Un sacerdote salvadoreño entrega un lote de ayuda a una anciana.
Coronavirus

El Salvador: La Iglesia pide a los empresarios que no despidan a los trabajadores durante la pandemia

«Hacemos un llamado a su conciencia, para que ayuden a sus trabajadores, que no por estar impedidos de trabajar a causa de la cuarentena, les despidan de sus trabajos o les suspendan su contrato laboral durante el tiempo de la pandemia. Obrar así no es humano, y mucho menos cristiano, hoy es el tiempo en que debemos ayudarnos como hermanos que somos». Este es el llamamiento que la Conferencia Episcopal Salvadoreña hace a los empresarios del país en su último mensaje, dado a conocer ayer 3 de mayo, domingo del Buen Pastor. El pronunciamiento episcopal lleva por título «Un país según el corazón de Dios», una cita que el arzobispo Óscar Romero, hoy santo de la Iglesia, empleó en la homilía que pronunció en la catedral de San Salvador el víspera de su asesinato el 24 de marzo de 1980.

En El Salvador no ha habido hasta ahora muchas muertes por COVID-19 (únicamente doce entre un total de 555 infectados), pero «no sabemos qué pasara en las próximas semanas», escriben los obispos, que sí se hacen eco, en cambio, de «noticias alarmantes» de familiares y amigos connacionales que viven en Estados Unidos.

Su mensaje llama a no sucumbir ante un «peligro mayor»: el del «virus de la indiferencia ante el dolor de los hermanos y hermanas más débiles». Tras citar al Papa Francisco —con su llamamiento a poner en el centro a la persona humana, y no al dios dinero—, y recordar su carta a los trabajadores populares de hace unas semanas, el episcopado salvadoreño insta a gobernantes y empresarios a buscar «ante todo el bien de las personas». «De cómo enfoquemos estos momentos —afirman los obispos— dependerá que las consecuencias sean más o menos graves. Esto vale sobre todo para el tema económico. (…) Sería un grave error poner el dinero y la ganancia como lo más importante».

La Iglesia lleva ya semanas repartiendo ayuda a los más necesitados desde las parroquias. Así, el 23 de abril la de El Calvario de Cojutepeque recogió víveres en el marco de la iniciativa «Que la cuarentena nos haga más unidos»; el día 25, Cáritas y la Vicaría Episcopal de Promoción Humana distribuyeron suministros procedentes de una gran donación entre otras diez iglesias, para que fueran distribuidos desde estas; y el día 26, la parroquia Santa María de la Encarnación entregó igualmente víveres a 350 familias necesitadas.

Los obispos agradecen el esfuerzo y la dedicación de tantos sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos en favor de los más necesitados, al igual que la labor que están haciendo en sus respectivas parcelas los médicos y sanitarios por un lado, y la policía y las fuerzas armadas por otro. Y se felicitan, asimismo, porque en estos días en que no hay celebraciones eucarísticas presenciales, muchos hogares se han convertido «en pequeños templos donde se habla con Dios (…), como en los primeros tiempos de la Iglesia».

«El coronavirus —recuerdan— no es un castigo de Dios sino una dura prueba que debemos aceptar con actitud de fe y confianza firme en Jesucristo».

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