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Asamblea Plenaria Blog del exdirector Jesús de las Heras Iglesia en España

Elecciones en la CEE: ¿De dónde venimos? ¿adónde vamos?

La Conferencia Episcopal Española (CEE) afronta un nuevo proceso de renovación en sus cargos directivos. El presente es, además, mucho más que un proceso ordinario de renovación ya que se inserta dentro de la mayor reforma configurativa y estructural, con sus correspondientes nuevos estatutos, de los 54 años de historia de la CEE. Asimismo, el proceso de elección de cargos en la CEE del 2 al 6 de marzo de 2020 coincide, por razones cronológicas, con el relevo de los arzobispos metropolitanos de España, de donde han salido todos sus presidentes, con excepción del trienio 2005-2008. Amén de la novedad de que los procesos electorales en la CEE serán a partir de ahora por cuatro años y no tres.
Y ¿adónde quiere ir a la CEE con todo esto?, ¿cuál es su hoja de ruta? No cabe ninguna duda de que una referencia inexcusable al respecto sigue siendo, entre otras, el discurso que el Papa dirigió a los obispos españoles, el 3 de marzo de 2014, en la hasta ahora única visita ad Limina de nuestros prelados a Francisco. Basta como recordatorio una frase emblemática de aquel discurso, en el que el Santo Padre llamó a nuestra Iglesia a vivir en estado de misión permanente: «No ahorréis esfuerzos para abrir nuevos caminos al evangelio».
¿Y cuáles con esos nuevos caminos y en qué medida se han emprendido ya? Uno de ellos acaba ahora de visibilizase en el Congreso de Laicos «Iglesia en salida». Otros, como los pobres, han sido y siguen siendo prioritarios (recordemos el trabajo de Cáritas, el servicio de nuestros misioneros, de la pastoral de migraciones y de Manos Unidas, por citar algún ejemplo; y la instrucción pastoral de 2015 «Iglesia, servidora de los pobres»). Familia y Vida siguen urgiendo, máxime ahora en estas confusas y dolorosas vísperas eutanásicas; y, por supuesto, el reto de los retos de los jóvenes, de las vocaciones y de los alejados.
Pero para seguir recorriendo este camino, el adónde va la CEE, es imprescindible saber, recordar y actualizar el de dónde viene. Viene, en primer lugar, de una realidad consustancial con la misma identidad y misión de la Iglesia, que no es para sí misma, sino para la misión. La CEE, como toda institución eclesial, es, pues, esencialmente misionera y, si no lo fuera, dejaría de ser y de aportar luz y sal.
En segundo lugar, la misión solo se fragua y se realiza en y desde la comunión, con Pedro y bajo Pedro y la guía y autoridad de los obispos y el servicio del ministerio ordenado y en y desde la fraternidad y sinodalidad misioneras de y con todo el Pueblo santo de Dios. Y es que precisamente para esto nacieron hace más de medio siglo las conferencias episcopales como fruto temprano y ya pronto maduro del Concilio Vaticano II al servicio de la misión y de la comunión.
Y en este acompasar y dinamizar el «adónde vamos» desde el «de dónde venimos» y respecto a las relaciones con la comunidad política —otro destacado reto de la Conferencia Episcopal Española para el cuatrienio que ahora se abre—, bueno será recordar que una de las páginas doradas de su historia fue la suscrita durante la Transición y mediante los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979.
Y desde la autonomía de la Iglesia y la búsqueda perseverante de la colaboración interinstitucional —independientemente de las ideologías de los Gobiernos de turno—, se trata de trabajar en pro del bien común de todos los españoles y de la adecuada actualización y promoción de sus derechos, incluidos, por supuesto, también los de los católicos.

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