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Elecciones: ¿para qué?, por Fidel García Martínez

Elecciones: ¿para qué?, por Fidel García Martínez

La irresponsabilidad de la casta política nueva y vieja ha causado un grave problema en España en todos los sentidos: moral, social, institucional (…). Afecta más que a nadie a pensionista, jóvenes, niños, empresarios y trabajadores, parados, dependientes, inversores (…), que no tienen ningún culpa que la erótica del poder y los cuernos de doña friolera se hayan paseado por el ruedo nacional, y las elecciones anticipadas, que tanto temían los que sólo viven y han vivido de la política, han sido durante estos tres meses de ignominia un clamor nacional que no se gritaba pero se sentía y han sido la única salida democrática y justa.

La última consulta que el Rey Felipe VI ha realizado con los portavoces de los partidos los días 25 y 26 ha vuelto a poner en evidencia los vetos y la demonización de algunos que han impuestos condiciones imposibles para el gran pacto de las fuerzas, a los que teóricamente les une lo esencial, aunque en la práctica no sea así. La solución más razonable para evitar las elecciones siempre ha estado en manos Pedro Sánchez, después del simulacro de consulta que Podemos ha hecho a sus bases, que se han opuesto por mayoría absoluta a participar en un pacto de gobierno con el POSE y con Ciudadanos.

Para que Pedro Sánchez viese satisfecho su ego político con su deseo imposible de llegar a la Moncloa, sólo cabían dos alternativas o pactar con todos los separatistas, soberanistas, comunistas antiguos y modernos o con el PP y Ciudadanos es decir abochornarse de la grotesca expresión: “que parte del no, no ha entendido”, para no llegar a lo que tanto temían los políticos: las elecciones anticipadas que dejarán a los amantes del postureo, fuera de sus prebendas y en el paro. Optó por demonizar al PP y entregarse en brazos de todos los demás partidos hasta el último segundo, con el resultado que se ha producido: el no rotundo de todos, que Pedro Sánchez no ha querido entender y ha culpado a los demás de su propio fracaso: el no llegar a la Moncloa como fuera, con quien fuera y contra quien fuera.

Como no ha sido posible la hora de su responsabilidad de los políticos y de aparcar las diferencias más ideológicas que reales para acordar un gobierno que llaman constitucionalista con amplios apoyos parlamentarios, y así realizar todas las reformas que España necesita y no volver a los terribles años de la crisis; es la hora de la responsabilidad no del populismo y la demagogia, sino del acuerdo y esa responsabilidad la tienen en una democracia los ciudadanos con su voto libre y responsable. Pero lo voz de los ciudadanos no serviría de nada si ante los mismos o parecidos resultados, como parece previsible, los políticos volviesen a no pactar con el partido más votado y repartiesen vetos a izquierda y derecha.

Fidel García Martínez

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