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Al abrir la puerta

El sentido común, la Superliga, el liberalismo y el Bien común

No soy yo especialmente de fútbol la verdad. Imagino que como todas las demás cosas, nunca tuve esa influencia especialmente marcada. Quiero decir, que no es que se siguiera muy mucho en mi casa el balompié más allá de olimpiadas, mundiales, la selección o algún clásico Madrid – Barcelona. Tres veces he ido a un campo en mi vida, y una de ellas para ver al Córdoba en Primera. Así que mis opiniones sobre esto, como sobre tantas cosas, son bastante infundadas y aún menos técnicas. Confío en que Chesterton tuviera razón cuando decía que desde el sentido común se puede hablar de todo… o eso pretendo, desde luego.

Pero si lo de no tener conocimientos técnicos no es obstáculo para los demás columnistas cuando hablan de religión, no veo por qué ha de serlo para mí al hablar de fútbol. Hay asuntos y cuestiones tan de todos, que no nos parece mal que se hable por todos… si hay sentido común. Es eso de que en cada español hay un Seleccionador Nacional, un Presidente del Gobierno… y pareciera que un teólogo. Ojalá hubiera también más sentido común.

Al caso. Que no sé yo mucho de fútbol vaya. Y que espero que eso no sea una dificultad la verdad. Entre otras cosas porque si nos ponemos estrictos, no es que yo vaya a dar un parecer futbolístico técnico y sesudo sobre la Superliga. Vamos que seguramente al final hable de todo, menos de fútbol.

Porque de eso de la Superliga, a mí, al final, lo que me interesa, es la tendencia egoísta, arrogante y puramente economicista, que se detecta en el movimiento de los grandes clubes. A las claras desechan fuera a los pequeños, a los que no están a su nivel, a la plebe, al pueblacho. No los consideran a su altura, y egoístamente no quieren compartir el pastel de los beneficios que el futbol mueve. Los ricos sólo quieren juntarse con los ricos. El fútbol es más negocio que deporte. Quizás por eso no me incline yo demasiado a seguirlo…

En esto de la Superliga se ve ese movimiento de rico acaparador que el liberalismo justifica por las tendencias –tantas veces insanas o programadas- de la gente, y por la libertad de hacer lo que le venga a uno en gana si puede hacerlo… sin pensar realmente en el bien común. O en todo caso, entendiendo este como consecuencia del bien personal. Esa terrible idea liberal, de que cuando uno más busca su beneficio, más se benefician todos… es falsa en la gran mayoría de los casos. Me beneficio yo, y las migajas que caen me justifican ante los demás como consecuencia de mi emprendimiento, mis inversiones y demás. Pero bien poco me interesa y busco el Bien común.

La libertad, como cualquier otro atributo humano, como cualquier inclinación, potencia, capacidad, ha de orientarse al bien siempre –a Dios decían los escoláticos– que es lo que en parte califica a las acciones y en parte las categoriza como buenas o no. Y ahí el liberalismo hace trampas. El bien va después de la libertad para ellos, como consecuencia no como horizonte y motor, y al desordenar el orden natural de las cosas, se pervierte la libertad, la justicia y el mismo beneficio o la propiedad.

Así que desde la lógica liberal sería un movimiento la mar de normal –con mis empresas hago lo que quiera- lo de la Superliga, el problema es que el liberalismo sin el bien común no es nada normal.

Vicente Niño  Orti, OP. @vicenior



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