importante hablar o presentar a Jesús como hijo del Padre y reflexionar sobre la hondura filosófica, antropológica y teológica que tiene esta significación.

La vida y muerte de Jesús: estilo de vida y entrega a los demás

Para Eloy Bueno de la Fuente anunciar a Jesús, proclamador del Reino, desde la conciencia de Misión que se desvela en todas sus manifestaciones, nos lleva a ver detenidamente su vida, sus gestos, sus palabras, su modo de ser y las distintas reacciones que suscita en los personajes con los que se va encontrando.

En su disertación ha señalado el sentido de su muerte, para ser capaz de calificarla de redentora. Como dice Bueno, «la muerte de Jesús es la conclusión de un estilo de vida y una forma de entrega a los demás».

Y, como no puede ser de otra manera, adentrarnos en «el núcleo central, el misterio pascual visto desde la Resurrección. Su dimensión salvífica y trinitaria. Es lo que hace que la vida de Jesús sea prolongada».

El ser humano ha sido creado como Hijo y por ello inserto en la fraternidad universal, que se abre a tantas exigencias morales

El ser humano: unitario pero complejo

Poco antes de finalizar su intervención, Bueno ha querido recordar «al ser humano como ser unitario pero complejo entre las tensiones que lo abrazan, como puede ser la finitud y el anhelo de infinitud».  También ser consciente de su propio pecado y de la libertad y responsabilidad que ha de ejercer en el transcurso de su vida.

Desde el misterio pascual, dice Bueno, es desde donde puede «plantearse el sentido, en definitiva, de la Iglesia que tiene como misión el anuncio de lo sucedido, el compromiso y la celebración de la liturgia».

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