El ruido de nuestros pasos
Nos llama, amigos

El ruido de nuestros pasos

Este tiempo de confinamiento nos está permitiendo dar vueltas a las cosas, mirar quién somos, qué pasos damos o hemos dado, intentar pensar que hay más allá del ruido de la vorágine diaria. Sin embargo, al mirarnos sin miedo, me he dado cuenta que sigue habiendo un ruido que no permite oír con claridad, el de nuestros propios pasos.

¿Qué es ese ruido? Ese ruido es el retorno y el eco de nuestras propias palabras que muchas veces son incapaces de abandonar nuestra zona de confort. Por deformación personal siempre me ha gustado intentar saber cómo suenan las cosas desde fuera. A veces nos sorprenderíamos de cómo se oyen o incluso de si se oyen.

Los mistéricos algoritmos de las redes sociales nos generan entornos seguros, rodeados de perfiles con sintonías y pensamientos similares a los nuestros. Esto nos puede generar una peligrosa ilusión de apertura y presencia que no es real. Creemos que lanzamos nuestras propuestas y mensajes al mundo desde nuestras ventanas digitales, cuando casi no las hemos abierto. Esto nos puede llevar a veces al autoengaño, confundiendo el retorno de nuestra voz con respuestas y el eco con repercusión.

El camino emprendido para proclamar el Evangelio y la obra de la Iglesia en las redes sociales es una loable y necesaria empresa. Esta tarea debemos hacerla con realismo, sencillez, claridad y siempre con valentía. De poco sirve una campaña vocacional si solo llega a los ya vocacionados. De poco nos vale un tuit de concienciación cuyos RTs son solo de concienciados. Y tampoco logramos el objetivo de una campaña generalista si se queda en los intramuros eclesiales. ¿Lo dejamos de hacer? Todo lo contrario, sigamos buscando cómo abrir la brecha para llegar a más, pero sin contentarnos con el ruido que nosotros mismos hacemos. Al fin y al cabo, nuestra misión siempre será sembrar. ¡Adelante!

Javier Prieto
Seminarista de la Diócesis de Zamora
@Javi_PrietoP

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