Carta del Obispo Iglesia en España

El sentido de la vida (II), por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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El sentido de la vida (II), por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Carta semanal del obispo de Sigüenza-Guadalajara

En el último artículo planteaba la necesidad que todo ser humano tiene de plantearse el sentido de la vida para encontrar respuestas convincentes a los interrogantes más profundos de su corazón. Estas respuestas marcarán el camino a seguir en la convivencia familiar y social de cada persona, teniendo en cuenta no sólo el momento presente de la existencia sino el momento culminante de la misma en el que nos encontraremos con el límite de nuestro peregrinar por este mundo.

Además de las dificultades que algunas personas experimentan para responder a estas preguntas como consecuencia de las tensiones laborales, de los problemas familiares y de la crisis económica, hemos de tener en cuenta otro conjunto de dificultades que provienen del ambiente cultural y de la ausencia de escrúpulos morales de algunos grupos sociales, a los que les interesa que el ser humano no  piense ni se formule preguntas.

 

Si hacemos un análisis sereno de los contenidos de algunos programas de radio y  televisión, así como de los mensajes que se intentan transmitir a través de los anuncios de bastantes medios de comunicación, no resulta difícil comprobar que se ponen todos los medios para que el ser humano no piense, eliminando así su capacidad crítica y su poder de reflexión.

En estos anuncios se nos dice qué cosas debemos comprar, cuándo hemos de usarlas y en qué momento debemos desecharlas porque ya no sirven o han pasado de moda. En estos casos concretos, son otros los que piensan por nosotros y nos están recordando machaconamente lo que debemos comprar y utilizar en lo referente a la comida, al vestido, al juego y a tantas otras necesidades vitales.

Además, no deberíamos olvidar que hoy existen grupos sociales bien organizados y con las técnicas adecuadas para que no nos hagamos preguntas. En este sentido, todos somos conscientes de la fuerza que tienen las ideologías políticas para arrastrar a las masas en una determinada dirección, utilizando argumentos falaces o medias verdades, sin importarles la verdad o la mentira de sus propuestas.

En muchos casos, a los poderosos de este mundo y a quienes pretenden implantar sus convicciones culturales o políticas a los demás, no les interesa que se formule la pregunta por el sentido de la vida, pues es mucho más fácil liderar a colectividades que no piensan o que se dejan arrastrar por los criterios de la masa, que a personas o grupos sociales que saben lo que quieren, tienen capacidad de tomar decisiones y asumen su responsabilidad en la realización de las mismas.

A la hora de anunciar el Evangelio, tenemos que ser muy conscientes de esta realidad para no dejar de proponer la pregunta por el sentido como paso previo para la presentación de la Buena Noticia de la salvación de Dios. Si no queremos que las verdades de la fe y los contenidos evangélicos caigan en terreno pedregoso y queden sin fructificar, antes será necesario despertar a los que viven dormidos por la fuerza de la propaganda y por el poder de las ideologías para ayudarles a pensar si sus vidas tienen o no tienen sentido.

Cuando falta este paso, previo al anuncio del Evangelio, será muy difícil que la Palabra de Dios, que vino a este mundo para ofrecer plenitud de sentido al ser humano, pueda ser acogida y respondida con un corazón generoso.

Con mi bendición, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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