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El yihadismo se extiende también a la República Democrática del Cogo
El imán Ali Amin fue asesinado por yihadistas el 1 de mayo en la provincia congoleña del Kivu Norte.
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El yihadismo se extiende también a la República Democrática del Congo

Esta vez la víctima no ha sido un sacerdote como el Padre Jacques Hamel, asesinado en 2016 en Rouen (Francia) mientras celebraba la Eucaristía, sino un imán. Un hombre entró en la mezquita. Se acercó al sheik Ali Amin, que dirigía la oración de la tarde. Sacó una pistola y le disparó en la cabeza. Luego salió corriendo y huyó del lugar con la ayuda de un cómplice que lo esperaba en una motocicleta. La víctima murió en el acto.

Ocurrió el sábado 1 de mayo en la provincia de Kivu Norte (República Democrática del Congo), una región en la que desde hace años operan numerosos grupos armados y donde la violencia está a la orden del día.

Lo que hace a este asesinato distinto de otros que se cometen en la región es que, según parece, es obra de islamistas. En concreto, del Daech-RDC, un variante yihadista que opera en la zona y que en los días previos ya había asesinado a otras 22 personas. Esto es lo que cree al menos el Centro para la Promoción de la Paz, la Democracia y los Derechos Humanos (CEPADHO), que explica que Amin, presidente de la comunidad islámica y jefe de culto de la ciudad de Beni, ya había sido amenazado anteriormente por sus sermones de condena del yihadismo hasta el punto de que se le había tenido que poner protección.

«Lamentamos la desaparición de un imán unificador, moderado, amante de la paz y la tolerancia en el contexto del islamismo radical surgido con el advenimiento del Daech-RDC», dice el DEPADHO en un comunicado.

Imagen de televisión del entierro del imán Amin.

Estado de asedio en Kivu Norte y Utiri

La Iglesia católica también se ha referido a este crimen. «No podremos dormir hasta que las cosas cambien allí. Escuchamos que una persona religiosa fue asesinada, es un musulmán. Mañana será un católico, un protestante… Todos estamos preocupados», afirma Donatien N´Shole, secretario nacional de la Conferencia Episcopal del Congo (CENCO). El 3 de mayo, dos días después del atentado, el Padre N´Shole entregó al presidente de la Asamblea Nacional un informe elaborado por una misión de la Conferencia Episcopal y de la Asociación de Conferencias Episcopales de África Central (ACEAC) que detalla la dramática situación de violencia que vive en el este del país. «Los obispos de la CENCO se comprometen a apoyar a las instituciones estatales para conseguir el bienestar de la población», indica.

Ese mismo día 3, el presidente de la RDC, Félix Tshisekedi, decretó el estado de asedio en las provincias de Kivu Norte y de Utiri, medida de excepción que entró en vigor el día 6 y que en principio tiene una vigencia de un mes. Las autoridades civiles de ambas provincias ya han sido sustituidas por militares.

Decenas de ONG nacionales e internacionales, entre ellas Amnistía Internacional y el premio Nobel de la Paz Denis Mukwege, han pedido al presidente Tshisekedi que actúe contra la impunidad de los autores de los crímenes que se cometen en la región desde hace casi treinta años. Se calcula que en la zona siguen activos hoy unos 120 grupos armados de diversa importancia.

El yihadismo se extiende en África. Nigeria, Níger, Malí, Burkina Faso, República Centroafricana, Chad, Mozambique… Ahora hace acto de presencia en la República Democrática del Congo. Y golpea a todos.



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