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El sanador herido y sanado, por José Moreno Losada

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El sanador herido y sanado, por José Moreno Losada

La última vez que fui operado me puse en manos de mi amigo Jesús Salas, y lo hice con una confianza total. Ahora es él el que va a ser intervenido por otro colega. El sanador va a vivir en sus carnes aquello para lo que él está muy preparado -una intervención sobre el estómago- pero, como decía Cela, “no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo”.

A  Jesús le toca hoy ser operado, dejarse hacer para estar mejor. Anoche nos enviaba vía Facebook un vídeo de la intervención que va a sufrir. Su cuerpo requiere ser conducido y transformado para que la salud sea mejor y su calidad de vida mejore -o, al menos, no peligre-, puesto que su corazón ya se ha encargado de darle más de un aviso…

Esta situación me hace reflexionar sobre temas que, a diario y en mi docencia, trato en las aulas acerca de la antropología, tanto filosófica como teológica, y que en estos días están siendo praxis directa en este amigo cirujano:

No tenemos un cuerpo, sino que somos cuerpo.

Nuestro modo de ser y relacionarnos es encarnado y mundano, a la vez que social y  comunitario. Nada puede ser sin nuestro cuerpo; por ello, su cuidado es cuidado de nuestra propia persona. Es nuestra persona la que necesita la mirada salvífica y positiva de nuestro ser corporal, y a favor de ella tenemos que entrar siempre, incluso en el riesgo y en dolor, con la visión del parto que va a dar lugar a un mejor vivir y, por ello, ser. Jesús lo hace en un momento interesante de su vida donde se adentra en muchos caminos de introspección y de crecimiento interno y humano. Seguro que este paso va a contar a favor de esa persona que él  quiere ser a fondo  y con radicalidad.

El cuerpo es lugar de encuentro para la fraternidad y la comunidad.

Todos dependemos de todos y tenemos nuestras minusvalías y discapacidades. Lo decía hace unos días en la parroquia una madre de un niño con autismo, al presentar a la comunidad el quehacer desde Cáritas en torno a los centros de dependencia y minusvalías que lo rodean: “todos dependemos y tenemos nuestras minusvalías”. Todos necesitamos de los demás. Ahora, Jesús, que siempre está solucionando problemas de cirugía para otros –en concreto, de estómagos-, se pone en manos de sus compañeros, confía en ellos, como un paciente más. Nuestra corporeidad es lugar de encuentro y de fraternidad, en la que somos según sumamos y nos servimos unos a otros. Desde ella entendemos la necesidad de ser unos para los otros.

 

Dios  ha puesto en nuestras manos la creación y nuestra corporeidad para que seamos cocreadores con él.

El progreso no es azar, es mandato y consejo del Padre, que ha puesto en nuestras manos todo para que lo cultivemos y lo guardemos con cariño familiar. La sanidad está siendo un espacio para la creatividad y la colaboración del Padre, que quiere que tengamos vida en abundancia. Ese hospital en el que Jesús ha sido encargado de coordinar la dirección médica varios años, es lugar de cocreación donde se siguen haciendo los milagros del Evangelio: los ciegos ven, los cojos andan, las heridas se curan, los estómagos se reducen, los tumores se arrancan… los órganos se trasplantan y todo, absolutamente todo, con la gratuidad de lo público y lo comunitario. Hoy, las manos de los cirujanos colaborarán con Dios a favor de Jesús, como él lo viene haciendo hace muchos años: entrando, día a día, en el quirófano con la voluntad de dar vida y de liberar de dolencias y males a todos los que lo sufren.

 

Desde el cuerpo  celebramos y festejamos la vida

Tras el proceso, su dolor y su dificultad, volveremos a encontrarnos en el abrazo y en la mesa compartida desde la alegría y la fiesta de la vida. No faltarán el buen vino y la enjundia de la denominación de origen de Extremadura que Jesús nos ha regalado tantas y tantas veces.

Por eso, oramos al Padre con la confianza total de que hoy estará en las manos y en el corazón de todos lo que, unidos a ti, queremos vivir este momento: en los cirujanos y demás técnicos, en la familia, en los amigos… Tú, que has sido manos  y corazón de  tu tocayo y amigo Jesús de Nazaret para curar y sanar, no hay duda que vas a ser bendecido y abrazado por Él en esta experiencia. Una vez más, te enriquecerá con esa contradicción de la que él tanto sabe: “Cristo, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”… Tú, siendo médico,  vas a ser paciente y seguro que, desde tu experiencia pobre y humilde, saldrás enriquecido para seguir enriqueciéndonos con tu entrega  humana y profesional a todos.

José Moreno Losada. Sacerdote

 

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