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Opinión

El Sermón de la Montaña es el discurso de la nueva evangelización

El Sermón de la Montaña pronunciado por Jesús de Nazaret es el gran discurso de la Nueva Evangelización cuyo contenido es divino. Su alta espiritualidad y su pura moral no están al alcance de la razón humana. Su lectura y predicación a lo largo de la historia ha convertido a millones de personas al Cristianismo cambiando su conducta injusta y egoísta por la conducta justa y solidaria de amor filial a Dios Padre y fraternal al prójimo. Ha inspirado el estado de Vida Consagrada a multitud de hombres y de mujeres y ha movido a miles y miles de personas a ser santos mártires, confesores y vírgenes.

Los Santos Padres comparan el Sermón de la Montaña con la Ley de Moisés dada por Yavet en el monte Sinaí, manifestando que mientras la Ley Mosaica contiene preceptos religiosos, morales,  litúrgicos y ceremoniales basados fundamentalmente en el temor y en la autoridad de Yavet, el Sermón de la Montaña contiene unas enseñanzas y una doctrina de justicia, amor, misericordia, perdón y  humildad entre las personas humanas, y de  oración y confianza en  Dios Padre.

Existen dos redacciones del Sermón de la Montaña, la de san Mateo y la de san Lucas, habiendo notables diferencias entre ambas, aunque no afectan al fondo de su contenido. Mientras, la de san Mateo es mucho más extensa y larga comprendiendo en 107 versículos de los capítulos 5, 6, 7; la de san Lucas es mucho más corta abarcando los versículos 17 al 12, ambos inclusive, del capítulo 6. Si leemos el relato de san Mateo dura veinte minutos, mientras que el de Lucas dura tres o cuatro minutos.

La redacción de san Mateo se compone de un exordio, formado por nueve bienaventuranzas, como introducción a la Nueva Evangelización sobre el Reino de Dios, que versa sobre la perfección de la Ley de Moisés en los siguientes temas:  Trato humano, adulterio, repudio de la mujer, perjuro, violencia, amor a los enemigos,  limosna,  oración, ayuno, uso y utilización  del dinero, tesoros y  riquezas, confianza en Dios Padre,  juicio a los demás, eficacia de la oración, puerta estrecha del Reino de Dios y falsos profetas.

  La redacción de san Lucas consta de un exordio de cuatro bienaventuranzas con cuatro malaventuranzas, como introducción a la Nueva Evangelización sobre el Reino de Dios que versa sobre: El amor a los enemigos siendo misericordiosos con ellos, no juzgándoles, ni condenándoles sino perdonándoles y comportándonos con ellos como nosotros queremos que ellos se porten con nosotros. Nos enseña, además, la manera de conocer a las personas por medio de los frutos, es decir, por medio de sus  obras.

 Es posible que el Sermón del Montaña fuera mucho más extenso, y que su contenido, todo o en parte, Jesús lo predicara en diversas ocasiones y lugares de su vida pública. En todo caso, la redacción de san Mateo es la que más se aproxima a la realidad de sus hechos y dichos. La Iglesia desde siempre y la teología patrística han considerado que la redacción de san Mateo es la más antigua, auténtica y adecuada para la catequesis cristiana.

La tradición cristiana ubica el lugar del Sermón de la Montaña a unos 150 metros de altura sobre la orilla norocidental del lago de Galilea, a tres kilómetros de Cafarnaún y a trece de Tiberias. A dos kilómetros de este lugar, en el año 1938, la Asociación Italiana de Misiones levantó una basílica de forma octagonal para conmemorar dicho Sermón. En cada ventana está escrito el texto de las Bienaventuranzas. Alrededor del templo gira un claustro apoyado en columnas, desde donde se divisa un hermoso y encantador panorama sobre dicho lago.

El discurso del Sermón de la Montaña termina con la siguiente exhortación: “Así, pues, el que escucha estas palabras mías y las pone en práctica será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca, cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, pero la casa no cayo porque estaba cimentada sobre roca. Pero el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece al hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue muy grande”. Es decir, para entrar en el Reino de Dios y hacer su voluntad no basta con escuchar las palabras de Jesús, sino que es necesario obrar con arreglo a ellas en esta vida.

 San Mateo escribe: “Al terminar Jesús este discurso, la gente quedó admirada de su doctrina, porque enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas”.Sin duda, el Sermón de la Montaña es un gran discurso sublime y divino de la Nueva Evangelización, tanto por su fondo lleno de verdad, justicia, amor y paz, como por su forma concreta y clara de su lenguaje y de sus comparaciones. Cuantas personas lo lean o lo escuchen sentirán la misma admiración y el mismo encanto que aquella muchedumbre de personas sintieron al escucharlo. Pero ello no debe bastarnos, sino que dichas palabras y doctrina debemos practicarla con nuestras obras.

José Barros Guede

A Coruña, 19 de marzo de 2013



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