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El sillón papal vacío en el concierto de ayer en el Vaticano

El sillón papal vacío en el concierto de ayer en el Vaticano

Todo estaba preparado. Hasta el blanco sillón pontificio. Iba a comenzar el concierto de música clásica del Año de la Fe, en el aula de las audiencias generales, en el aula Nervi o Pablo VI.  Una extraordinaria audición musical prevista y concertada desde hacía casi un año. Era la tarde, calurosísima tarde, del sábado 22 de junio. El Papa no llega.

Toma la palabra monseñor Rino Fisichella, arzobispo presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y organizador de los actos centrales en Roma del Año de la Fe. “El Papa Francisco expresa sus más cordiales saludos a los presentes, lamentando no poder compartir la velada musical debido a una urgencia inminente e improrrogable”. Monseñor Fisichella confirmó, sin embargo, los compromisos del Santo Padre previstos para este domingo (dos pequeñas audiencias y el ángelus).El prelado también leyó algunas palabras que el Santo Padre Francisco había preparado: “Me gustaría dar las gracias a todos los que hicieron posible y que organizaron este concierto en el Año de la fe. En particular, agradezco a los solistas, al coro de la Academia Nacional de Santa Cecilia, a la Orquesta Sinfónica Nacional, al maestro director Juraj Valcuha por la notable interpretación de esta sinfonía monumental, (la 9ª Sinfonía de Beethoven) que no sólo nos hará vivir un momento de pausa y elevación del alma, sino que suscita en todos nosotros sentimientos y emociones que nos conducen a la reflexión. Muchas gracias”.

Esa misma tarde, el portavoz vaticano, Federico Lombardi, confirma lo ya dicho por Fisichella y descarta cualquier enfermedad o indisposición física de Francisco, aludiendo a que entre los asistentes al concierto se halla su médico personal y personal de la Casa Pontificia.  ¿Cuál es entonces esa “urgencia inminente e improrrogable”? ¿Será un gesto? Pero, de ser así, ¿qué significa este nuevo gesto?

 



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