CIE de Aluche
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El Servicio Jesuita a Migrantes pone en marcha una campaña para pedir que no se reabran los CIEs

El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas para pedir al Gobierno y al Poder Judicial que no se reabran los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) tras la pandemia. Desde el pasado 6 de mayo, cuando los tres últimos internos abandonaron el CIE de Algeciras, estos centros se encuentran vacíos.

La campaña del SJM se ha puesto en marcha con una recogida de firmas en el portal Visibles.org, en la que el SJM pide a Gobierno y Poder Judicial «ejercer su responsabilidad al finalizar la pandemia y no recurrir al internamiento de personas extranjeras en CIE». Actualmente, el escenario sobre el futuro de este tipo de centros es incierto, «generando inquietud por la política de internamiento que se llevaría a cabo», según destacan desde el SJM. «El internamiento», añaden, «debería ser el ultimo recurso en todo procedimiento de expulsión, al ser una medida cautelar con estrechísimos márgenes de constitucionalidad porque el ordenamiento jurídico prevé medidas alternativas».

Además, desde el SJM advierten de que no está garantizada «la capacidad para implantar medidas de distanciamiento y prevención higiénica suficientes» en los CIE. Recuerdan que un auto del juzgado de control del CIE de Murcia establece limitaciones de ocupación para prevenir contagios. Destacan que «hay alternativas menos lesivas para los derechos humanos que el internamiento y además menos gravosas par el bolsillo de los contribuyentes».

Un vaciamiento progresivo

Desde la declaración del estado de alarma el pasado 14 de marzo, el progresivo vaciamiento de los CIE ha respondido a dos criterios: la imposibilidad de expulsar o devolver a las personas extranjeras por el cierre de fronteras, y el riesgo para la salud y la vida de los internos y del personal de servicio en los CIE. Dos autoridades han sido clave en este progresivo cese de internamiento: por un lado, la Comisaría General de Extranjería, impartiendo instrucciones para que la Policía Nacional no solicitara autorizaciones de internamiento mientras permanecen cerradas las fronteras; por otro lado, la Fiscalía de Extranjería, instando a sus fiscales (ver instrucción interna) a informar de forma desfavorable las solicitudes de autorización de internamiento que pudieren llegar.

Se empezó poniendo en libertad a quien contaba con domicilio propio o redes de apoyo. Los ministerios del Interior y de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones se coordinaron para realojar en centros de acogida humanitaria a las personas internas que no los tenían. Fue destacada la intervención del Defensor del Pueblo, de los juzgados de control de estancia en los CIE respectivos, y de la sociedad civil. Sin embargo, algunas personas fueron puestas en libertad desde el CIE de Aluche en Madrid sin medidas preventivas y sin redes de apoyo local, teniendo que dormir en estaciones de autobús y vagando a la intemperie. A pesar de estos hechos, España ha destacado en Europa por su buena práctica durante la crisis del COVID-19 de la progresiva puesta en libertad de las personas extranjeras internadas. 

En todo caso, sería más justo que el Gobierno de España deje de valerse del internamiento como medida cautelar. En este sentido, el SJM apela a las instituciones tanto del Poder Ejecutivo como del Poder Judicial a detener el internamiento. Si estas autoridades no atienden al llamamiento general, el SJM insiste en que impartan instrucciones para que determinadas categorías de personas en situación de vulnerabilidad no sean internadas bajo ningún concepto:

  • Jóvenes cuya mayoría de edad no quede fehacientemente probada, optando por la protección debida a los menores cuando la horquilla de edad que resulte de la prueba comprenda los 18 años.
  • Personas necesitadas de protección internacional, a las que debería facilitarse la manifestación de voluntad de solicitarla ya en las primeras labores de identificación tras su entrada en territorio español.
  • Personas con indicios de padecer algún problema de salud física o mental.
  • Personas que cuentan con arraigo familiar y social, domicilio propio o redes de apoyo.
  • Personas con indicios de haber sido objeto de trata.

La crisis económica provocada por la pandemia del COVID-19 puede tener efectos importantes en los movimientos migratorios. Conforme se alargó la última crisis, España fue más país de emigración y de tránsito que de inmigración. Es probable que suceda lo mismo. La prolongación de las situaciones de paro entre personas extranjeras con autorización de residencia temporal puede aumentar los casos de irregularidad sobrevenida. Es tiempo de diseñar y aplicar políticas que amortigüen el impacto de la crisis y que impidan la irregularidad sobrevenida, tal y como ha expresado SJM en un decálogo de propuestas administrativas. No es tiempo de pensar en políticas migratorias represivas y en el internamiento como demostración de fuerza que solo tranquiliza a la opinión pública en el país. Los nuevos tiempos demandan nuevas políticas.

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