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Iglesia en España

El Seminario, casa de la alegría, por Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

El Seminario, casa de la alegría, por Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

Queridos diocesanos: “La alegría de anunciar el Evangelio” es la motivación que sostiene la vida de un sacerdote: su alegría manifiesta que su vida está enlazada con Jesús y que ese lazo se extiende hacia aquellos a los que, en su ministerio, le llevan la buena noticia.

La alegría se ha de manifestar en sus sentimientos, en sus actitudes, en las expresiones de su servicio, en su modo de tratar a la gente… pero ha de llevarla en su corazón, pues de lo contrario sería imposible poder ofrecérsela a nadie. Por eso, acrecentar en nuestros seminaristas el gozo y la alegría es el gran reto que siempre nos ponemos en sus años de formación. Es más, el deseo que siempre tenemos para ellos, en los primeros años de vida sacerdotal, es que conserven y fortalezcan cada día la alegría de ser enviados a anunciar el Evangelio. El corazón del sacerdote, si está lleno de amor pastoral, es siempre un corazón feliz, alegre en Cristo para sus hermanos, incluso cuando se atraviesen “cañadas oscuras”.

No hace mucho, el Papa Francisco se reunió con seminaristas y, en un entrañable diálogo, les manifestó algo que ha de ser el estilo y el aire de sus vidas: “siempre donde están los seminaristas hay alegría”. Pues bien, eso me hace pensar que realmente el seminario es casa de la alegría. El ingrediente de la alegría ha de estar siempre en medio de todos los quehaceres del corazón de la diócesis -así llamamos al seminario-. Lo será de la formación intelectual, del crecimiento espiritual, del aprendizaje pastoral y por supuesto  de la formación humana. Un seminarista ha de saber qué es lo que se está fraguando cada día en su vida: nada más y nada menos que la alegría del Evangelio. Por eso su lema siempre ha de ser: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”.

Pero como esta carta no es tanto para los seminaristas sino para toda la comunidad diocesana, me permito pediros que, en vuestra mirada al seminario, os preguntéis por qué realmente allí se ha de cuidar con tanto esmero la alegría. Si me lo permitís, os doy una pista: ¿qué buscamos todos en cualquiera de nuestros encuentros con el ministerio de un sacerdote? ¿no es acaso la alegría del encuentro con Cristo? ¿no nos defraudamos cuando Jesús queda oculto u opaco? Lo entenderemos mejor si vemos quiénes son los beneficiarios de la vida feliz de un sacerdote: lo son los pobres, que han de ser siempre los primeros destinatarios de la alegría, porque son los que más la necesitan; lo son los niños, que reconocen en ellos la alegría de seguir a Jesús; lo son los jóvenes que pueden descubrir dónde está la verdadera razón alegría; lo son las familias, que se ven confortadas por la alegría de un buen pastor; lo son los que lloran el dolor, la enfermedad o la muerte, porque comprueban que alguien ha encontrado lo que ellos andan buscando; lo son los que se afanan personal y socialmente en la reconciliación, porque encontrarán de nuevo la alegría del perdón; lo son los heridos por el vacío de la indiferencia o de la increencia, porque algo les aliviará el contraste que siempre supone para ellos la alegría del corazón feliz del sacerdote. En fin, los sacerdotes son testigos del río de alegría que brota del amor de Dios.

Pues bien, os hago saber que es en el seminario donde se les prepara para ser animadores de vuestra alegría. Eso se va haciendo poco a poco con aquellos que Jesús nos envía. Nosotros, por nuestra parte, procuramos discernir con criterios evangélicos su vocación. Si consideráis que merece la pena lo que se hace en el seminario, ayudadnos a sostenerlo. Sabéis que cada año se celebra el día del seminario en torno a la fiesta de San José. Cómo últimamente es un día laborable, este año lo celebramos el domingo día 16 de marzo. Durante esos días, en las parroquias, en los centros educativos, en la catequesis e incluso en la familia se va a recordar con especial interés esta entrañable celebración de la Iglesia diocesana de Plasencia.

Con motivo del día del seminario se os piden tres cosas: (1) que el seminario centre el interés de la comunidad diocesana, en él se forman los futuros sacerdotes; (2) que recemos mucho a lo largo del año por el seminario y por las vocaciones sacerdotales; (3) que ayudemos al sostenimiento de esa casa de todos, casa de la alegría, con una aportación especialmente generosa.

Muchas gracias. Con mi alegría, mi afecto y mi bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

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