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Opinión

El tesoro de la piedad popular y sus retos – Editorial Revista Ecclesia

El pasado fin de semana (sábado 4 y domingo 5 de mayo) el Papa nos brindó dos preciosas y prácticas homilías. La primera fue una hermosísima meditación sobre María como madre del pueblo cristiano. Su texto íntegro lo publicaremos la próxima semana. En las páginas 33 y 34 de este número ofrecemos la homilía de Francisco en la misa de la celebración especial del Año de la Fe en Roma para las Cofradías y Hermandades.

Denominador común, pues, de ambas alocuciones es la piedad popular, de la que el Papa habla desde la experiencia del pastor y a la luz de textos eclesiales recientes como un discurso de Benedicto XVI y las conclusiones de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano Aparecida 2007. Como ya hemos indicado en otras ocasiones, fue precisamente el cardenal Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires, el presidente de la comisión redactora de dicho mensaje. Un mensaje que hemos de retomar todos y que ECCLESIA publicó, en agosto de 2007, en los números 3.374/75 y 3.376/77.

Centrándonos en las palabras de Francisco sobre la piedad popular, es preciso destacar, en primer lugar, su visión positiva, alentadora y propositiva sobre esta importante realidad eclesial. “Tesoro”, “fragua de santidad”, “pulmón de fe y de vida cristiana” son algunas de las definiciones que al respecto ofrece el Papa, quien llama a los miembros de la cofradías y de las hermandades a potenciar su autenticidad evangélica, su eclesialidad y su ardor misionero, sin olvidar la esencial e identitaria dimensión caritativa de las mismas.

Desde estos principios, lo que el Papa Francisco quiere  de las cofradías y hermandades es intensificar la vida cristiana de sus miembros, su presencia activa en la comunidad eclesial “como células vivas, como piedras vivas”, y un compromiso misionero, claro, inequívoco, sin disimulos e incisivo, especialmente a favor de “quien se encuentra en dificultad”.

Una de las naciones donde la presencia y la fuerza de la piedad popular es más acentuada y significativa es en la Iglesia española, que supo además transmitir este caudal y potencial en la obra de la evangelización de América. En este sentido, la homilía del Papa Francisco del domingo 5 de mayo habría de ser de lectura y reflexión de obligado, gozoso e iluminador cumplimiento para todas nuestras cofradías y hermandades.

Asimismo la afirmación de Francisco, por otra parte obvia e indiscutible, de que la Iglesia quiere a las cofradías y hermandades y a sus miembros, debería ser un antídoto a posibles desavenencias y tensiones en virtud de particularismos, secularismos encubiertos o búsquedas varias de poder, beneficios o notoriedades. Las cofradías y hermandades, sus procesiones, celebraciones, romerías y demás manifestaciones públicas, o son Iglesia o no son nada. “Veo en esta plaza -afirmó Francisco en la misa de la plaza vaticana- una gran variedad de colores y de signos. Así es la Iglesia: una gran riqueza y variedad de expresiones en las que todo se reconduce a la unidad, al encuentro con Cristo”.

Y todas estas ideas son igualmente válidas para los pastores y para los fieles. Y es que el inmenso tesoro de la piedad popular, “que mantiene viva la relación entre la fe y las culturas de los pueblos” y que es un valiosísimo medio y camino para la nueva evangelización, se ha de cuidar, administrar y acrecentar con esmero, interés y afecto.

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