Revista Ecclesia » «El Señor me ha enviado para curar los corazones desgarrados»
Cuaresma 2021
Cartas de los obispos Última hora

«El Señor me ha enviado para curar los corazones desgarrados»

Jesús, que nos viene a visitar y a salvar de nuevo en esta Navidad que se acerca, se hace suyas las palabras del profeta Isaías proclamadas en este domingo: «El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad; para proclamar un año de gracia del Señor» (Is 61, 1-2a). Revelan como entendía Jesús su venida y su ministerio de liberación, y nos hacen entrar en la profundidad de su Corazón. También nosotros nos hemos de dejar conducir por el Espíritu y así realizaremos las mismas obras de caridad, viviremos en la luz, y daremos gloria a Dios.

Vivimos tiempos de crisis dura y larga. Crisis sanitaria y económica que atraviesa el mundo y golpea personas y poblaciones, haciendo más patente la precariedad de la sociedad globalizada, y ello repercute en una especie de angustia existencial. Nos hacen sufrir los ancianos y los más vulnerables. Sólo desde la solidaridad encontraremos caminos de salida y de esperanza, con una redistribución más justa del trabajo y de la riqueza, y un ejercicio de las virtudes económicas, tales como la austeridad, la solidaridad y la promoción de actividades respetuosas con la dignidad de la persona humana, que nos devuelva la alegría de vivir y de preparar un futuro más humano.

Deberíamos valorar más todo lo que se está haciendo desde nuestras parroquias y desde las instituciones de ayuda y caridd, especialmente desde Cáritas y otras, con tantas personas voluntarias movilizadas, que están poniendo los recursos pastorales y de asistencia que la Iglesia tiene, al servicio de los afectados por esta pandemia. Es necesario que mantengamos este trabajo caritativo, y si puede ser lo aumentemos, con nuevas iniciativas que promuevan la solidaridad y la justicia. Debemos perseverar en el camino del servicio y la entrega generosa hacia los que más nos necesitan. Y es hora, también, de mirar adelante con fe y de trabajar con esperanza y más esforzadamente por el bien de todos. No podemos decaer en el esfuerzo, a pesar de la dureza de las circunstancias, y tenemos que trabajar con esperanza, en favor de la familia y del anuncio de la salvación que Cristo nos ha traído. Su Palabra nos da paz, y la pertenencia a la comunidad cristiana nos aporta gran confianza y la alegría de la salvación. Toman vigencia y actualidad, también, los principios orientativos de la Doctrina Social de la Iglesia, a los que es hora de redescubrir y difundir. Esta es también una de las propuestas del Papa Francisco en su última encíclica «Fratelli tutti», «Hermanos todos».

Jesús escogió nacer pobre, en un pesebre, y ser acogido en primer lugar por los pobres y por los que tienen un corazón de pobre. El pesebre de Jesús, que estos días preparamos en casa, nos enseña a valorar y apreciar a todas las personas, y con preferencia a los últimos de la sociedad. El pesebre es una lección perenne de humanidad. Jesús se acerca sin herir a la persona humana, salvándola desde la humildad. Y nos anima a luchar por vencer las pobrezas, que son un mal, y a trabajar para que el Reino de Dios avance, Reino de justicia, de amor y de paz. Preparemos la Navidad con una referencia constante a los necesitados, a quienes viven atrapados por las consecuencias lamentables de la crisis sanitaria, o que se angustian sin esperanza. Jesús viene «para dar la buena noticia a los pobres (…) y para proclamar un año de gracia del Señor».

 

+Joan Enric Vives Sicília
Arzobispo, obispo de Urgell



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa