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El Rocío, «una peregrinación del corazón» con la bendición del Papa Francisco

Este domingo ha tenido lugar una inusual celebración de Pentecostés en Almonte. Presente la Virgen del Rocío, que no podrá trasladarse a El Rocío hasta el año que viene. Ausentes peregrinos, una vez cancelados los actos previstos por motivos sanitarios, muchos se han tenido que unir desde la distancia.

Pero quien sí estaba en Almonte era el obispo de Huelva, José Vilaplana, quien ha celebrado allí la misa pontifical de Pentecostés. «Detrás de las cámaras de televisión estáis los rocieros, una multitud inmensa, haciendo una peregrinación del corazón», ha señalado. Junto con él, un reducido número de fieles, entre ellos el Presidente y la Junta de Gobierno de la Hermandad Matriz y la alcaldesa del municipio onubense. «No hay romería, pero sí hay Pentecostés, sí hay Rocío, porque el Espíritu Santo no conoce fronteras», ha señalado Vilaplana.

Uno de los que se han unido en esa distanciada sido el Papa Francisco. A través de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, ha enviado un mensaje a los rocieros en Pentecostés. En unas breves líneas, ha recordado que, este año, se vive «como peregrinación espiritual», algo posible «gracias a los medios de comunicación social».

Además, el Santo Padre ha animado a los rocieros a que «sigan caminando hacia Dios en las marismas de la vida y, con el ejemplo de María, la sin pecado, sepan cantar con palabras y obras la misericordia divina a todas sus gentes». El mensaje terminaba otorgando la bendición apostólica a los que este año se han visto obligados a quedarse en casa.

«Un corazón agradecido»

El obispo Vilaplana ha centrado buena parte de su homilía en resaltar en qué consiste esa «peregrinación del corazón». «No hemos podido hacer la peregrinación por los caminos, detrás del Simpecado; no hemos podido compartir los momentos de comida y descanso con tantas personas que amamos, disfrutando de su compañía… Pero sí hemos podido pensar, añorar, rezar, recordar en nuestras casas entrando más en nuestro interior, y ahí, siempre está la Virgen», ha dicho.

También ha pedido la conversión del corazón, que es «lo que más hay que cuidar». Por eso, incluso en los momentos duros, el corazón tiene que ser «agradecido, porque sabe que la vida es un regalo». Y también «solidario, que sabe mirar a los otros como hermanos, que se deja conmover con los que sufren». Además, un «corazón creyente, que confía en Dios y edifica su vida sobre roca y no sobre arena».

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